Por Catherina [email protected]
Lo dijo Dolores Aparicio (74), madre de Daniel Peñaloza, el comerciante ejecutado el sábado a tiros. La causa es investigada por Delitos Complejos, que ya contaría con varios testimonios.
Desgarradora confesión de una madre de luto: “Para qué me voy a cuidar si me mataron a mi hijo”
Daniel Peñaloza (53), el comerciante asesinado el sábado, estaba casado, era padre de tres hijos de 23, 7 y 2 años y era el único sostén de familia. El hombre, quien fue brutalmente ultimado por uno de los tres delincuentes que asaltaron su restorán 3 Esquina, en Guaymallén, fue sepultado ayer a las 12 en el Cementerio Parque de Descanso. Aquí fue despedido por sus familiares y amigos en medio de muestras de un inmenso dolor que no conoce la resignación.
Por este nuevo y aberrante crimen donde tomó intervención la Oficina de Delitos Complejos de Santiago Garay, no hay detenidos, pero sí testigos que podrían ayudar a la investigación. Tres de ellos eran comensales esa noche que el restorán fue atacado por cuatro delincuentes jóvenes que tenían la capucha de sus camperas levantadas y les llevaron efectos personales, delante de la hermana de Peñaloza, de nombre Liliana que estaba a cargo momentáneamente del local. Sin embargo, estas personas que después del robo desaparecieron del lugar no radicaron ninguna denuncia y tampoco se hicieron presentes para dar su testimonio de cómo ocurrieron los hecho que mantiene el caso en la nebulosa. Posiblemente porque al momento de irse no sabían que a dos cuadras de allí habían ultimado al propietario del restorán, con tres disparos. Peñaloza levantó con mucho esfuerzo el local junto a un socio y sus días eran de un intenso trabajo, según contó a UNO su madre, Dolores Aparicio (74), quien ayer a la tarde en su casa de calle Europa al 9700, estaba inmersa en un gran dolor y recordaba a su hijo con los ojos llenos de lágrimas. Y es que para Dolores la vida no ha sido fácil. Este es el segundo de los tres hijos que pierde de manera trágica. Otra falleció en un accidente vial y ahora solamente le queda Liliana para llenar dos vacíos inmensos. Ambas están destruidas, pero Dolores saca fuerzas, porque encuentra en el hecho de hablar de su hijo, un desahogo. Pero no cree en la Justicia excepto la Divina. “Ya no hay nada que hacer por mi hijo. No lo creo porque como está la Justicia ya no hay nada que hacer... Pienso que no van a encontrarlos”. Después, fundiéndose en un fuerte abrazo con esta periodista, quien le sugirió que se cuide, respondió con la voz entrecortada “¿Para qué me voy a cuidar, dígamelo usted por favor.. dígamelo usted... si me mataron a mi hijo”. Una vida de trabajo De que su hijo era trabajador no hay dudas porque, incluso, poco antes de ser atacado, había ido a llevar un pedido a un cliente. Cuando regresaba al restorán de carril Godoy Cruz y Milagros, en su camioneta Toyota Hilux junto con un amigo, recibió un llamado de su hermana que le anunciaba que habían sido víctimas de un robo. Él estaba a una cuadra del restorán y entones fue cuando vio a tres jóvenes que por las características que le dio Liliana, podrían ser los ladrones y entonces decidió enfrentarlos. Para ello aceleró y cuando aparentemente estaba a punto de tirarles la camioneta encima, los delincuentes se abrieron en abanico: uno quedó posicionado adelante y los dos restantes de cada lado de la camioneta. El que estaba del lado del conductor llevaba un arma con la cual le efectuó tres disparos que lo alcanzaron en pleno, mientras que su amigo logró eludir las balas y así salvó su vida. Para Daniel, la suerte estaba echada. Si bien fue llevado de urgencia al Hospital Central los médicos nada pudieron hacer para revertir el cuadro gravísimo en el cual había llegado y minutos después dejó de existir.



