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Trabajar de revulsivo no es moco de pavo. ¿No, Asís?

Jorge Asís solía definirse como marxista-menemista. Ahora este bon vivant de arrabal ha transformado el cinismo en una de las formas del entretenimiento. Y no lo hace mal

Jorge Asís (74), esclarecido comentador de los pormenores de la Nación argentina, ha dicho que "Alberto Fernández es en realidad el jefe de Gabinete del gobierno, pero con rango de presidente". Y ha agregado que la carta de Cristina, pese a lo que se dice, "lo salvó" al mandatario. Escritor, periodista, político, busca profesional, diplomático y bon vivant de arrabal, este tipo ha transformado el cinismo en una de las formas del entretenimiento. Tiene su mérito.

Los miércoles, en Animales sueltos, por América, vendedor nato como es, se especializa en lanzar, cuidadosamente preparadas, una serie de frases provocadoras que él y su entrevistador, Luis Novaresio, van a ver rescatadas al otro día en buena parte de los medios digitales.

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Asís es uno de los personajes más encabronadamente revulsivos de ese entramado donde se mezcla la política, el espectáculo y la ficción. Como pocos, ha construído un personaje complejísimo y popular a la vez. Donde mejor se mueve es horadando la realidad desde las márgenes del peronismo, ámbito político al que le gusta echarle a diario un poco de sal en las heridas mientras se descostilla de risa.

Ladrón y periodista

Asís tiene el mérito de haber imaginado uno de los nombres más hermosos de la literatura para un libro suyo: Flores robadas en los jardines de Quilmes. El libro, que es bueno, no está a la altura de ese título. Y también posee el mérito de haber abierto durante la última dictadura una ventanita donde se nos permitía respirar. Nos referimos a las crónicas de la cotidianidad que escribía en Clarín, luego reunidas en el libro El Buenos Aires de Oberdan Rocamora, que es el seudónimo con el que firmaba esas "aguafuertes" (un estilo periodístico que en los ´30 había popularizado Roberto Arlt).

En 1971 escribió su primer libro, La manifestación, seguidos por otros que lo instalaron en las capillas literarias. Pero su éxito mayúsculo fue Flores robadas....Luego de eso dejó (o lo fueron) el periodismo. Asís dice que en Clarín no le perdonaron su éxito como literato. Por esa época, suele contar, firmó un contrato con una editorial española que le permitió comprarse una casa "con teléfono" algo muy apreciado en esas épocas en que reinaba Entel. El haber triunfado con un libro en plena dictadura lo puso en el centro de una discusión de la que nunca logró salir del todo. Los detractores se preguntaban por qué los militares no lo habían molestado.

Caliente con Clarín, se encerró a escribir y en cinco meses publicó Diario de la Argentina, una novela canalla pero muy divertida, donde saca al sol una serie de trapos sucios de esa empresa, de sus dueños y de los periodistas con los que había compartido vida y pasión durante seis años. Eso le significó quedar interdicto en ese diario durante años y que muchos del medio le hicieran la cruz.

Esquivando el tuco

Asís, quien decía venir del marxismo, saltó a fines de los ´80 a lo que definió como marxismo-menemismo, una forma paqueta de quitarle desprestigio al "quemo" de ponerse a las órdenes del presidente riojano que ubicó al peronismo en el liberalismo extremo y a la corrupción como una mancha de tuco gigante.

Para no mezclarse con el chusmerío político local logró que Menem lo nombrara diplomático. Primero en París como embajador ante la Unesco y luego en Lisboa, Portugal, como nuestro representante. La pasó bomba viajando por el mundo, codeándose con la crema y lejos de las María Julia y de aquel Gordo al que le decían Don Fulgencio y que curraba en la Casa de la Moneda.

De vuelta en la Argentina siguió escribiendo novelas y ensayos políticos, ninguno de los cuales fue best seller aunque tampoco pasaron desapercibidos, en particular La marroquinería política. Le encontró la vuelta a su rol de analista político desestructurado tanto en medios tradicionales, pero sobre todo en su sitio digital donde se pregunta cosas como "Por qué la corrupción se ha convertido en el método inexorable para el escalamiento social".

Es un crítico singular del kirchnerismo, pero un admirador pecaminoso de Cristina a la que llama todo el tiempo -socarronamente- "la doctora", pero de la que siempre termina diciendo que es la más viva de todos.

No debe ser fácil trabajar full time de provocador, pero éste es un turco avispado y recontra curtido en las las lides del picudeo.