En los primeros días de febrero de 2026, la tensión militar volvió a asomar sobre las aguas del Mar de China Meridional, una de las zonas marítimas más disputadas y estratégicas del planeta. El Ejército Popular de Liberación (PLA) de China desplegó patrullajes combinados navales y aéreos en este mar.
Desde Beijing, el Comando del Teatro del Sur aseguró que esas operaciones fueron necesarias para “salvaguardar la soberanía territorial y los derechos marítimos” de China, en respuesta a lo que calificó como patrullajes aéreos bilaterales de Filipinas con países fuera de la región, que según Pekín estarían “amenazando la paz y estabilidad” regional.
China pone en su mira militar en una ruta comercial esencial y despliega a su ejército en una zona estratégica
La narrativa oficial china, describe estas maniobras como rutinarias y defensivas, una reafirmación de control sobre aguas que Beijing considera parte de su espacio marítimo histórico. Pero en realidad, lo que está en juego va más allá de una simple presencia militar. Se trata de un problema profundo de rivalidad geopolítica, soberanía y recursos naturales.
El Mar de China Meridional es codiciado no solo por su importancia estratégica pues por él transita una parte significativa del comercio marítimo global sino también por sus posibles reservas de petróleo, gas y ricos caladeros de pesca. China reclama virtualmente la totalidad de esas aguas bajo su interpretación de una histórica “Línea de Nueve Trazo”, algo que otros países como Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei e Indonesia disputan bajo marcos de derecho internacional.
La respuesta de los países ante esta maniobra militar de China
Además, estas patrullas ocurren en un contexto más amplio de esfuerzos de defensa regional y alianzas con potencias externas, sobre todo Estados Unidos y Japón, que han incrementado ejercicios militares conjuntos con naciones del sudeste asiático precisamente en estas mismas rutas marítimas.
La diplomacia china, por su parte, se apresura a presentar todo movimiento externo como un intento de “erosionar la estabilidad”, aunque analistas señalan que la militarización de la zona se ha intensificado en los últimos años de manera constante.
Desde Manila, la embajada de Filipinas en Beijing no respondió inmediatamente a las acusaciones, lo que refleja la delicada tensión entre ambas capitales. Por un lado, las reclamaciones territoriales, por otro, la necesidad de mantener canales diplomáticos y cooperación económica.





