Su apellido es esloveno y su labor la realiza en Madagascar pero es argentino, y ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz 2021. Se llama Pedro Opeka, aunque los humildes africanos lo conocen como padre Pedro, y logró que el papa Francisco visitara la cuidad creada por él, la Ciudad de la Amistad, en Antanarivo, la capital de la lejana isla africana, en 2019. Allí fundó esa ciudad sobre un basural, en 1989 con la impronta del trabajo y la autoayuda, pero por sobre todas la cosas, basado en la lucha por la dignidad.

Pedro Opeka nació en el partido bonarense de San Martín, el 24 de junio de 1948, Sus padres, Luis Opeka y María Marolt, eran inmigrantes eslovenos, escapados del gobierno totalitario del Mariscal Tito. A los 18 años eligió ingresar en el seminario de la Congregación para la Misión de San Vicente de Paúl, en San Miguel. A los 20 continuó su formación, estudiando Filosofía y Teología, en Liubliana, Eslovenia, y en Francia. En 1975 se ordenó sacerdote en la Basílica de Luján, Buenos Aires. Dos años después viajó a Madagascar, donde trabajó como albañil, oficio que aprendió a sus 15 años, en las parroquias lazaristas. Finalizó sus estudios en el Instituto Católico de París.

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Tras su ordenamiento, fue nombrado para hacerse cargo de una iglesia en Vangaindrano, en el sudeste de Madagascar. En la capital de Madagascar, Antanarivo, vio a cientos de chicos descalzos y escarbando en un inmenso basurero de 20 hectáreas en las afueras de la ciudad, y se dijo a sí mismo: "Acá no hay que hablar porque sería una falta de respeto hacia ellos, sino que debemos ponernos a trabajar".

La tarea misionera no fue fácil al principio, pero como buen argentino encontró la llave; el idioma universal y que atraviesa estratos sociales: el fútbol. El trabajo fue duro, pero se puso a la par de la gente y en conjunto construyeron 4.000 casas de ladrillo, banco de alimentos y hasta un hospital, ya que vivió en carne propia la falta de un centro de salud, cuando enfermó gravemente. "Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar", les había dicho a los africanos, y cumplió.

Su fundación, creada en 1989 fue bautizada Akamasoa, que significa "Buen Amigo", y gracias a ella, además de los mencionados logros, también más de 13.000 jóvenes pudieron estudiar y soñar con un porvenir más venturoso.

Algunas de las distinciones recibidas por el padre Pedro

  • En 2007, Opeka fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa. El premio, decretado el 12 de octubre por el presidente de Francia, reconoce sus veinte años de servicio público a los pobres en Antananarivo. Este premio reconoce la permanente lucha contra la pobreza llevados por Opeka y por sus 412 compañeros de trabajo: médicos, comadronas, maestros, ingenieros, técnicos y trabajadores sociales, todos ellos procedentes de Madagascar.
  • Caballero de la orden Nacional de Madagascar.
  • Premio Paloma de Oro de Eslovenia.
  • Premio Mundo Negro a la Fraternidad (2008).1
  • En 2008 ganó el premio Cardenal Van Thuan al Desarrollo y Solidaridad otorgado por la fundación italiana San Mateo, que recibió en la Ciudad del Vaticano de manos del papa Benedicto XVI.
  • El 4 de diciembre de 2009 recibió del presidente esloveno Danilo Türk la Orden dorada por Servicios.
  • En 2018 la UCEMA de Argentina lo distinguió como doctor honoris causa.

En Francia se han escrito un par de libros sobre su vida y además Danielle Mitterrand, esposa del ex presidente Francoise Miterrand, le dedicó un capítulo titulado "Pedro Opeka, el sacerdote futbolista de Madagascar" en su libro Memorias de una primera dama.

La tarea del padre Opeka en Antananarivo está descripta en el libro: Un viaje a la esperanza de Jesús María Silveyra (editorial Lumen). En el 2008, ediciones Paulinas publicó su autobiografía, titulada Autobiografía de un ribelle.

Francia, Eslovenia, Mónaco y Argentina lo han propuesto como candidato al Premio Nobel de la Paz en más de una oportunidad, y este año tuvo sus frutos.