Día del Niño

Candela tiene 13 años, juega al fútbol en San Martín y acaba de cumplir su primer sueño

Candela Sosa empezó a jugar a los 8 años, se formó en las escuelitas de su pueblo y este año llegó a Montecaseros. Ahora recibió una propuesta que la asombró

Hay sueños que empiezan con una pelota vieja, una cancha de barrio y un hermano que un día se pone a jugar. El de Candela Sosa nació así, casi sin que nadie se diera cuenta. Tenía apenas 8 años cuando empezó a jugar en las escuelitas de fútbol de Alto Verde, en San Martín, y desde entonces la pelota dejó de ser un juego para convertirse en una parte fundamental de su vida. En este Día del Niño su historia repleta de sueños adquiere un valor especial.

Hoy tiene 13 años y acaba de recibir una de esas noticias que pueden cambiar para siempre la historia de una futbolista: Independiente Rivadavia de Mendoza la llamó para que se sume a jugar.

Candela tiene 13 años y acaba de recibir una de esas noticias que pueden cambiar para siempre la historia de una futbolista: Independiente Rivadavia de Mendoza la llamó para que se sume a jugar.

Candela tiene 13 años y acaba de recibir una de esas noticias que pueden cambiar para siempre la historia de una futbolista: Independiente Rivadavia de Mendoza la llamó para que se sume a jugar.

Candela todavía intenta entender lo que significa.

“Fue y es tremenda y muy buena noticia para mí, mi mamá y toda mi familia. La verdad, no lo podíamos creer porque pasó muy rápido todo”, cuenta.

Ella es de Alto Verde y juega en el Club All Boys Alto Verde y en el Club Social Alto Verde, donde dio sus primeros pasos. A principios de este año se incorporó al Club Montecaseros y siguió entrenando, aprendiendo y soñando. Hasta que llegó ese llamado que parecía lejano.

Ahora su futuro futbolístico puede estar en Independiente Rivadavia.

Y detrás de esa oportunidad hay una historia de esfuerzo, paciencia y una mamá que nunca dejó de creer.

Una pelota, un hermano y una pasión por el fútbol

Candela no nació pensando que iba a ser futbolista. Fue viendo jugar a su hermano Thiago que descubrió que ella también quería estar ahí, corriendo detrás de una pelota.

“Cuando mi hermano Thiago empezó a jugar a la pelota fue donde me di cuenta de que el fútbol es mi pasión”, cuenta.

Desde entonces, la cancha se convirtió en su lugar favorito.

“Cada vez que entro a la cancha me siento que soy otra niña, con muchos nervios y con ganas de superarme, enfocada y tratando de dar siempre lo mejor en cada partido”.

Candela no nació pensando que iba a ser futbolista. Fue viendo jugar a su hermano Thiago que descubrió que ella también quería estar ahí, corriendo detrás de una pelota.

Candela no nació pensando que iba a ser futbolista. Fue viendo jugar a su hermano Thiago que descubrió que ella también quería estar ahí, corriendo detrás de una pelota.

En Alto Verde encontró además compañeros y compañeras que fueron parte de su crecimiento. Candela habla de ellos con enorme cariño porque sabe que buena parte de lo que aprendió también se lo debe a quienes compartieron entrenamientos y partidos con ella.

“Con hombres también me formé y me enseñaron varias cosas. Gracias por ser tan buenos compañeros en la cancha, adentro y afuera. Son buenos amigos”, dice.

Porque si hay algo que Candela aprendió en estos años es que el fútbol se juega en equipo incluso cuando el sueño es individual.

El llamado de Independiente Rivadavia que cambió todo

La noticia llegó hace poco y todavía parece demasiado buena para ser cierta.

Independiente Rivadavia se comunicó con la familia para convocarla. Candela recibió la propuesta y la alegría fue inmediata. Para su mamá, Belén, también.

“Es un montón”, dice ella.

Porque para una chica de 13 años que vive en Alto Verde y que fue construyendo su camino desde las escuelitas de su pueblo, que un club como Independiente Rivadavia se fije en ella representa mucho más que una oportunidad deportiva.

Representa que alguien vio todo ese esfuerzo.

“Es un montón de emociones, felicidad, alegría. Aún no lo puedo creer. Es tan lindo esto porque la verdad costó tanto”, reconoce Candela.

Y enseguida aparece la persona a la que quiere dedicarle este momento.

“Le agradezco mucho a Dios y a mi mamá, que nunca dejó de creer y confiar en mí. Ella pone un montón para que a nosotros no nos falte nada. Es todo para mí y este triunfo es para ella también”, dice.

Después agrega una frase que resume el vínculo entre las dos:

“Las dos vamos juntas en las buenas y en las malas, nunca se suelta. Así es como ella me dice. La amo con mi vida”, reflexiona.

Un sueño que no entra en una cancha de fútbol

Candela sabe que todavía falta muchísimo. Que este llamado no significa haber llegado, sino todo lo contrario: significa empezar una etapa nueva, con más entrenamiento, más competencia y seguramente muchos desafíos.

Independiente Rivadavia se comunicó con su familia para convocarla.

Independiente Rivadavia se comunicó con su familia para convocarla.

También sabe que para las chicas todavía no siempre es sencillo encontrar las mismas oportunidades.

“No sé mucho, pero lo poco que sé es que a las mujeres les cuesta más verse en el fútbol”, dice.

Por eso, cuando piensa en sus compañeras y amigas que también juegan, no les habla de resignarse.

Les pide que esperen, que sigan, que confíen.

“A mis compañeras y amigas les digo que no se rindan. Ahora me tocó a mí y sé que les va a tocar a ellas. Tienen un montón de potencial, juegan súper bien. Sé que se les va a dar”.

Y entonces aparece el sueño mayor: no es solamente jugar en un club grande. No es solamente llegar a Primera. Candela quiere jugar un Mundial.

“Mi sueño es jugar un Mundial y que mi familia esté ahí conmigo, poder levantar esa Copa que tanto miro en la tele. Qué hermoso va a ser. Quiero cumplir con ese sueño”.

Independiente Rivadavia, el futuro cercano

Ahora, después del llamado de Independiente Rivadavia, ese sueño parece un poquito más cerca.

“Si me veo, y más con esta esperanza que me está dando este hermoso club, con más razón no me voy a rendir”.

Aquí, de más chica, cuando empezó a patear la pelota.

Aquí, de más chica, cuando empezó a patear la pelota.

Tiene 13 años, una pelota, una familia que la acompaña y una cancha por delante.

Sabe que no será fácil.

Pero también aprendió algo en Alto Verde: los sueños pueden tardar, pueden costar y pueden obligar a esperar.

Lo importante es no dejar de jugar.

“Todo cuesta, pero nada es imposible”, concluye.

En pocas palabras

  • Candela Sosa: joven futbolista de 13 años que recibió una propuesta de Independiente Rivadavia.
  • Trayectoria: comenzó a los 8 años en escuelitas de su pueblo y sueña con jugar un Mundial.
  • Oportunidad: su talento y esfuerzo la llevaron a ser convocada por el club mendocino, marcando un hito en su carrera.
Resumen generado por Thinkindot AI