Historia de vida

Adoptaron a 3 hermanitas de 5, 7 y 9 años: así nació una familia numerosa que es puro amor

Érica y Rodrigo son papás desde el 2021 y compartieron su hermosa experiencia acerca de la adopción múltiple de las niñas

Un día de abril de 2021, Rodrigo Briffi y Érica Amaya habían ido a hacer compras a un supermercado de Dorrego. Acababan de llegar al estacionamiento cuando llegó el mail que les cambió la vida. Eran cerca de las 13 y el mensaje les ofrecía la posibilidad de adoptar a 3 hermanitas que buscaban una familia. Érica se lo contó a Rodrigo y, ocho minutos después, ya habían respondido que sí.

Tenían 45 años y hacía tiempo que soñaban con formar una familia. Habían pasado por varios tratamientos de fertilidad sin éxito y decidieron inscribirse en el Registro de Adopción. Cuando apareció la posibilidad de adoptar a las tres niñas, de 5, 7 y 9 años, sintieron que era una oportunidad que también tenía sentido para ellas: querían acompañar a chicos más grandes, que ya habían pasado buena parte de su infancia sin familia.

"Queríamos chicos más grandes que quisieran tener familia y brindarles todo el amor que no habían podido tener", contó Érica durante la entrevista en el programa No tenés cara, en radio Nihuil.

A comprar cuchetas y frazadas

Érica Amaya y Rodrigo Briffi compartieron su particular y emocionante experiencia de familia. Fotos: Matías Pascualetti

Érica Amaya y Rodrigo Briffi compartieron su particular y emocionante experiencia de familia. Fotos: Matías Pascualetti

La vinculación comenzó en junio de aquel año. Rodrigo y Érica fueron al Hogar de Drummond donde vivían las niñas y, cuando llegó el momento del encuentro, les indicaron que las esperaran en una puerta. Pero las hermanitas aparecieron por otra gritando «¡Papá, Mamá!» mientras corrían a abrazarlos.

Al recordarlo, a Érica se le quebraba la voz. La escena, que todavía la emociona, fue uno de esos momentos en los que las palabras quedan cortas y el abrazo lo dice todo.

Después de pocas semanas de vinculación, llegó la noticia de que podían llevarlas a vivir a su casa. Había un detalle: la pareja no tenía camas, frazadas ni todo lo necesario para recibir a tres niñas. La alegría era enorme, pero había que resolverlo rápido.

Rodrigo salió a buscar cuchetas y llegó hasta una mueblería de El Challao. El hombre que lo atendió le explicó que fabricar una cama podía llevar 17 días. Cuando Rodrigo le contó que necesitaba recibir a sus tres hijas, el carpintero se emocionó y le hizo una propuesta inesperada: que le llevara a las nenas para conocerlas y que se llevara una cucheta que estaba preparando para otro cliente.

El comprador original tuvo que esperar, pero las hermanitas ya tenían dónde dormir. La cama se adaptó a lo que necesitaba la familia y, entre la solidaridad de un desconocido y las corridas de último momento, la casa quedó lista para recibirlas.

Rodrigo y Érica contaron esas escenas entre risas y emoción. No había un guion perfecto ni una preparación de meses, sino tres chicas a punto de llegar, dos padres primerizos que tenían mucho por aprender y un montón de cosas que resolver sobre la marcha.

Una familia con 3 niñas llenas de sueños

Hoy, las tres hermanas hablan de su historia con una felicidad que también se hizo presente durante la entrevista. La mayor, que ahora tiene 14 años, quiere ser peluquera y diseñadora de ropa. La del medio sueña con ser arquitecta y la más chica quiere ser abogada, aunque también tiene como proyecto trabajar en la heladería de sus padres.

Rodrigo tiene una heladería muy conocida en San José, donde prepara gustos poco habituales. Según contó, las chicas se entusiasmaron tanto con los helados que llegaron a comer tres o cuatro por día. La anécdota provocó risas y dejó ver esa cotidianeidad en la que la familia se construye también con pequeñas costumbres, ocurrencias y gustos compartidos.

Pero hubo algo que emocionó especialmente a Rodrigo. Cuando las niñas llegaron a su casa, recordó, no tenían rumbo, ni habían podido construir sueños. Ahora cada una tiene un proyecto, una idea de futuro y algo por lo que entusiasmarse.

Para él, verlas proyectarse es una de las mayores satisfacciones de la paternidad. No se trata solamente de que tengan una casa o de que estén cuidadas, sino de que puedan imaginar qué quieren ser y trabajar para conseguirlo.

Érica también habló de aquella llegada como una explosión de amor. La pareja había imaginado durante mucho tiempo cómo sería tener hijos, pero la vida terminó llevándolos por un camino diferente del que habían esperado. Rodrigo lo resumió con una comparación que arrancó sonrisas: otros embarazos duran nueve meses; el de ellos duró dos, desde aquel correo de abril hasta que las niñas llegaron a vivir con ellos en junio.

Hablar del pasado para construir el futuro

La historia de las hermanas no empezó con Rodrigo y Érica. Ellas tenían una vida anterior, recuerdos y vínculos que también forman parte de quienes son. En la casa, explicó Rodrigo, ese pasado no es un tema prohibido ni algo que deba quedar escondido. Es parte de las conversaciones cotidianas, de una historia que pueden contar sin que eso ponga en duda la familia que construyeron.

Las tres hermanas también mantienen el vínculo con un hermano biológico menor. La adopción no borró esos lazos: sumó una familia y abrió una nueva etapa sin exigirles que dejaran atrás quiénes eran.

Desde 2021, la vida de los Briffi - Amaya cambió por completo. Hubo adaptaciones, aprendizajes y decisiones que tomaron sobre la marcha. Como en cualquier familia, no todo se resuelve de un día para el otro, pero en sus relatos aparecen la alegría de compartir la vida, el humor para atravesar los imprevistos y la emoción de haber encontrado un lugar propio.

Antes de terminar la entrevista, Rodrigo quiso dejar un mensaje para quienes tienen ganas de adoptar y están esperando la oportunidad de convertirse en madres o padres. Les pidió que tengan en cuenta la posibilidad de adoptar a chicos más grandes y que se animen a conocerlos.

Dijo que son especiales, fabulosos, y que darles una oportunidad puede ayudar a reparar una parte del corazón y devolverles la esperanza de vivir en familia. No habló de salvar a nadie, sino de abrir una puerta que puede cambiar muchas vidas.

La historia de Rodrigo y Érica empezó con un correo inesperado, siguió con una cucheta que llegó a tiempo y hoy tiene tres chicas que saben qué quieren ser cuando crezcan. A veces, para formar una familia, no hace falta que todo salga como se había planeado. Hace falta estar dispuesto a reconocerla cuando aparece.

Temas relacionados: