Cada vez es más evidente que Alfredo Cornejo no le hace asco a tener que liderar la oposición a Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Por el contrario, quiere estar en esa primera línea. Lo estimula.

Sabe que una derrota de Macri en la primera vuelta dejará al hoy presidente golpeado e imposibilitado para esa tarea cotidiana de controlar a los Fernández desde diciembre.

No ignora que esa bandera opositora a la futura Casa Rosada también la enarbolará el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta al que las encuestas le auguran un nuevo triunfo en la capital argentina.

Desapichonar

Habrá que ver cómo manifesta Larreta su temple político y su liderazgo ahora que ya no tendrá el peso obsesivo de Macri apichonándolo.

Larreta ha tenido la habilidad de ser absolutamente leal al Presidente y al mismo tiempo la inteligencia de hacer "la suya" en el ámbito porteño gambeteando a los Marcos Peña y otros pelmazos de la mesa chica presidencial.

Lo más factible entonces es que sea la dupla Larreta-Cornejo la que coordine esa tarea de encontrarle piojos a la gestión kirchnerista, aunque ya se ha convenido que esa labor opositora no va a ser una cosa desbocada sino hecha con prudencia republicana, que es lo que la ciudadanía quiere ver sobre todo en los primeros meses de un nuevo gobierno.

¿Me entendés?

Cornejo sabe que Larreta tiene una cintura política más flexible y realista que Macri. Se puede entender con el pelado jefe de Gobierno sin que lo miren como si fuera un marciano del interior.

¿Y Lilita? La Carrió ha hablado tantas pestes de los radicales, en particular de Cornejo, al que asocia a Coti Nosiglia, que es impensable que vayan a funcionar juntos contra un gobierno kirchnerista. Los únicos radicales que bancan a Lilita son los del cordobés Mario Negri.

Cornejo quiere sumar al futuro frente opositor a exponentes del peronismo republicano. Por estas horas ya lo habló en Mendoza con Juan Manuel Urtubey, gobernador salteño y compañero de fórmula de Roberto Lavagna. 

Sin fractura

Desde afuera se "lee" que el triunfo supuestamente cantado de Alberto y Cristina servirá para desaconsejar cualquier fractura en el ex Cambiemos y hoy Juntos por el Cambio.

Ese es el otro objetivo que, pese a todos los cortocircuitos, Cornejo dice que   quiere mantener: ni el PRO ni la UCR van a ningún lado solos.

Juntos, en cambio, tienen chances de volver a renacer, sobre todo después de los triunfos resonantes que la coalición tuvo en Mendoza y que este fin de mes se estima que tendrá en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Cornejo no tendrá descanso. Cuando el 10 de diciembre le entregue el bastón de gobernador a su delfín Rodolfo Suarez ya tendrá puesto el traje de diputado nacional. El Congreso  es territorio conocido, pero ahora llegará con un trainning político que le permitirá moverse como pez en el agua.

La sucesión de  batallas que ha debido librar desde que está al frente de la UCR nacional, en particular tendientes a dotar a Cambiemos de una plataforma más política y flexible, lo ha posicionado mejor ante el círculo rojo.

Y hasta le ha abierto el saludable ejercicio del humor, ese que le ha  permitido decir: "La Argentina no puede estar sin mí como presidente. Voy a candidatearme en el 2023".