Era feriado. El primer día de mayo. Rodeo de la Cruz. Un estruendo en la madrugada asustó a los vecinos del barrio Progreso en Guaymallén. Desde entonces, el hombre que baleó a un vecino fue tratado por la Justicia como un homicida. Hasta este lunes, cuando terminó desvinculado en el expediente.

Probablemente, el momento más feliz de este 2020 fue cuando escuchó al juez Juan Manuel Pina decir: "Ordenar el sobreseimiento de Luis Gabriel Vergara". En palabras claras, el hombre que cometió el ataque en Guaymallén quedó en libertad porque se mostró que el disparo que efectuó fue en legítima defensa.

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Hubo una prueba que cambió todo. Porque hasta hace un puñado de semanas la fiscal de Homicidios Claudia Ríos lo tenía detenido e imputado por intentar asesinar a Jonathan Emanuel Bustos. La defensa de Luis Vergara aseguraba que el tiro fue para defenderse, pero las evidencias no acompañaban el relato. Hasta que una mancha de sangre fue su salvación.

El rastro hemático se encontró en una pilastra que da acceso a la casa de Luis Vergara. Y los laboratoristas confirmaron que se trata de sangre de Bustos. Es decir, cuando el hombre recibió el disparo que impactó en su cráneo -no le afectó el cerebro y se salvó por cuestión de milímetros- estaba intentando entrar o salir de la propiedad.

En palabras técnicas, se trató de una "legítima defensa privilegiada". Es decir, cuando el autor del ataque rechaza a una persona que está escalando para ingresar a su propiedad. "Más legítima defensa no hay", graficó una fuente judicial.

También quedó claro el motivo: quería robarle. Esta versión se apoyó en que existía un conflicto previo entre los protagonistas por el reclamo de un teléfono celular.

Lo cierto es que tras el sobreseimiento, que había sido pedido por la propia fiscal Claudia Ríos, Luis Vergara quedó desvinculado por el hecho de sangre y ahora sólo le quedó una causa judicial porque no tenía los papeles para portar el arma de fuego, pero como es un delito menor quedó en libertad.