Que no todos tenemos la misma cuarentena es una frase que escuchamos a diario, pero a veces no llegamos a percibirla en todo su sentido.
En los barrios más necesitados, el aislamiento pesa. La falta de trabajo, la imposibilidad de hacer una changa, se convierte, casi inmediatamente, en falta de comida. El agobio por el hacinamiento hace que el distanciamiento social sea apenas una idea muy lejana y difícil de cumplir.
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Esto ocurre en lugares como el barrio Campo Papa, una de las villas más grandes de Mendoza, ubicada en Godoy Cruz.
Allí los problemas se reducen a uno solo: la supervivencia y adonde la necesidad es muy grande y el Estado no alcanza a llegar, hay otras personas dispuestas a entregar su solidaridad.
Así sucede con la gente que integra el Hogar de Cristo, una fundación que pertenece a la Iglesia Católica, y tiene sedes en todo el país.
En Mendoza, está ubicada sobre la calle Salvador Arias, en el corazón del barrio, funciona dentro de la capilla "María, Madre del Pueblo", el lugar que les sirve de salón de usos múltiples, pero además tienen un salón contiguo donde los chicos meriendan. Durante la cuarentena, el trabajo que se realiza en este lugar es clave para que cerca de un centenar de familias sean sostenidas de alguna manera en sus necesidades básicas: abrigo, comida, y asistencia en las tareas escolares para aquellos niños, niñas y adolescentes que no cuentan con conexión a internet y no pueden realizar sus deberes.
Nancy Caballero, una de las voluntarias que además es licenciada en psicología y psicopedagogía, relató en qué consiste el trabajo constante de asistencia que realizan y cómo se ha profundizado en medio de esta crisis sanitaria.
Asistir en épocas de pandemia
En el hogar trabajan unas doce personas, cuatro de ellas son religiosos -tres monjas y un sacerdote- mientras que el resto son profesores que brindan talleres de oficios, artes y habilidades para la vida. Otros le dan vida a una ludoteca, donde los más pequeños desarrollan sus capacidades a través del juego, además de recibir una merienda. También colaboran algunos jóvenes que se dedican a recorrer el barrio y hablar con la gente, preguntarle cuáles son sus principales necesidades.
La profesional contó que, si bien este es el trabajo que se realiza a lo largo de todo el año, durante la crisis, la asistencia se ha modificado.

