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Roberto Ozorio desapareció el día del golpe militar por ser miembro de la Juventud Peronista de San Rafael. Dejó una esposa y un hijo que lleva su nombre. Un hombre comprometido y solidario. UNO de San Rafael dialogó con su hijastra, primera vez que un mi

Roberto Ozorio, el desaparecido que dejó huella y cuya historia perdura

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Marcelo Schmitt

schmitt.marcelo@diariouno.net.ar

Roberto Simón Ozorio (64) es un abuelo simpático que suele pasear por la plaza Espínola junto a su esposa, su hijo Robertito y sus tres nietos. Esa postal se repite todos los días cuando se retira de su trabajo en la Farmacia Diamante de la familia Martínez Baca.

Esta podría ser parte de la historia de un hombre próximo a jubilarse que de la familia y las costumbres hace un culto diario, sin embargo esta historia inconclusa es parte de un pasado que nunca se repetirá.

Es que Roberto, como otras 30.000 personas, desapareció durante la última dictadura militar. Fue una madrugada del 26 de marzo de 1976 cuando un grupo de militares ingresó a la vivienda del padre de su esposa y lo arrancó para siempre.

Nunca más se supo nada de él , nunca más se repitieron los paseos junto a su hijo, a quien solía llevar en brazos por la plaza Espínola cuando regresaba del trabajo, nunca más su familia lo pudo disfrutar.

A partir de ese instante se construye una historia repleta de dolor, porque de Roberto Ozorio sólo queda una foto que rescató su hijastra Verónica y amplió en una computadora para que se lo pudiera identificar durante el primer juicio de Lesa Humanidad, el resto de los recuerdos sigue vivo en la memoria de su esposa de ese momento, amigos y compañeros de la Juventud Peronista.

Roberto era un tipo solidario que no soportaba que sufriera la gente, a tal punto que "cuando veía una persona pobre con frío era capaz de regalar su abrigo", señaló Verónica y agregó que "trabajaba en una farmacia y muchas veces fiaba remedios que luego pagaba con su sueldo".

Así era este hombre apodado "El Negro", que desde chico sufrió la ausencia de su padre, paradójicamente un militar que falleció y lo dejó solo con su madre Rosa Riera, quien con el tiempo pudo rehacer su vida sentimental.

Lo mismo le sucedió a Robertito, que perdió su padre muy joven y su madre Josefina se volvió a casar y le dio 2 hermanas con las que compartió su juventud. Extrañamente, la historia de Roberto y su hijo se repitieron, a tal punto que -según Verónica- "cuando encontré la foto me di cuenta que desde lo físico son idénticos".

Esta terrible circunstancia que le tocó vivir a la familia Ozorio produjo en Josefina un shock traumático que no le dejó recuerdos de la noche en que secuestraron a Roberto. El dolor fue tan terrible, que Josefina ocultó parte de la historia a las hijas que tuvo con su nueva pareja.

Es más, nunca pudo enfrentar un reportaje y contar su historia a la prensa, es la primera vez que un miembro de la familia, Verónica, se anima a hablar con el periodismo y revela parte de la historia de Roberto.

"No dejaron un solo recuerdo, después del secuestro fueron hasta la vivienda que compartían Roberto y mi mamá y se llevaron todo, hasta los pañales de Robertito", contó Verónica.

Fue tan cruel la dictadura con esta familia, que la abuela Rosa se murió pensando que un día iba a volver en vida a ver a su hijo.

Quizá ahora ya lo disfrute en el cielo.

El dolor por no saber dónde están los cuerpos

La familia Ozorio y sus descendientes, como otros miles, necesitan cerrar la historia de una buena vez. Es que sin cuerpo, "no podemos llorar a nuestros muertos" dijo Verónica.

En ese marco, se sumó una nueva frustración cuando se reveló que huesos hallados en un refugio militar en San Carlos eran de un animal. "Fue un golpe duro a la esperanza" dijo Verónica, quien recordó su conversación al respecto con su mamá.

"Ella se enteró que iban a hacer una búsqueda por orden de la Justicia y el alma se le iluminó, sin embargo otra frustración fue el resultado".

Lo mismo sucedió en el Juicio, aclaró Verónica, "los jueces le pedían que contara cosas que no recordaba por el shock que sufrió y esos días se convirtieron en una pesadilla, porque revivió el pasado sin el resultado esperado, porque los cuerpos no aparecen".

En este contexto, Verónica, su hermana y su papá ya son parte de la historia de los Ozorio y sufren como ellos la ausencia de Roberto, que dejó un vacío imposible de llenar.

Robertito es quien más lo sufre, dijo su hermanastra, " mi papá siempre lo acompañó y lo protegió como si fuera su propio hijo".

"Fuimos un grupo de compañeros"

En setiembre 1975, recuerda Roberto Rolando Flores, "comenzó la persecución contra varios sectores de la Tendencia Revolucionaria, que militábamos en la Juventud Peronista". Entre ellos estaba Roberto Ozorio, Francisco Tripiana, los hermanos Berón y otros más que finalmente desaparecieron.

Flores fue un militante más que sobrevivió a la larga noche que comenzó el 24 de marzo de 1976 y terminó en diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación.

"Tuve la suerte que otros no tuvieron", aseguró en su relato cuando recordó a su compañero Roberto Ozorio. Primero me escondí en la casa de un tío que vivía en Capitán Montoya, luego cuando me detuvieron me salvó la vida Armando Dauverné cuando fue a buscar a su cuñado, que estaba detenido en el centro clandestino El Marinero, donde funcionaba la SIDE y hoy se encuentra la bodega Garbín. Allí el doctor lo reconoció y se lo llevó".

En la actualidad Flores milita en la agrupación 7 de Mayo y en su oficio de pintor colaboró para restaurar la Plaza de la Memoria, un lugar que según él "representa el recuerdo de todos los compañeros que compartimos un ideal: tratar de que las cosas cambien para vivir mejor".

En su memoria, permanece intacto el recuerdo y la figura de Roberto Ozorio, a quien denominó "un pensador que nos ayudó a comprender lo que se estaba viviendo en la década del '70".

"Nosotros"-prosiguió con la mirada fija- éramos un grupo de jóvenes que simpatizábamos a nivel nacional con los Montoneros y luchamos para que Alberto Martínez Baca se convirtiera en gobernador de Mendoza".

En ese escenario, Flores negó "haber participado de la lucha armada" y confesó que "nuestro único pecado fue hacer pintadas y ayudar a los más humildes".

Sobre las cualidades de Roberto Ozorio distinguió "el amor por su familia, la solidaridad con los que menos tenían y una vocación por hacer las cosas bien y derechas". En resumen dijo que "era un tipo simple, que le gustaba comer asados con los amigos, discutir sobre política y trabajar por los demás".

"Para mí, El Negro nunca iba a cambiar su forma de ser, siempre fue y será un verdadero compañero peronista".

Así, su mirada se pierde en el muro que se levanta sobre la Plaza de la Memoria y que recuerda a los desaparecidos.

Flores declaró en el primer juicio de Lesa Humanidad, allí denunció como cómplice del proceso al sacerdote Franco Revérberi. 

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Foto. La foto y su nombre en una placa son los únicos recuerdos físicos que quedan de Roberto Simón Ozorio.
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Compañeros. Roberto recuerda a todos los integrantes desaparecidos de su grupo político.

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