Qué bueno está recorrer pueblos en Argentina. Y conocer sus costumbres y culturas. Y atención al dato porque en el corazón de las sierras de San Luis, La Carolina ofrece una propuesta turística que combina naturaleza, historia y mucha aventura: buscar pepitas de oro en el río Amarillo, tal como lo hacían los antiguos mineros hace más de dos siglos. Y hay quienes encuentran el "tesoro" y se lo llevan a su casa.
Rodeada por picos volcánicos originados durante el Plioceno y el Pleistoceno, la localidad invita a los visitantes a sumergirse en una tradición que se mantiene vigente gracias a su pasado minero. Precisamente, las pepitas pueden encontrarse entre los sedimentos del lecho del río, en curvas, grietas, debajo de grandes piedras o antiguos cauces. Algunas apenas alcanzan el tamaño de la punta de una lapicera, mientras que otras pueden ser más grandes, aunque encontrarlas requiere paciencia, técnica y una buena dosis de perseverancia.
La experiencia se desarrolla en el río Amarillo, cuyas aguas adquieren su característico color por los minerales que arrastran desde el cerro Tomolasta. Con las lluvias, pequeñas partículas de oro descienden desde la montaña y quedan depositadas en ríos y arroyos de la zona, donde los turistas pueden buscarlas utilizando bateas tradicionales.
La Carolina: el pueblo de San Luis donde la búsqueda de oro sigue viva
La historia del pueblo La Carolina está íntimamente ligada a este metal precioso. El pueblo fue fundado en 1784, luego del descubrimiento de yacimientos de oro de 18 quilates en las cercanías del cerro Tomolasta y Cañada Honda.
En ese marco, el entonces gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, el marqués de Sobremonte, dispuso la creación del asentamiento en el paraje conocido como San Antonio de Las Invernadas.
Más allá de la aventura en sí y de la posibilidad de encontrar alguna pepita, el atractivo principal radica en revivir la experiencia de los antiguos buscadores de oro que llegaban hasta los 1.600 metros de altura del cerro Tomolasta con sus vasijas para separar el mineral mediante el tradicional bateo.
El encanto de La Carolina también recibió reconocimiento internacional. En 2023 fue distinguido como “el pueblo más lindo del mundo” durante la Asamblea Ordinaria de la Organización Mundial del Turismo de Naciones Unidas (OMT), a través del programa Best Tourism Villages, un premio que destacó su patrimonio natural, cultural e histórico.





