Rosana Villegas
El hombre de 49 años que ayer apareció asesinado a puñaladas con su madre (65) en su casa de la Sexta Sección, de Ciudad, había llegado a la vivienda familiar pasada la medianoche a esperar una visita. Sobre esta persona, que habría llegado a ese domicilio cerca de la 1, están puestas todas las miradas, ya que, según las primeras pericias, ambas víctimas habrían sido asesinadas cerca de esa hora.
Por el momento, el crimen denota un gran ensaña-miento con las víctimas, ya que el hombre habría recibido más de 10 puñaladas, fue degollado y le amputaron un dedo, mientras que su madre tenía un profundo corte desde el pecho hasta una axila. Según trascendió ayer, en la habitación del hombre la policía encontró tubos con cocaína.
Hugo Armando y su madre Teresa Nélida Montesinos vivían, desde que él se separó, en una antigua y desmejorada casa de la calle Francisco Moyano, entre Newbery y Maure. Justo frente a su domicilio, en una de esas construcciones de largos pasillos y habitaciones a los costados, vivían unos 10 familiares, entre ellos sobrinos de la mujer y un par de nietos, cuyo padre está en la cárcel condenado por un robo agravado seguido de violación.
Al parecer, la noche del viernes Hugo habría salido con alguno de sus primos de enfrente y otro más que sería policía. Este efectivo contó que lo dejó en la esquina de su casa cerca de las 0.45, luego de compartir unos tragos. Supuestamente el grupo de amigos y primos planeaba extender la salida e iban a otro bar, pero Hugo pidió que lo dejaran en su casa porque esperaba una visita.
Todo hace suponer que esa persona habría llegado a la casa cerca de la 1, cuando Teresa ya estaba durmiendo.
Hasta ahora, los investigadores no han logrado dar con alguien que diga haber escuchado algún grito o pedido de auxilio, pero se calcula que a esa hora se produjeron los asesinatos.
A juzgar por las manchas de sangre que quedaron en toda la casa, Hugo habría sido atacado en su habitación, para terminar cayendo sin vida en el living comedor de la casa, que también hacía de habitación de su madre. Allí se desplomó su cuerpo con más de una decena de puñaladas y una mortal que le atravesaba el cuello. Además, como mensaje mafioso, al hombre le amputaron de cuajo el dedo anular de la mano izquierda.
Su mamá tampoco pudo escapar de él o los agresores. Ella recibió también varios cortes, pero le quitó la vida una profunda puñalada que empezaba en su esternón y terminaba debajo de su axila derecha.
Así los encontró uno de sus familiares que había ido a buscarlos un par de veces y que al no hallar respuesta tocó a la puerta, notó que estaba abierta y al entrar los halló tendidos ya sin vida. No les habían robado nada.
En la casa no se encontró el arma homicida, sólo un palo manchado con sangre.
Una vinculación con la droga
En el barrio todos conocían a la familia Montesinos. Muchos de los vecinos le daban trabajo a la anciana mujer –que según dicen aparentaba muchos más años de los que tenía– y le pagaban para que les barriera la vereda o hiciera limpieza en sus viviendas, depositando toda la confianza en ella.
De su hijo, en cambio, no se confiaban demasiado. Hay quienes aseguraban que el hombre, que trabajaba de barrendero en la comuna de Capital, tenía algunas juntas un tanto sospechosas.
Los investigadores del caso sumaron a esta desconfianza que Hugo tenía antecedentes policiales, por infracción a la ley de estupefacientes.
Ayer en su habitación la policía encontró un par de tubitos de vidrio con cocaína, que fue secuestrada para saber si de ellos se pueda obtener alguna huella que colabore con la investigación.
En tanto, los pesquisas, al mando de la fiscal de Delitos Complejos Claudia Ríos, esperaban ayer el resultado de la necropsia para confirmar cómo se produjeron ambos asesinatos y establecer si se detectó en el cuerpo del hombre alguna sustancia ilegal.




