Arnaud (32) y Florian Frésard (30) son de la región de Jura, al noroeste de Suiza, en el límite con Francia. En 2019 decidieron invertir en Mendoza e instalar una bodega sustentable, que cambiara los paradigmas de la industria en la provincia. Le pusieron 3SAPAS, acrónimo de "tres suizos al pie de Los Andes", que hace alusión a los dos hermanos y su perro Gibbs.
Dos hermanos suizos y su perro tienen una bodega en Mendoza y plantan un árbol por cada botella
La premisa, desde el comienzo, fue crear una bodega sustentable y lograr a largo plazo tener la certificación de carbono negativo, pero comenzaron un proyecto mucho más ambicioso y favorable al medio ambiente. Por cada botella de vino que venden, plantan un árbol.
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Cómo comenzó el proyecto de la bodega 3SAPAS
La historia de los suizos con Mendoza comenzó en 2017 cuando Arnaud, que estudiaba Finanzas, hizo un semestre de intercambio en Buenos Aires, viajó a la tierra del sol y del buen vino y se hizo amigo de un compatriota que tenía una bodega. "Nació de una pasión común que teníamos mi hermano y yo por el vino. Somos de una parte francesa de Suiza, que está pegada a la frontera, que tiene esa cultura muy arraigada", dijo Arnaud a Diario UNO.
En 2019 surgió la idea de lanzar su propio emprendimiento vitivinícola, contactaron a su amigo suizo en Mendoza y los asesoró sobre cómo armar el proyecto. Comenzaron buscando el nombre, el estilo de vino y en dónde ubicar la bodega.
Son dos aficionados, ninguno es enólogo ni bodeguero, Florian trabajaba como ingeniero de relojes y su hermano en finanzas. El hecho de no conocer, de ser nuevos en un mundo de expertos fue un desafío, una "maravillosa aventura" que los llevó a descubrir la profesión del vino y a adquirir las capacidades para progresar.
La evolución de la bodega 3SAPAS
Al comienzo manejaron el proyecto desde Suiza porque era una startup en crecimiento, pero en octubre del 2022 se mudaron a Luján de Cuyo, a 40 minutos de Tupungato, en donde está la bodega. "Nuestro perro, Gibbs, que es un Golden Retriever, vive con nosotros en Mendoza. Era un Golden Suizo, ahora un Golden Mendo Suizo", comentó entre risas.
"Nos encantaba la aventura de poder vivir en Argentina, es un maravilloso lugar y teníamos nuestro proyecto, íbamos a empezar a vender, a comercializar nuestros vinos que empezamos a producir en el 2020, era importante para nosotros estar, cuidar nuestra empresa, manejarla y desarrollarla", sostuvo Arnaud.
Hasta el momento sus vinos los elaboran en otra bodega, mientras construyen la propia, pero con su equipo y sus enólogos. Este año hicieron 250.000 botellas, proyectan hacer 400.000 en 2024 y el objetivo para dentro de cinco años es llegar al millón de botellas, que es la capacidad que tendrá la bodega que están instalando.
Tienen nueve vinos en venta, seis tintos: Malbec y Cabernet Sauvignon crianza que es la entrada de gama; dos reservas, un Malbec y un Cabernet Sauvignon, una gran reserva Malbec y un blend ícono que se compone de 65% Malbec, 30% Merlot y 5% Chenín Blanc.
Además tienen dos blancos, un Voignier y un Sauvignon blanc y un rosado Malbec de Alto Agrelo que fue premiado dentro de los 200 mejores rosados premium del mundo por el concurso IWSC (Iternational Wine and Spirit Competition), en el que había sólo dos argentinos y el resto eran casi todos europeos.
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Por qué decidieron que la premisa fuera el reciclado y la sustentabilidad
"Somos de una nueva generación, tenemos 30 años y somos conscientes de los desastres que tiene nuestro planeta. Hoy día creo que no hay muchas discusiones. Ya empezamos a verlo con las consecuencias del cambio climático y de la contaminación que enfrenta al planeta cada día", dijo el joven.
"Para nosotros era muy importante desde el inicio tenerlo en el foco del proyecto porque al final no hay una segunda tierra, no hay un segundo planeta, no podemos movernos en otro planeta. Estamos todos acá, los animales, los seres humanos, las plantas y tenemos que vivir juntos sobre este planeta porque es el único que tenemos", añadió.
Arnaud sostuvo que era central que el proyecto sea respetuoso con el medio ambiente, la naturaleza y por ello trabajaron desde el inicio sobre los procesos de producción. Por ejemplo, en reducir la huella de carbono en los envases, es decir, botellas, liviana, etiquetas y tapones reciclados y una transición orgánica del viñedo. Su premisa es compensar una parte del impacto negativo que generan y contribuir de manera positiva al planeta.
La etiqueta es un papel reciclado, que eligieron con su proveedor y los tapones, que no son corchos porque serían naturales, son fabricados en San Juan por la empresa Nova Corp, que es internacional, con caña de azúcar reciclada. Con respecto a los envases, Arnaud sugirió, que Mendoza o Argentina debería tener un sistema, como en Europa, que se reciclen todas las botellas de vidrio y reintroducirlas en el ciclo.
"Queríamos hacer más para poder contribuir de manera positiva para el planeta. Buscábamos un proyecto para poder tener un impacto concreto y tuvimos la idea de hacer el programa "Una botella, un árbol", donde por cada botella que vendemos apoyamos la plantación de un árbol nativo en campos o ecosistemas degradados o zonas amenazadas por deforestaciones.
"Una botella, un árbol"
Las primeras ventas de botellas de vino las hicieron en agosto de este año y sólo con ese mes plantaron más de 2600 árboles. 3SAPAS trabaja con la ONG Un Árbol y cuando ellos cobran de sus clientes el dinero, que generalmente tienen plazos de 60 días de pago, ellos transfieren la plata a la organización para que plante los árboles. En las etiquetas de cada botella hay un código QR que se pueden escanear y deriva sobre una página que explica el programa.
Arnaud contó que un árbol, al ser en bosque o en reservas, tiene un promedio de vida de 100 años y el impacto que generan es a largo plazo, con la vida de cada árbol se compensa la huella de carbono de 1.000 botellas.
"Es independiente de 3SAPAS porque una vez que hicimos la donación para plantar ese árbol, nosotros no tenemos más incidencia, no podemos volver o cambiar, ese árbol queda. Le da un valor agregado para el consumidor, porque las bodegas pueden certificar vinos orgánicos, pero si mañana cambia el dueño o la estrategia, no son más orgánicos y todo el beneficio se pierde. Nosotros no podemos hacer eso, una vez que el árbol está en el campo, vive su propia vida", agregó.
El objetivo a largo plazo es poder certificar como una empresa de carbono negativo, pero por el momento, se concentran en este proyecto. "Queríamos hacer algo concreto que sea entendible para el consumidor final y que tiene un impacto positivo. Es simple, es un mensaje donde por cada botella apoyamos la plantación de un árbol, es mucho más fácil de explicar, comunicar y el cliente sabe lo que compra", dijo Arnaud.
Además, explicó que la mayor parte de las bodegas están descubriendo ahora su lado sustentable, después de 30 años y quiere hacer la certificación de orgánico, biodinámico, carbono negativo o neutral, empresa B, sólo para mostrarla. "Nosotros lo que queríamos hacer era algo más sencillo, que cuando alguien compre una botella 3SAPAS, entienda lo que hay detrás, cerró.











