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Pasa el día cuidando 155 ovejas y cruza montañas de 2.400 metros de altitud para volver a estudiar

Dos pastores de las montañas dedican sus noches a estudiar para mejorar su futuro, a pesar de las largas jornadas cuidando ganado y las dificultades geográficas.

A las cinco de la mañana, mientras muchos estudiantes todavía duermen, Kabelo Mohai ya está despierto en las montañas de Lesoto, en el sur de África. Su jornada transcurre entre ovejas, cabras y largas horas al aire libre. Sin embargo, cuando termina de cuidar el ganado, no se retira a descansar.

Mohai y Lepeli Maapesa son dos pastores que viven en zonas montañosas situadas a unos 2.400 metros de altitud. De lunes a viernes, recorren los senderos que los separan de Semonkong, el pueblo donde asisten a clases. Después de aprender durante aproximadamente dos horas, emprenden el camino de regreso a sus refugios, donde al día siguiente volverán a ocuparse de los animales.

Dos pastores suben y bajan montañas cada día para asistir a clases nocturnas después de cuidar el ganado

Para Mohai, el esfuerzo tiene un significado especial. Comenzó a trabajar con animales cuando tenía apenas 9 años y solo pudo completar la escuela primaria. A los 15 años, ya se dedicaba a cuidar el ganado a tiempo completo, una responsabilidad que lo alejó de las aulas y condicionó sus posibilidades de continuar estudiando.

Actualmente, vive en una pequeña choza en las montañas y cuida un rebaño familiar de 155 ovejas y cabras. Su trabajo lo mantiene alejado de los centros urbanos y de buena parte de los servicios educativos, pero no ha renunciado a la posibilidad de aprender. La oportunidad llegó con la Escuela Nocturna del Buen Pastor, un centro educativo fundado en Semonkong.

Dos horas de clase después de una jornada con el ganado

El establecimiento ofrece una segunda oportunidad a quienes no pudieron completar su formación durante la infancia. Entre sus estudiantes hay más de 40 personas de entre 15 y 55 años, muchas de ellas con responsabilidades laborales que les impiden acudir a una escuela convencional.

Las clases se imparten de lunes a viernes y se concentran en conocimientos básicos como lectura, escritura y matemáticas. Para los pastores, estas habilidades no son solo una cuestión académica. También pueden ayudarles a calcular el valor de sus animales, administrar el dinero y comprender documentos sin depender de otras personas.

Mohai tiene además una meta concreta de convertirse en soldado. Retomar los estudios representa una manera de ampliar sus oportunidades más allá del trabajo que conoce desde pequeño.

La distancia, el cansancio y las condiciones meteorológicas convierten cada trayecto en un desafío. En invierno, las montañas pueden recibir nevadas intensas, mientras que el trabajo al aire libre exige resistencia durante todo el año.

En pocas palabras

  • Pastores africanos: Dos jóvenes dedican sus noches a estudiar en las montañas de Lesoto luego de cuidar ganado.
  • Desafío diario: Cruzan montañas de 2.400 metros de altitud para asistir a clases nocturnas y mejorar su futuro.
  • Educación para adultos: La escuela nocturna ofrece una segunda oportunidad a personas con responsabilidades laborales y alejadas de los centros urbanos.
Resumen generado por Thinkindot AI

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