Experiencia de vida

Criar sin pantallas para darle paso a la imaginación, la decisión de una pareja mendocina

Nahuel y Analía decidieron que su hija creciera sin dibujitos ni celulares. Cómo sostienen esa elección mientras trabajan y organizan la vida familiar

Cuando Nahuel y Analía comenzaron a pensar en tener un bebé, el tema de la crianza apareció antes que la niña. Entre otras cuestiones de la vida, para ambos el tema de criar sin pantallas-al menos en los primeros años de su hija- fue fundamental y así lo hicieron cuando ella llegó.

Actualmente, la nena tiene dos años y medio y desconoce lo que es un teléfono en modo juego, tampoco -por el momento- ha visto dibujos animados en la televisión y no tiene entre sus posibilidades de entretenimiento los contenidos de Youtube para niños y niñas pequeñas.

Por el momento su principal actividad es jugar. En su mundo hay muchos juguetes, una colección de libros de cuentos que manipula con libertad porque su pequeña biblioteca está a su altura -su preferida es Olivia, una cerdita que aparece con un vestido rojo y polainas de rayas- y muchos elementos para dibujar y pintar.

En su casa también viven sus dos gatas, con las que juega y a veces tiene algún conflicto. Va al jardín, tiene amigos y amigas, a veces va a la plaza y listo. Ahí se terminan los estímulos y empieza la imaginación.

Sus papás no viven aislados de la tecnología ni pretenden hacerlo. Usan celulares, computadoras y plataformas digitales, trabajan y se mueven en un mundo en el que las pantallas atraviesan buena parte de la vida cotidiana. Pero decidieron dejar ese espacio vacío que otros niños y niñas llenan con horas y horas de algoritmos infantiles.

El resultado es infinitamente bueno para ella, y lo pueden sostener, por el momento. La ven crear historias, imaginar juegos y escuchar cuentos largos, incluso en la oscuridad, sin necesitar imágenes que acompañen cada palabra.

«Tiene un mundo interior muy rico», cuenta Nahuel. Para él, observar esa capacidad de jugar y sostener la atención refuerza la decisión que tomaron, aunque reconoce que no saben hasta cuándo podrán mantenerla.

El trabajo cotidiano de criar sin pantallas

La idea puede sonar sencilla hasta que aparece la vida real. Una ducha, una jornada laboral desde casa, una enfermedad o unas vacaciones en las que los adultos siguen trabajando ponen a prueba cualquier decisión de crianza. Poner un dibujo animado para conseguir media hora de tranquilidad puede resultar tentador.

Analía conoce bien esa dificultad. Trabaja en home office para una empresa y sabe que evitar las pantallas requiere atención y organización constantes. No alcanza con decidir que no habrá celulares, sino que hay que pensar qué hace la nena mientras sus padres trabajan, cómo se distribuyen los cuidados y de dónde sale el tiempo para acompañarla.

Los libros infantiles como principales aliados para despertar la imaginación.

Los libros infantiles como principales aliados para despertar la imaginación.

En su caso, cuentan con una red que hace posible sostener esa elección. la familia, el jardín Antisopa al que asiste, tienen ayuda de una niñera durante algunas horas. La organización no elimina las dificultades, pero les permite alternativas.

«No es una decisión que pueda tomar cualquier familia en cualquier circunstancia», reconoce Analía. La posibilidad de trabajar desde casa, contar con alguien que cuide a la nena o compartir las tareas de crianza pesa. Sin esa ayuda, admite, evitar las pantallas podría ser mucho más difícil.

Por eso, ninguno de los dos presenta su experiencia como una receta para los demás. Entienden que hay familias que recurren a los dispositivos durante viajes largos, cuando los chicos están enfermos o cuando necesitan resolver una situación puntual. Para ellos, el contexto importa tanto como el tiempo de exposición.

Crecer fuera del algoritmo de CoComelon

La decisión también implica revisar los hábitos de los propios adultos. Analía reconoce que el uso del celular puede volverse contradictorio, porque pedirles a los chicos que se alejen de las pantallas mientras los grandes miran el teléfono es un mensaje un poco insostenible.

La pareja intenta reducir el uso de los dispositivos cuando está con su hija. El tiempo para ver una película o una serie quedó bastante acotado y suele aparecer los sábados por la mañana, cuando cuentan con ayuda para cuidarla, o cuando la nena está con sus abuelas.

Los contenidos creados para niños y niñas están pensados para que ellos no despeguen la vista de la pantalla.

Los contenidos creados para niños y niñas están pensados para que ellos no despeguen la vista de la pantalla.

También eligen con cuidado los contenidos que su hija escucha o conoce. Evitan los programas infantiles comerciales más difundidos, aunque no pretenden eliminar la música ni los relatos. Luis Pescetti y María Elena Walsh, por ejemplo, forman parte de ese universo que sí comparten con ella.

Nahuel distingue entre propuestas audiovisuales que considera muy aceleradas y otras que ofrecen historias más elaboradas. Menciona a Bluey como un contenido que le resulta diferente de producciones como CoComelon, aunque por ahora prefiere que los libros ocupen ese lugar.

«Con un libro, el chico tiene que construir las imágenes», explica. A su entender, esa participación de quien escucha o lee es parte del valor de los cuentos. También cree que la velocidad de algunos contenidos audiovisuales puede dificultar que los chicos se acostumbren a experiencias más pausadas. Son observaciones que surgen de su experiencia como padre y de lo que ve en su hija, no una conclusión científica definitiva.

