El sábado pasado, un día después de que la "ley antiminera" fuera reformada por la Legislatura, y antes de que partiera desde diversos puntos de la Provincia la masiva marcha a favor del agua y en contra de esa reforma, terminé de ratificar, por un título que vi en un diario español, que las cosas no iban a ser fáciles ni para el novel mandatario Rodolfo Suarez ni para los cambios introducidos en la Ley 7722, votada por una mayoría de radicales y peronistas.
El título del diario El País, de Madrid, decía: "Miles de argentinos protestan contra el uso de cianuro en la minería" , y estaba acompañada de una importante foto aérea de los manifestantes en la explanada de la Casa de Gobierno de Mendoza. Ese mismo concepto, el de que se trataba de un reclamo de "los argentinos" y no de los "los mendocinos", se comenzó a repetir en otros medios de prensa del mundo.
Ratifiqué entonces que esta movida ambientalista estaba dispuesta a envalentonarse. No tenía visos de esfumarse de un día para otro ni aún con la promulgación de la reformada ley por parte del Ejecutivo. Quedó corroborado cuando tras la Navidad, y en vista de lo que se venía, el gobernador Suarez decidió frizar por dos o tres meses la reglamentación de la norma.
¿Qué es lo que se viene?
Lo que se viene es, ni más ni menos, que la utilización de la Fiesta de la Vendimia (tanto en los departamentales como en el Romero Day) por parte de la muy activa militancia ambientalista y de los partidos de izquierda para amargarle el derrotero político a Rodolfo Suarez.
Ya hubo suspensión de la Vendimia de la ciudad de Rivadavia por el copamiento del predio donde debía realizarse, y seguramente ocurrirá lo mismo en cada una de los festejos distritales y departamentales. Y, sobre todo, en los actos centrales de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Esto es lo que obligó a Suarez a abrir un compás de espera, a fin de generar un diálogo donde el Gobierno intentará romper algunos mitos que se han tomado como verdades por la militancia ambiental.
Nadie es profeta en casa




