Por Catherina [email protected]
La inseguridad es una sensación. Esto es lo que hasta el cansancio escucho casi a diario desde las esferas del poder, que parecen estar viviendo en otro planeta, porque en este están totalmente ausentes.
La inseguridad, esa que nos golpea fuerte día a día, parece un problema de nosotros, no del Estado.
Protegernos, para qué vamos a hablar. Hacer prevención, una utopía. No quieren comprender el hartazgo y el dolor de las víctimas –las que sobreviven– y de sus familiares.
Total, a ellos no les toca porque tienen custodia las 24 horas, y entonces “la inseguridad” es una sensación. Que se los digan a las familias Conte, Prado y a tantas otras que no encuentran, a pesar de que la buscan desesperadamente, una respuesta que alivie sus llagas.
Porque la muerte de un hijo, un esposo, un padre, es una llaga abierta que el Estado no tiene aparentemente interés en sanar.
Todos estamos solos –con esto no quiero ser catastrófica pero las circunstancias me lo demuestran–, ya que la ausencia del Estado es notoria, y por eso la inseguridad es real.




