Hay otros dirigentes kirchneristas que robaron mucho más que él. Sin embargo José López, a quien el matrimonio Kirchner llamaba cariñosamente Josecito, es quizás el más "tierno crápula" de todos los corruptos que en nuestro mundo han sido.
Ni siquiera la condena a seis años de prisión que la Justicia acaba de zamparle por la cabeza podrá borrar los momentos de auténtica bizarría que le hizo vivir al pueblo argentino.
Debe ser porque pocas veces en la historia nacional y popular uno de sus funcionarios le ha proporcionado al pueblo un suceso tan desfachatado, propio de algunas viejas películas italianas.
Nothing compares to you
Nada se compara a lo de Josecito arrojando bolsos con nueve millones del dólares hacia el interior de un convento católico para esconderlos.
Fue en junio de 2016, medio año después de que el kirchnerismo ya no fuera gobierno. En ese lapso el pobre López anduvo con su plata del enriquecimiento ilícito de arriba para abajo, sabiendo que la Justicia le pisaba los talones.
¿No fueron acaso conmovedoras aquellas imágenes de la monjita ayudándole a arrastrar los bolsos y las ametralladoras hacia adentro del convento católico para poner los verdes a buen resguardo.
Roberto Moldavsky dijo por entonces con humor (es decir, en serio) que el trabajo encargado a esa melange de peronistas y católicos torpes jamás hubiera salido mal si López hubieran llevado los bolsos con dólares a una sinagoga.
Nadando en billetes
José López no era un Juan de los Palotes. Fue clave en el formidable entramado de la corrupción kirchnerista. Tanto en la presidencia de Néstor como en las dos de Cristina, éste López fue la mano derecha del ministro de Planificación, Julio De Vido.
Es decir que nadó a destajo en las aguas del ministerio donde se manejaba toda la plata para la obra pública y donde se concretaron los peores chanchullos del gobierno.
Ese gobierno que decretó que en el país no había más inflación y que no se podía hablar de la cantidad de pobres con que contábamos porque eso era rebajarlos.
Es-cán-da-lo, es un escándalo
El diario El País, de Madrid, llegó a decir cuando López cayó preso por los bolsos que "ni siquiera la Argentina, un país acostumbrado a los escándalos, estaba preparado para una imagen tan burda".
El kirchnerismo había sufrido un supuesto "golpe demoledor". El tiempo y cierta argentinidad han demostrado que no era tan así. Los hechos incontrastables de la realidad no parecen haber hecho mella en el núcleo duro de quienes siguen a Cristina.
Ni éste ni otros escándalos mayúsculos de corrupción (Lázaro Báez, Ricardo Jaime, Cristobal López, Julio De Vido, Roberto Baratta, Los cuadernos de la corrupción, los empresarios que admitieron ante la Justicia haber pagado coimas al Gobierno para que les dieran obra pública, entre otras muchas maravillas y apellidos) han impedido que Cristina Fernández de Kirchner siga teniendo a una parte del país rondando en torno a ella.
E incluso a dirigentes peronistas, aliándose con Cristina luego de haber dicho todos estos años que el peronismo no podía crecer con ella adentro.
Telón
La condena a José López tendría que ser tomada como algo ejemplar y como un hito contra esa peste llamada corrupción argentina. Pero lo más probable es que sea comidilla para unos días y luego carne de olvido.
Ocurre que Josecito no es sólo un corrupto al pasar. Es, nos guste o no, nuestro corrupto. Nacional y popular, quizás. Tal vez un corrupto inclusivo. Pero sin duda un corrupto que "el sistema" dejó actuar a gusto y placer.
¿Y sabe qué? "El sistema" somos todos.




