Bajo los gigantescos rascacielos y las luces neón que reflejan la modernidad, la ciudad de Shanghái encierra una historia menos visible pero tan profunda como el cauce del río Yangtsé. Esta urbe gingantesca y única en el planeta Tierra, guarda un secreto que ya está causando problemas.
La tierra sobre la que se asienta esta ciudad ha estado hundiendo lentamente durante décadas, y parte de esa pérdida de elevación se la debemos a algo que no se ve a simple vista el agua bajo sus pies.
La ciudad que es el epicentro financiero más activo del planeta Tierra se hunde lentamente
Desde que comenzaron a extraer agua subterránea en la ciudad en 1860, primero para uso industrial y doméstico, y luego masivamente a medida que la ciudad se expandió durante el siglo XX, el balance entre lo que se extrae y lo que la naturaleza puede reponer ha estado roto. Entre 1921 y finales del siglo pasado, esto derivó en un hundimiento acumulado que supera uno o dos metros en muchas zonas urbanas, con registros históricos que incluso superaron los 10 cm por año en las décadas de 1950 y 1960 cuando la extracción fue más intensa.
La razón principal es la sobreexplotación de acuíferos. Cuando se bombea más agua de la que la lluvia y los ríos pueden recargar, se reduce la presión en los poros del suelo y éste se compacta sobre sí mismo. En el delta aluvial blando donde se asienta la ciudad de Shanghái, este efecto se traduce en una “compactación” del terreno, que empuja hacia abajo calles, edificios y redes de infraestructura.
La ciudad que se hunde a paso acelerado
Durante muchos años, este fenómeno se combinó con otros factores, como el peso de miles de edificios altos en el centro urbano, y el resultado fue un descenso terrestre muy superior al que se observa solo por causas naturales. Incluso se estima que, en algún momento de la segunda mitad del siglo XX, el hundimiento de la ciudad llegó a 10 cm por año en algunas áreas.
Frente a este panorama, las autoridades han implementado medidas:
- limitar el bombeo de agua subterránea hasta inyectar agua de regreso en el subsuelo para equilibrar la presión
- frenar el descenso del terreno
Hoy la tasa de hundimiento promedio se ha reducido considerablemente y en muchas áreas se controla en torno a unos pocos milímetros por año, gracias a una gestión más estricta de los recursos hídricos y a la recarga artificial de acuíferos.
Sin embargo, el legado de décadas de sobreexplotación no desaparece de la noche a la mañana. El suelo que se ha compactado ya ha perdido elevación, y aunque las cifras actuales de hundimiento sean menores que las del pasado, el riesgo permanece. A esto se suma la amenaza del aumento del nivel del mar por el cambio climático, que agrega presión sobre una ciudad que hospeda a decenas de millones de personas y es uno de los motores económicos más importantes de China y del planeta Tierra.