La pareja sabe, además, que hoy puede decidir buena parte de lo que ocurre en casa, pero no controlar para siempre el entorno de su hija. A medida que crezca, tendrá más contacto con otros chicos, sus consumos y sus dispositivos. Por eso, Nahuel piensa la decisión por etapas: sostenerla mientras tenga sentido y volver a evaluarla en cada momento.

Una industria creada para que los chicos no se separen de la pantalla

La elección de Nahuel y Analía contrasta con un mercado audiovisual que dedica recursos a entender qué atrae la atención de los más pequeños. En un artículo publicado por The New York Times, el diario describe el trabajo de Moonbug Entertainment, una compañía londinense detrás de algunos de los programas infantiles más populares de las plataformas digitales.

Entre sus producciones está CoComelon, que reúne una audiencia masiva en YouTube. Según el artículo, la empresa realiza sesiones en las que observa a chicos mientras miran sus programas y registra los momentos en que apartan la vista de la pantalla. Con esos datos, ajusta elementos como los colores, la música, las escenas y las historias.

El objetivo es comprender qué mantiene el interés de los espectadores más pequeños. El artículo describe una industria que analiza las reacciones infantiles con un nivel de detalle que va mucho más allá de elegir qué canción o personaje incluir en un episodio.

Pero la dimensión de ese negocio no significa que exista una respuesta definitiva sobre cómo afecta cada contenido al desarrollo infantil. El propio artículo recoge las dudas de especialistas sobre los efectos de las pantallas en las mentes en formación. Una de las preguntas centrales sigue siendo la importancia del tiempo de exposición, que contenido ven y cuánto acompañan los adultos esa experiencia.

Para Analía, acceder a información sobre crianza y desarrollo fue parte de la decisión que tomó junto con Nahuel. Dice que hoy los padres encuentran estudios, recomendaciones y discusiones que circulan por internet, aunque también reconoce que la información puede ser contradictoria. En su caso, prefirió empezar por evitar las pantallas durante los primeros años y evaluar más adelante.

Qué recomienda la Sociedad Argentina de Pediatría

La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que hasta los 2 años, los niños y niñas no tengan contacto con ningún tipo de pantalla.

La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que hasta los 2 años, los niños y niñas no tengan contacto con ningún tipo de pantalla.

La experiencia de esta familia coincide en algunos aspectos con las orientaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que desaconseja el uso de pantallas en menores de 2 años, con la excepción de las videollamadas con familiares cuando un adulto acompaña al niño.

Entre los 2 y los 5 años, la guía de la SAP recomienda limitar el tiempo recreativo frente a las pantallas a un máximo de 1 hora diaria. También plantea elegir contenidos apropiados para la edad, con un sentido educativo o prosocial, y acompañar a los chicos mientras los miran, en lugar de dejarlos solos frente al dispositivo.

A medida que crecen, la recomendación es establecer límites claros y evitar que las pantallas desplacen actividades necesarias para el desarrollo, como dormir, comer, moverse y jugar con otras personas. La guía también propone mantener los dispositivos fuera de las habitaciones, evitar su uso durante las comidas y retirarlos al menos una hora antes de dormir.

La SAP advierte sobre posibles riesgos asociados al uso excesivo o inadecuado, entre ellos dificultades para dormir, sedentarismo, irritabilidad y problemas de atención. No significa que todas las pantallas provoquen esos efectos en todos los chicos: importan la edad, el contenido, el tiempo de uso y el contexto.

La guía también pone el acento en el acompañamiento adulto. Mirar un contenido junto con un niño o niña y conversar sobre lo que sucede no es lo mismo que dejarlo solo durante un tiempo prolongado frente a un dispositivo. La tecnología puede tener usos distintos según las necesidades de cada familia y cada niño.

No hay una sola manera de criar

Nahuel y Analía saben que su hija no va a crecer al margen de la tecnología para siempre. Tampoco creen que todas las familias deban tomar la misma decisión. Hay chicos con necesidades de accesibilidad, dificultades de movilidad o determinadas formas de relacionarse para quienes los dispositivos pueden facilitar la comunicación y el vínculo con otros. Las circunstancias no son iguales para todos.

Por ahora, ellos aprovechan la etapa en la que pueden decidir qué entra en la casa y cuánto tiempo ocupa. No se consideran una excepción ni creen haber encontrado una fórmula perfecta. Pero si tienen claro que por el momento le quieren dar a su hija otras experiencias antes de incorporar las pantallas.

Su apuesta no consiste en negar el mundo digital, sino en postergar su llegada todo lo que puedan. Quieren que, antes de seguir videos diseñados para captar su atención, la nena tenga tiempo para aburrirse, inventar un juego, escuchar un cuento o descubrir qué puede hacer con los objetos que tiene a mano.

Saben que esa decisión depende de una combinación de situaciones y no solo de la propia convicción, también del tiempo y recursos que no todas las familias tienen. Y saben, también, que tendrán que revisarla. Por ahora, en su casa, la pantalla no es la respuesta automática para cada momento de silencio. A veces, alcanza con dejar que el juego empiece.

En pocas palabras

  • Decisión parental: Una pareja mendocina apuesta por criar a su hija de dos años y medio sin pantallas para fomentar su imaginación.
  • Desafíos diarios: Sostener la crianza sin pantallas requiere organización, red de apoyo y adaptación ante imprevistos laborales o personales.
  • Recomendaciones pediátricas: La Sociedad Argentina de Pediatría desaconseja pantallas en menores de 2 años y recomienda limitar su uso a 1 hora diaria entre los 2 y 5 años.
Resumen generado por Thinkindot AI

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