Las PASO 2019 de este domingo han ganado en complejidad respecto de anteriores ediciones. Se multiplican los ángulos de abordaje y análisis. Hay, cuando menos, cuatro que nos interesan desde la perspectiva mendocina.

La primera y principal, en tanto argentinos mirando a octubre, atañe a la diferencia de votos entre la fórmula Fernández/Fernández y la del Presidente. "Hemos tenido una mala elección", admitió Macri, sin un solo dato oficial todavía, antes de irse a dormir. Eso lo resumen todo. Sinceridad brutal.

La segunda, no menos dramática para los destinos colectivos, es la distancia que media entre Axel Kicillof y María Eugenia Vidal en su batalla por la gobernación de Buenos Aires.

La tercera, también atinente a la suerte de todos, es la tan mentada -y presagiada- votación de los mercados. Es una votación de segundo grado, un brote de la dominical, que tendrá lugar a partir de las primeras horas de este lunes. Puede ser un golpe de nocaut para el Gobierno. O un llamado dramático para sensibilizar, con desesperación, a los que no concurrieron a las urnas.

De todos modos, un empresario local resumió la situación, anoche, con números preliminares en la mano, en términos sencillos: "¡Qué lindos la economía y los mercados hasta el 11 de diciembre!". A prepararse.

El cuarto abordaje es puramente local y tiene una importancia trascendente, porque aquí la oposición ve una oportunidad. Una mangífica chance de mejoría y renacimiento.

El peronismo/kirchnerismo estaba necesitado de un plus, de prender algún sistema turbo que le diera mayor velocidad final a su máquina para dejar atrás una larga, muy larga, serie de derrotas electorales en la provincia. Veían a las PASO 2019 del domingo como una oportunidad y barrutaban que se podría constitutir en una gran equivocación del gobernador al diseñar el actual calendario electoral desdoblado.

La realidad les dio, en cierta medida, la razón

Para las dos elecciones vernáculas que se avecinan, primero en cuatro comunas justicialistas y luego las generales de Mendoza, el PJ siente que se ha fortalecido. Que ha llenado los tanques. Que se ha contagiado de cierto ánimo triunfalista, sobre todo por haberse puesto a la par de la figura del gobernador en el casillero de diputados nacionales.

No es que le hayan mojado la oreja. Pero es como si le hubieran demostrado que no es un tótem inalcanzable sino que tiene estatura humana.
Aunque con esto solo no alcanza. Sobre todo en la competencia por la gobernación que se retoma desde este mismo momento. Para esa instancia, su candidata, Anabel Fernández Sagasti, no podrá ir colgada de la foto de Cristina Fernández como único argumento de campaña. Ahora, por una cuestión elemental, deberá posar un poco más junto a Alberto, un personaje algo zozo en comparación.

Pero, por sobre todo, Fernández Sagasti tendrá un desafío doble. Si quiere convencer a los mendocinos de que está en condiciones de gobernar la Provincia, necesitará demostrar que es, en términos netamente mendocinos, bastante más que una actriz secundaria en las fotos de Cristina o de Alberto. Que calza puntos propios. Porque enfrente, ya despojado del lastre de Macri, tendrá enfrente a la figura aún hercúlea de Alfredo Cornejo, que va a derramar directamente sobre la postulación de su delfín Rodolfo Suárez, un hombre que no teme ser tildado de "candidato silencioso". Antes que hablar y perorar, prefiere mostrarse a través de las obras de su gestión.

Para decirlo de otra manera, la agenda provincial del peronismo/kirchnerismo ha mostrado, hasta aquí, escaso espesor para discutirle mano a mano a un gobernador que, habiendo asimilado el golpe del domingo y aceptado sus causas, conserva, no obstante, una rica variedad de temas e iniciativas para tirar sobre la mesa. Un gobernador que, anoche, antes de cerrar los ojos, habrá maldecido una y mil veces por el "Plan V" que, en su rol de jefe de la UCR, le propuso a Macri y que el Presidente, empacado, le negó de plano.

En suma, hay, en Mendoza, un desafío por delante que, si los dos partidos mayoritarios adminstran con calidad y están a la altura de las circunstancias, puede resultar beneficioso para la comunidad en su conjunto, sin banderías.

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