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Institutrices. En un primer momento enseñaron a los hijos de inmigrantes. Luego se fundó una escuela privada y más tarde una pública, que aún sobrevive en la ciudad. 

Historia de San Rafael: las primeras educadoras de la antigua Colonia Francesa

María Elena Izuel

Especial para UNO San Rafael

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Si bien es cierto que la necesidad de contar con un médico permanente era prioritario en la Colonia Francesa, también era necesario llevar la educación a todos los ámbitos. Habían arribado franceses, suizos, italianos, que venían de una Europa culta, donde la educación era ya obligatoria y deseaban que sus hijos siguieran estudiando.

En el fuerte funcionaba la Escuela Alternada 1 y 2 desde hacía muchos años, pero era muy difícil trasladarse desde la Colonia Francesa hasta allí. Las familias francesas, en especial la de Iselín, para cubrir la educación de sus hijos, de los hijos de sus vecinos y de algunos empleados franceses contrataron algunas institutrices.

En un principio oficiaron como maestras la señora Fitz-Henry, una mujer viuda que enseñaba piano e inglés a los niños; la señora de Matile, que enseñó algunos años gramática, geografía y cálculo; y la señora de Iselín daba solfeo, historia, literatura y dibujo. Pero al enfermarse la señora de Iselín decidieron traer institutrices inglesas y francesas.

En Buenos Aires halló a una inglesa que aceptó venir, era la señorita Peni. Todos se encariñaron con ella porque era muy agradable, pero al tiempo se casó y se fue a vivir a Montevideo, sin dejar de relacionarse con las familias hasta su muerte. La segunda institutriz fue la señorita Stoll, quien sólo estuvo 18 meses, pues se casó con un francés gerente de Iselín. La tercera institutriz, que permaneció con ellos hasta que los niños fueron a la universidad en Normandía, Francia, fue la señorita Nutchale.

Los franceses, en general, enviaban a sus hijos mayores a estudiar a Francia. En ese marco, Guillermo Iselín se graduó en el Colegio de Agricultura de Montpelier. Dentro de la familia Matile ocurrió un caso muy triste, tenían a sus dos hijos mayores estudiando en Europa, vinieron a San Rafael para pasar las fiestas de Navidad con la familia justo cuando había una epidemia de tifus y los dos jóvenes tomaron agua contaminada y murieron con un día de diferencia.

El resto era gente de trabajo y no poseía dinero suficiente. Con mucho esfuerzo consiguieron instalar una escuela privada, que funcionó a partir de 1884 en un local cedido por el comandante José A. Salas: una señorial casona de adobes rodeada de plátanos, en la zona más poblada de lo que hoy es Pueblo Diamante.

Allí dictaron clases algunas señoras solícitas, que poseían ciertos conocimientos, sobre todo de lengua española que enseñaron a esos niños ávidos de aprender, a esos gringos fuertes y amigables, que no podían comunicarse con el resto, pues no conocían la lengua castellana. Estas mujeres fueron: la señora Mercedes, esposa de un cabo del Regimiento de Cuadro Nacional, luego Gerónima René de Notariani, pero con el tiempo estas mujeres debieron ausentarse y los ansiosos padres enviaron a los niños a la casa de Estela de Moyano, esposa del Platero Laureano Moyano, en una casa levantada sobre el Carril Nacional.

Si bien estas señoras se esmeraron, y dieron todo de sí, no era suficiente, ya que era necesario institucionalizar la enseñanza y así lo comprendieron los miembros de la “Unión Agrícola, Comercial e Industrial", antecedente de nuestra actual Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria, de la que formaban parte los principales propietarios de aquellos tiempos, cuyo presidente era Rodolfo Iselín, el fundador de la Colonia Francesa. En una de sus reuniones, en 1896, decidieron solicitar a las autoridades de la Provincia que crearan la tan ansiada escuela para hacer obligatoria la educación como lo exigía la Ley de Educación Común, ya que sabían que “sin cultura no puede haber verdadero progreso”.

Iselín donó el terreno necesario, ubicado sobre el Carril Nacional, y el resto de la comunidad el dinero para construirla.

Como el doctor Teodoro Schestakow no siempre tenía dinero, plantó con sus manos dos aguaribays, una planta autóctona, en la quinta que rodeaba al edificio, “debajo de la cual nunca hay moscas que puedan molestar”.

Fue creada oficialmente el 27 de octubre de 1897, dependiendo de la Dirección General de la Provincia y de la Nación con el nombre de Escuela Fiscal Alternada de Colonia Francesa Nº 3 de varones y Nº 4 de niñas, que con el tiempo se convertiría en la actual Escuela 25 de Mayo.

Nació en este terruño, en Colonia Francesa, en las Polvaredas, como llamaron a este suelo los primeros que se afincaron, pues el polvo fino y suelto se levantaba al paso de los carros o de los peatones.

Al año siguiente, o sea en 1898, se inauguró el edificio con el frente situado en la antigua Calle Ancha o Carril Nacional, posteriormente llamada Calle Mitre y actualmente Hipólito Yrigoyen.

El edificio tenía el aspecto similar a una bodega, construido con adobes, con techo de cinc a dos aguas, puertas y ventanas muy altas y amplias galerías abiertas hacia el Este y el Oeste. Tras la puerta principal, que daba al Norte se encontraba un enorme reloj.

Estaba situado donde hoy se halla la avenida 9 de Julio, entre el Automóvil Club Argentino y el edificio actual, lugar ocupado en ese entonces por el jardín y la quinta, donde se les enseñaba a los alumnos a trabajar la tierra, ya que nació como escuela agrícola.

El edificio de la primera escuela de la Colonia Francesa se asemejaba a una bodega
El edificio de la primera escuela de la Colonia Francesa se asemejaba a una bodega
En 1908. El alumno que está a la derecha es Federico Suter, hijo de don Otto.
En 1908. El alumno que está a la derecha es Federico Suter, hijo de don Otto.