Los químicos saben de esto. Muchas veces para que se produzca una reacción, a pesar de tener todos los componentes de una fórmula, hace falta un agente catalizador. Para que surja un campeón y la vida deportiva de un atleta se encamine en una senda determinada, a veces se necesita esa chispa primordial eterna y él mismo pasa a ser un alquimista. Para el ciclista uspallatino de casi 40 años Federico Arrieta, el catalizador fue una tragedia grave, donde perdió su pierna, y allí el amante de diversas actividades se enfocó en una en especial, que lo ayudó a decir "se puede; estoy vivo", y llegó nada menos que a consagrarse campeón argentino de ciclismo de ruta en dos disciplinas.

El mundo del deporte lo conoció gracias al ciclismo, y el pasado 12 y 13 de marzo, en el campeonato Argentino de Ciclismo de Ruta -Elite-, celebrados en Chilecito, La Rioja, Arrieta dijo presente en la selección mendocina y sumó dos medallas de oro para el equipo "borravino" en la divisional del ciclismo adaptado, que además celebró el oro de Matías Pérez en categoría sub 23, y la plata de Alejandro Durán, ambas en categoría ruta. El pasado 12 de marzo Arrieta se impuso en la prueba contrarreloj individual (CRI MC4) y al día siguiente la de Pelotón, para la misma categoría.

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La categoría MC4 es, según las reglamentación UCI la encuadrada para ciclistas masculino]; M: man, Grado C-4: atletas con alteraciones severas de la funcionalidad de alguna extremidad, como: amputados de una pierna por debajo de la rodilla; de los dos brazos por debajo del codo con prótesis; o con lesiones neurológicas equiparables.

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Como un historia de novela

Pero los brazo alzados y los podios de Perico Arrieta, no son sólo para festejos y emociones. Llaman a descubrir la apasionante historia del hombre que enfrento y venció a la muerte. Se puso de pie con un pierna artificial y enfrentó el día a día como un guerrero, aceptando desafíos. "A mí me gustaron siempre los desafíos, pero este fue el mejor desafío del mundo. Todos los días me levanto él, tengo que levantarme, ponerme la pierna, y salir, bien, por suerte estoy vivo", explicó el uspallatino, que, como en una historia literaria romántica tuvo el apoyo de una gran familia y amigos, y hasta la aparición casi esotérica de lo que el llama "un ángel", que lo ayudó a pelear y ganar por su vida.

Federico es hijo de una familia con tradición en la Villa de Uspallata, donde tienen un restaurante sobre calle Las Heras (la principal), y toda su vida amó los deportes. "Siempre me gustó el esquí, y soy instructor y rescatista. He podido ir a esquiar y a trabajar en las pistas de Andorra junto a otros argentinos. Me apasiona la montaña y los deportes", comentó Arrieta, como quien deja sobre la mesa una tarjeta de presentación. "Me gustó el ciclismo y lo practiqué cuando tenía entre 10 y 12 años, pero luego lo abandoné por el fútbol y otros deportes", dijo el integrante del equipo de ciclismo de la Municipalidad de Las Heras.

Pero su vida alegre y a pura emoción tuvo una fecha clave: el 28 de octubre de 2018. Ese día, a dos cuadras de su casa, fue atropellado en su moto cuando retornaba de ruta 13 y comenzó otra lucha, y no deportiva, sino de supervivencia. Estuvo tres meses internado en el Hospital Central y estuvo al borde de la muerte, con una casi fatal hipovolemia (desangrado), al estallar una arteria de si pierna, la que trataban de salvar a toda costa los médicos a cirugías y transfusiones. Luego de la amputación por encima de la rodilla de su miembro inferior derecho, comenzó otra etapa en la vida.

Sobre lucha y fuerzas celestiales

"Cuando supe que había perdido la pierna pensé que iba a morir de tristeza, no me veía caminando con muletas o como un inválido. Pero Dios puso en mi camino a lo que yo llamo un ángel. En la cama de al lado estaba un muchacho muy joven, que se llamaba Álvaro y había sufrido la fractura de vertebras cervicales y sólo tenía sensibilidad y movilidad del cuello para arriba. Pero a pesar de todo siempre hablaba con optimismo y esperanza. Pero lo que más me marcó fue verlo con qué felicidad desfrutaba de la visita de su hija y su familia. Esos instantes le justificaban la vida, y era feliz", recordó Perico, que disparó: "Entonces yo que me sentía desahuciado por haber perdido la pierna, me di cuenta que me quejaba de puro egoísta, y decidí aprender de Álvaro y a disfrutar la vida con lo que se tiene".

"Cuando salí del hospital, comencé a a hacer deporte de inmediato. Primero hice natación, y empecé a ir al gimnasio. Pero lo principal es que ya nunca quise que mis viejos me llevaran a ningún lado como estaban haciendo, con todo su cariño, protegiéndome. Decidí que me las iba a rebuscar sólo, que podía. Tomé mi mochila, las muletas y comencé a moverme sólo", recordó el deportista uspallatino, que este año corrió la Vuelta Ciclista de Mendoza.

"Al mes y medio de la amputación me subí a la bici y ya no me bajé más. Me encanta. Comencé a entrenar todos los días hasta 5km, antes de tener la pierna artificial. Luego seguí trabajando mientras me adaptaba el muñón a la prótesis. Pero luego fuimos estirando distancias, hasta llegar a 40km diarios", explicó Federico, quien consultado sobre la preferencia de tipo de ciclismo, si el de ruta o el lógico -por su entorno- el de montaña, dijo: "Los dos me gustan por igual. Ya retorné del campeonato argentino de ruta donde pude ganar dos competencias y eso me ilusiona con llegar a integrar la selección argentina y participar de algún Juego Paralímpico, ya sea Panamericano o Mundial. Pero ya pronto me voy a San Juan a participar de un campeonato de mountain bike, que me apasiona también", dijo para finalizar, el deportista que ya tiene los anillos olímpicos como meta en su cabeza.