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Crean las Casas de Semillas para una producción sustentable

La ONG Crece desde el Pie de San Carlos, trabaja con el INTA en la producción y almacenamiento de semillas autóctonas para cultivos con impronta de agroecológia

Cuando la gente va dejando atrás el exceso de manufactura y hasta manipulación genética en la elaboración de alimentos y se acerca lo más posible a la naturaleza, con improntas como la agroecología, significa que la salud y la autosustentación familiar o de pequeñas comunidades puede ser posible un cambio de paradigma. En San Carlos, Mendoza, surgió la propuesta de una organización llamada Crece desde el Pie, que busca desde hace dos años rescatar, resguardar, y poner a disposición del agricultor semillas nativas y criollas en las llamadas Casas de Semillas, para hacerlas accesibles y lograr una alimentación saludable y alejada de agrotóxicos, tan nocivos para la vida en general.

Esta iniciativa está apoyada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), desde su Estación Experimental Agropecuaria La Consulta ( EEA) y forma parte de un plan multinacional que integran también Chile, Uruguay y Paraguay. "La casa de semillas es un espacio para resguardar semillas nativas y criollas. Participan huerteros del Valle de Uco. La idea es que queden en manos campesinas, asegurando la producción y así la diversidad y la soberanía alimentaria", dijo Laura Costella, ingeniera agrónoma de La Consulta, San Carlos.

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Al resguardo de las semillas criollas

"Dentro de la organización hacemos como varias cosas, y una de ellas es la de la Casa de Semillas y nosotros venimos produciendo alimentos agroecológicos desde hace bastantes años, cerca de diez, cuando empezamos con una feria directa del productor al consumidor. Ahí trabajamos con agricultores familiares, y ahí es una práctica común conservar semillas de un año para el otro, para volver a sembrar. Esto se llama conservación in situ de lo lo que es la biodiversidad agrícola", explicó Costella, que agregó: "Si bien está práctica es común, se ha ido perdiendo a lo largo del tiempo, un poco por la presión del mercado con esto de pensar que siempre es mejor la semilla que se compra, y esto genera mucha erosión de conocimiento con ese bombardeo desde el marketing, con la impronta de que "lo moderno" es mejor y esta es una práctica vieja (guardar semillas)".

"En la organización trabajamos con una lógica de cooperativa, tenemos los que trabajan con las semillas, y son los multiplicadores, que son 12, y serían la Asamblea, por decirlo de alguna manera, y que van tomando las decisiones de la Casa (de Semillas). También tuvimos que ver estrategias de sustentabilidad económica. Nosotros decimos que está bueno que las semillas estén a un precio accesible, porque estas tienen en el mercado un costo muy elevado, pero producirlas tiene un costo laboral y no podemos regalarlas", dejo la profesional, para agregar: "Antes hacíamos intercambios de semillas y regalábamos, pero ahora nos propusimos generar más producción, y el huertero, si se decide a producir semillas, deja de vender el producto para hacerlos semillas, y esto tiene un costo, pero que es bastante accesible, y siempre, como nosotros pretendemos, es que si más agricultores quieren sumarse a producir semillas, eso está bueno, y desde el INTA los asesoramos de forma técnica para mejorar la calidad, y evitar cosas como el cruzado de especies", explicitó la especialista, y también joven mamá de dos nenas.

Los multiplicadores de la Casa de Semillas: María Alicia Arenas, José Ramírez, Julio Morales, Gabriel Federico Castro Choque, Eduardo Costana Ezequel, Iris Marisol Cortez, Ester Isabel Alcaraz, Alberto Rubén Cortez, Valerio Marcial Costana. María Baldiviezo, Armando Retamales y Damián Nicolás Moreno.

Respecto al cruce de especies, explicó, que si por ejemplo, se planta maiz un cuadro del blanco, y otro al lado de maiz colorado, después van a salir choclos con granos mezclados entre balncos y rojos, y esto le quita valor comercial.

La ingeniera mendocina, egresada en el 2004 explicó detalles del trabajo en conjunto entre la ONG y la institución oficial: "Yo además de trabajar en el INTA participo de la organización Crece desde el Pie, y surgió la posibilidad de trabajar en un proyecto internacional que se denominó “Centros de Oferta Varietal de Semillas Tradicionales: Un Modelo para el Fortalecimiento del Sistema Informal de Semillas y Aumento de la Competitividad de la Agricultura Familiar”, fue financiado por Fontagro para construir Casa de Semillas con un mismo modelo, tanto en Argentina, como en Uruguay, Chile y Paraguay. Así como algunos agricultores nuestros hacen conservación in situ, el INTA participa como en esos países, donde se hace una conservación ex situ de la biodiversidad, y que son como bancos de germoplasma, donde se guardan semillas de distintas especies y variedades", informó Laura, ingeniera con una maestría en Extensión.

La importancia de las Casas de Semillas

En el INTA de La Consulta funciona el banco de germoplasma hortícola, y el proyecto internacional Fontagro lo que busca es articular esta conservación ex situ con la conservación in situ. Esto es porque hay especies y variedades que los agricultores han perdido, por este tema dl proceso de erosión, genética, y de conocimiento. A la vez en estos bancos a veces hay un montón de diversidad, pero los agricultores no pueden acceder a ellos, porque no existen mecanismos claros de acceso. Entonces este modelo de Casas de Semillas lo que busca es que haya semillas locales y tradicionales de calidad a disposición de los productores locales", dijo Costella, maipucina radicada en San Carlos.

El proyecto en marcha

“Como ya dije, muchos agricultores vienen guardando sus semillas, entonces lo que hicimos por un lado en la Casa fue ver qué semillas eran propias de los agricultores y que habían guardado, y esas se multiplicaron en más cantidad, ya que ellos sólo guardaban para el consumo de ellos (huerta familiar). La propuesta fue decir, guardemos un poco más para que estén disponibles también para otros", explicó Laura, encargada del área Extensión del INTA.

Luego la ingeniera continuó: "Por otro lado, dijimos ¿qué especie o variedades hemos perdido o no tenemos mucha variedad y queremos aumentar? –Entonces ahí sí fuimos al banco de germoplasma y les dijimos que nos gustaría tener, por ejemplo, más variedad de berenjenas, más de porotos, y ahí nos dieron un poquito, y se empezó a probar con los agricultores para multiplicar. Actualmente hay disponibles 75 tipos de semillas de 14 especies, siendo más abundante la variedad de tomates, con 35 tipos”, concluyó Laura Costella, que llegó al Valle de Uco desde Maipú, y se enamoró del lugar, donde vive y trabaja para hacerlo un lugar mejor en el mundo.

Producción fotográfica: Fernando Martínez/Diario UNO