Policiales
Karen Retamales (20) y Sebastián Albornoz (21) estaban de novios hace dos años. El grave hecho ocurrió en el Acceso Sur y Lamadrid de Guaymallén, ante otros amigos, cuando regresaban a la casa de ella.

“Podrían haber formado una familia hermosa y terminaron en un cajón”

Por UNO

“Estaban de novios desde hacía dos años. Se peleaban pero se querían mucho, se amaban con locura”. Así definió la historia de amor de Sebastián Albornoz (21) y Marlene Karen Retamales (20) Rosa Bustos, madre de la chica, mientras acariciaba la mano de su hija sin parar de llorar. Contó también que Sebastián siempre solía decirle a Karen: “Si vos te morís yo iré atrás tuyo”. “Fue una premonición, no la dejó sola”, agregó la mujer y sumó: “Podrían haber formado una familia hermosa y terminaron en un cajón”.

Los dos féretros estaban allí, juntos, como hubieran querido estar ambos en la eternidad. Es que el amor que se sentían era intenso, “diría único”, remarcó Rosa, y siguió: “Me gustaría que ella supiera que él está a su lado, que el amor de su vida se fue también con ella, no la dejó”. Los sollozos de ambas madres y hermanos de los dos jóvenes muertos en una circunstancia tristísima e inédita en Mendoza (y tal vez en el país) eran lo único que se escuchaba en la sala velatoria de carril Godoy Cruz casi Mitre, en Guaymallén.

El lunes fue el cumpleaños 21 de Sebastián y lo festejaron en la casa de él, en calle Zapiola 233 de Guaymallén. A la madrugada, y cuando iban con otros amigos de regreso a la vivienda de Karen, en Las Heras y Sarmiento, cruzando el Acceso Sur, tal vez por una discusión banal ella se habría arrojado debajo de un auto y murió en el acto. Sebastián miraba horrorizado la escena y sus gritos eran desgarradores. Tuvo que ser contenido por la policía, pero apenas se enteró de que ella había muerto se liberó de quienes lo custodiaban y consolaban –era de contextura grande– y corrió hacia el Acceso Sur casi Lamadrid donde estaba tirada Karen, la miró por última vez y luego no lo dudó un instante: preso de un dolor indescriptible se tiró debajo de un camión, lo que lo mató instantáneamente. Lo que había sido un cumpleaños feliz terminó en una tragedia que truncó una historia de amor y proyectos de vida.

La Justicia investiga los hechos.

El velorio

El primer piso del edificio donde estaban los féretros a cajón abierto, con una fotografía de cada uno de ellos –ella cuando había egresado el año pasado, él integrando un equipo de rugby– estaba colmado de familiares y compañeros de curso del CENS Padre Jorge Contreras, de San José, Guaymallén, que el martes cerró sus puertas en señal de luto.

Afuera la vereda y parte de la calle también estaban repletas de muchas personas, principalmente jóvenes que demostraban toda su congoja ante tan irreparable pérdida. Pasar entre ellos era casi imposible, al igual que subir las escaleras hasta la sala velatoria, porque muchos chicos estaban sentados en ellas. Casi unas 100 personas hubo allí en las primeras horas del velorio.

Sebastián era el más chico de cuatro hermanos: Pablo, Fernando y Valeria. Karen, por su parte, era la mayor de tres hijos del matrimonio Retamales, dueño de una panadería en Las Heras y Saavedra de San José. Sus hermanos Antonella, Cristian y Diego estaban también allí, desolados.

A medida que pasaban los minutos era incontable la cantidad de gente que se acercaba a dar el pésame a las dos familias.

“Sebastián era inquieto y cariñoso”

Así definió a Sebastián Oscar Barroso, quien fuera su profesor de Formación Ética y Relaciones Humanas en el CENS. “Ella se recibió el año pasado, mientras él estaba en segundo año. Creo que se conocieron mientras cursaban. Sebastián era inquieto en la escuela, pero sumamente cariñoso. En cuanto a Karen era una chica normal, todo fantástico. Yo supe ahora que estaban de novios”.

En el rostro del profesor era visible toda la amargura que se puede sentir ante un suceso tan triste. Mirando a su hijo contó que Sebastián “era compañero de él en rugby y yo conozco a las dos familias, que son personas excelentes. Por eso estamos todos aquí, acompañándolos en un dolor que no tiene límite”.

Sobre la tragedia de sus dos alumnos, con un nudo en la garganta dijo: “Me dejó muy consternado. Qué más se puede decir ante lo inexplicable. Todos sus compañeros están acá, usted puede verlos, los chicos no tienen consuelo, los grandes tampoco. Se merecían otro destino”, concluyó Barroso.

por Catherina Gibilaro

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