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Comerciantes y vecinos de varios complejos aseguran que detrás de los asaltos y robos que sufren están delincuentes que se refugian en la villa San Expedito.

Una villa tiene a maltraer a barrios privados de El Challao

Por UNO

Rosana Villegasvillegas.rosana@diariouno.net.ar

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“Acá te roban, te dejan que te repongas y te vuelven a robar. Vivimos rogando que estos delincuentes de la villa que tenemos acá cerca no vengan dispuestos a matarnos”. La afirmación, repleta de impotencia, le pertenece a  un vecino del barrio privado Raiken, de El Challao, en Las Heras, pero bien podrían ser las palabras de varios propietarios y comerciantes de otros tantos complejos de ese distrito que denuncian una ola de robos que no los dejar vivir. En una casa robaron tres veces en sólo un mes.

Hace una semana el dueño del negocio ubicado en la base de parapentes Club vuelo libre, del cerro Arco, llegó hasta allí para abrir su local pero sólo encontró el inmueble. “Me lo saquearon. Se llevaron absolutamente todo,  heladeras, freezer, cocina y hasta la vajilla para unas 40 personas, porque nosotros hacemos la recepción de turistas y teníamos todo armado para eso. Yo calculo que mínimamente tienen que haber venido en una camioneta o un camión para cargar todo lo que me robaron, en total perdí unos $50.000”, contó Adrián Alvarez (40), todavía lleno de bronca al recordar que 15 días antes había sufrido un robo similar en su casa de otro barrio cerrado.

Para estas víctimas, después de cada robo, todas las huellas que persiguen los canes de la policía conducen a la villa San Expedito, ubicada detrás del barrio privado Raiken, detrás del río.

“Yo me iba a ir de viaje y  justamente por los robos decidí dejar a un amigo cuidándome la casa, por eso me fui al súper para dejarle algo de comida. Me habré demorado una hora y cuando volví se habían llevado todo: desde  el microondas y otros electrodomésticos hasta máquinas soldadoras y amoladoras. Cuando descubrí el robo me enfurecí y salí a perseguirlos, mientras avisaba a la policía. Ahí rastreándolos, encontramos 6 bicicletas  apiladas en la zona del piedemonte”, contó Jorge Bauzá (60), quien recordó haber visto en la puerta de una de las casas de esa villa la pileta que le había comprado a su hija el verano pasado.

El jueves pasado le tocó el turno a otra casa del barrio Corredor del Oeste, cuyo dueño, Braulio Sánchez, llegó a su casa y se encontró a unos 7 jóvenes que salían de ella llevándose una computadora y dos parapentes que el  hombre usa para su actividad en la instrucción de ese deporte.

“Habían hecho un agujero en el cierre perimetral y por ahí se metieron. Parece que era el segundo viaje porque ya se habían llevado dos costosas cámaras –una fotográfica profesional y una de video– que costarán cerca de  U$S3.000”, señaló el parapentista, mientras mostraba los daños que dejaron en su propiedad. En ese mismo barrio, las visitas de los delincuentes son moneda corriente: “En la casa 26 de la manzana I, que es de un policía, robaron tres veces en sólo un mes y en otra vivienda de la manzana 18 también entraron un par  de veces en el mismo mes”, aseguró un guardia de ese complejo.