Y no hubo sorpresas. El resultado fue la confirmación de lo que supusimos, quien más quien menos, después de las Paso.La distancia entre aquel 11 de agosto y el 27 de octubre se hizo eterna y pasó de todo: devaluación, disparada de la inflación, pérdida de reservas, caída de los bonos, mayor recesión, entre otras calamidades.
De ahora en más serán cruciales las señales que den Alberto Fernández y Mauricio Macri.
La novedad para Mendoza es que Alfredo Cornejo logró una elección inmejorable, que lo deja posicionado para seguir liderando el radicalismo nacional.
El mejor clima ya se venía notando claramente con el voto que consagró como su sucesor en la gobernación de Mendoza a Rodolfo Suarez. Esta elección deja una base óptima para la nueva gestión provincial y les permite ingresar a la Cámara a Jimena Latorre y a una figura fuerte como Omar De Marchi, con experiencia en esa liga.
Alfredo Cornejo promete ser un activo puntal en el Congreso, no sólo como diputado mendocino, sino como una de las voces fuertes de la oposición.
El representante mendocino tiene por delante, además de la función legislativa que lo tendrá como interlocutor privilegiado de Suarez, una agenda con la prioridad de fortalecer la coalición opositora y ser un artífice en la búsqueda de acuerdos impostergables con el gobierno de Alberto Fernández. Su promesa, lo ha dicho más de una vez, es colaborar con una mejora en el nivel de la deliberación pública de los grandes problemas nacionales.
Y, lo quiera o no, Cornejo también queda en la grilla de partida para las próximas presidenciales. Cuatro años son mucho en escenarios inestables pero, en política, al tablero electoral se lo avisora mucho antes de que se muevan las fichas.
La temida transición
Fue arduo llegar hasta las elecciones generales con un presidente debilitado en campaña y con un candidato opositor con todas las expectativas a su favor.
El mayor desafío ahora es mantener relativa calma con los mejores gestos de sensatez entre Macri y Fernández, y sus respectivos equipos técnicos, para que se pueda avanzar sin tanta zozobra en estas horas difíciles para el país.
El gobierno por venir tiene graves flagelos por resolver, como la pobreza y la desocupación. Tendrá que encarar una reestructuración de la deuda y enfrentar el problema de la inflación sin aumentar el déficit, a estas alturas muy difícil de financiar, más aún en un contexto recesivo. Junto a un programa creíble con consensos básicos, deberá incluir en sus planes las reformas que nos lleven a un largo plazo de crecimiento sostenible e inclusivo. De cometer errores, la hiperinflación nos espera a la vuelta de la esquina. Los argentinos sabemos de esto. Pero también sabemos poner el hombro y necesitamos tener esperanza.



