Por Leonardo Otamendi
El sacerdote baleado en Godoy Cruz, mientras estaba en compañía de una prostituta, continúa grave delicado y con pronóstico reservado. Se encuentra internado en el Hospital Central por el proyectil que ingresó en su cuerpo en un confuso hecho. Fuentes judiciales confiaron que se encuentra intubado y con respiración asistida.
El caso Marcelo Lopresti (37) es, sin dudas, uno de los temas más conversados en cualquier reunión desde este jueves cuando se conoció la noticia. Los medios nacionales también se hicieron eco del ataque que recibió el cura misionero, quien vive desde hace 11 años en el pueblo Montalto Di Castro, al norte de Roma, Italia.
Hace poco llegó a Mendoza para pasar unos días junto a sus familiares pero seguramente se quedará un tiempo más de lo previsto hasta que se recupere.
La situación que culminó con el disparo al religioso comenzó en la esquina de las calles José Federico Moreno y San Luis, de Capital. Allí se acercó a una prostituta, quien declaró: “Se detuvo un auto de color gris. Bajó un gordito con bermudas y camisa a cuadros que quería ’salir’ ". Y agregó: "Me pidió que buscara a una amiga".
Entonces, la trabajadora sexual le dijo que fueran a buscar a una compañera (Adriana) que también trabaja por calle San Luis. Al tomar contacto con ella, les dijo que estaba descompuesta porque es diabética. La llevaron hasta su casa, en Las Heras, a buscar sus medicamentos, pero decidió quedarse. Por lo tanto, Lopresti decidió llevar a la primera mujer hasta su casa en Godoy Cruz.
Cuando estaban por llegar, la prostituta le dijo al cura que detuviese el auto pero él no lo hizo porque vio a dos sujetos sospechosos, según le contó él a los policías que llegaron al lugar del hecho. Por esa razón, detuvo el coche una cuadra más adelante.
Pero su acompañante declaró que en ese lugar fue atacado sin mediar palabras de los agresores. “Yo me estaba poniendo un pantalón porque estaba con pollera cuando apareció un hombre y disparó”, relató en la Oficina Fiscal N° 3.
El padre del sacerdote aseguró que a su hijo quisieron asaltarlo. Sin embargo, no le llevaron nada. En el auto quedó su equipo fotográfico valuado en unos $30.000.




