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A Javier López Ochoa, la Tercera Cámara del Crimen le aplicó la pena máxima el 23 de noviembre de 2012. El caso fue apelado ante la Suprema Corte de Justicia, que pese al tiempo transcurrido no resolvió su situaci&o

Doble crimen: sigue libre a pesar de estar condenado a prisión perpetua

Por UNO

Por Catherina Gibilaro

cgibilaro@diariouno.net.ar

Uno de los crímenes más espeluznantes de la historia de Mendoza es sin duda el que les costó la vida a Antonio López (78) y su esposa, Beatriz Ochoa (68). Ambos fueron asesinados de numerosas puñaladas por dos sicarios contratados por su hijo adoptivo, Javier López (42), el  28 de febrero del 2008. Fue en su vivienda de Vistalba, Luján de Cuyo.

Toda Mendoza se estremeció ante un doble crimen cometido con tanta alevosía y ensañamiento ya que ambos cónyuges además de ser maltratados con singular saña recibieron 28 puñaladas el hombre y 14 su esposa.

Llegar al autor material del hecho no fue difícil y la misma noche del asesinato, el fiscal de Delitos Complejos Luis Correa Llano ordenó el arresto de Javier López, hijo adoptivo de la pareja –vivía con ellos desde que tenía 6 años–, porque había puntos que no cerraban en su relato. 

Lo sindicó como ideólogo del asesinato de sus padres y luego lo imputó por el delito de homicidio agravado por el vínculo. 

Pero no sólo sobre él cayo la imputación sino también sobre otros dos sujetos que serían los que el contrató para matarlos, previo asegurarles que les pagaría por el “trabajo” la suma de $10.000.

En noviembre del 2012 y con la instrucción concluida comenzó el debate, que se realizó en la Tercera Cámara del Crimen, integrada por Agustín Chacón, Belén Salido y Gabriela Urciuolo. 

 En un fallo unánime, y tal como lo pidió en un excelente alegato la  fiscal Paula Quiroga, le aplicaron la pena de prisión perpetua.

Pero hay historias que, aun amparadas en la ley, suelen dejar a la sociedad y a los familiares de las víctimas con un sabor amargo en la boca. 

En este caso en particular, López Ochoa, en vez de pasar directamente al penal a cumplir su condena, fue dejado en libertad por decisión del tribunal. O sea en la misma condición que llegó a juicio, porque se habían vencido los plazos procesales de la prisión preventiva.

 Concretamente estuvo tres años sin que lo juzgaran, tardanza de la Justicia que benefició al imputado.

Cuando dictan una perpetua cada tribunal aplica su criterio y no hay una unidad respecto a este punto. 

Muchos detenidos con la misma pena son llevados directamente al penal Almafuerte a cumplirla. Hoy, a 7 años del doble homicidio, el condenado sigue libre. 

Su abogada, Alejandra Ruiz, elevó un recurso de casación a la Suprema Corte de Justicia para revertir la condena, pero el máximo tribunal, pese al tiempo transcurrido –más de tres años– todavía no lo ha resuelto. 

Este es un punto crucial, porque no sólo perjudica al condenado sino que afecta a la familia damnificada ante semejante pérdida. 

Además, durante el último año el hombre cumplió a la perfección con todos los requisitos fijados por la Justicia, por lo que hasta que la sentencia quede firme el hombre estará fuera de los muros de la prisión.

El resto de los imputados

El expediente que instruyó Correa Llano tuvo otros dos imputados. Uno de ellos, un menor de edad, fue condenado a tres años de prisión en suspenso en un juicio abreviado, que es cuando el imputado confiesa ser autor del delito y entre el fiscal y la defensa acuerdan una pena, siempre y cuando sea aceptada por el tribunal.

Sin embargo, el representante del Ministerio Público Oscar Giacomassi apeló el fallo y asegura que la pena dictada no es la que indica la ley. 

Por su parte, un tercer cómplice, identificado como Luis Piñeira, se fugó tras recuperar la libertad por los mismos motivos que López Ochoa.

►50 mil es lo que habría cobrado el día anterior al doble crimen Antonio López por la venta de una camioneta Toyota Hilux. Hizo la operación junto con su hijo Javier. Los investigadores creen que este fue el móvil del doble asesinato.

►Espeluznante. Un menor que también participó en el crimen fue condenado a tres años de prisión en suspenso, en un juicio abreviado en el cual se consideró culpable. Contó en la ocasión que él mismo le dio 14 puñaladas a la mujer, mientras 28 puntazos recibió el anciano, pero a manos de Piñeira.

►Recompensa. Mientras esto pasaba, los investigadores creen que Javier López esperó que se cometieran los brutales asesinatos y luego llevó a los asesinos a sus casas. López les prometió a ambos pagarles una importante suma de dinero, que finalmente nunca les entregó.

Una gran conmoción en la zona

El matrimonio López- Ochoa era muy conocido en la zona de Vistalba, donde residían, y la calle donde estaba su casa lleva el nombre de la víctima, Antonio López Vázquez, quien fuera uno de los fundadores de esa lujosa zona de Luján. 

Esa calle, al 3825, donde fue ultimada la pareja, es semiprivada y para acceder a ella en vehículo es necesario que desde el interior del barrio abran el portón eléctrico. 

Por eso le resultó extraño al fiscal Correa Llano que con tanta facilidad entraran quienes finalmente los mataron sin piedad alguna.

El matrimonio vivía allí rodeado de sus familiares. En la esquina vive la hermana del hombre, a quien le costaba hilvanar palabra alguna cuando UNO la entrevistó al día siguiente del doble crimen. 

Sólo atinó a decir que “le daban demasiado los gustos –por el hijo adoptivo– y nunca trabajó ni estudió. Incluso hace poco le habían comprado un VW Gol y la relación con ellos últimamente no era la mejor”.

Concretamente la historia del hijo adoptivo nunca cayó bien en el seno de la familia López, porque siempre les ocasionaba problemas.

Otra familiar de la pareja dijo que Javier le contó que esa noche tocó timbre en su casa y cuando le abrieron la puerta había encontrado el portón abierto y a los ancianos muertos, tendidos sobre la cama en medio de un gran charco de sangre. ¿Quién le abrió la puerta si estaban muertos? 

Este es el punto de partida que usaron los investigadores para sospechar de él, porque no era creíble lo que decía. 

Además ninguna de las puertas estaba violentada, ni tampoco otras habitaciones de la casa revueltas. Simplemente porque los autores del brutal asesinato no encontraron obstáculos para entrar; es más: sabían perfectamente hacia dónde dirigirse, lo que anuló la idea de que se haya tratado de desconocidos. 

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