Por Catherina Gibilaro - [email protected]La desesperación y la intrepidez de una abuela de 83 años dejaron asombrados hasta los propios bomberos de Capital que la rescataron luego de que la mujer saltó una medianera de más de 2 metros para escapar de dos asaltantes que la atacaron ayer en su casa en la Sexta Sección. Haciéndose pasar por operarios de Ecogás y con el ardid de que había una fuga de gas, lograron que la anciana les franqueara la entrada y le robaron 2 televisores, $2.500 en monedas, U$S5.000, electrodomésticos y joyas.
María América Duarte les abrió la puerta a dos hombres que dijeron ser de Ecogás, que la durmieron y la acostaron.
Con 83 años, saltó una pared para huir de dos asaltantes
Esa es la síntesis de la odisea que vivió María América Duarte, pero es mucho más grave. Apenas pasadas las 10.30 escuchó que llamaron a la puerta de su casa de dos plantas de calle Aristóbulo del Valle 231 de Ciudad. Dos hombres vestidos con uniformes de Ecogás le informaron que habían detectado una fuga de gas proveniente de su vivienda y que habían revisado el gabinete. Entonces le pidieron permiso para pasar porque debían revisar el desperfecto.Pero a los pocos segundos María se percató de que estaba delante de dos delincuentes, quienes la durmieron con alguna sustancia y la llevaron a la planta alta, donde la acostaron para poder revisar la vivienda sin ser entorpecidos.
Se pusieron manos a la obra, pero la anciana se despertó y escuchó que aún estaban dentro de la casa. Su desesperación fue enorme. A tal punto que se levantó a tientas y se acercó al balcón posterior de la pieza, que da a una medianera del vecino de la casa ubicada en el lado oeste. No lo pensó dos veces. Con la audacia propia de una mujer joven y con el terror que le recorría todo el cuerpo, no dudó un instante y se tiró al jardín de la casa del vecino. La pared tiene una altura aproximada a los 2,30 metros. Afortunadamente cayó de manera tal que milagrosamente no terminó de cabeza en el patio colindante, cuyos dueños no estaban. Sola, comenzó a pedir ayuda a los gritos. Fueron dos horas interminables hasta que finalmente llegó a su casa una de sus nietas, quien comenzó a llamarla en medio de una vivienda revuelta por completo. Allí María se dio cuenta de que podía seguir gritando y entonces su nieta se percató de que estaba en la casa de al lado.Pero el rescata no fue nada fácil. Llamó a la policía y cuando llegó el móvil, los efectivos también comprendieron que se trataba de una tarea compleja porque el obstáculo de la pared tan alta no era algo menor. Entonces recurrieron a los bomberos de Capital mientras un efectivo policial saltó la pared para prestarle los primeros auxilios.Apenas cinco minutos tardó en llegar el móvil de Bomberos 2.786, a cargo del inspector Daniel Balduga y el oficial ayudante Luis Castillo y tres bomberos más, todos al mando del jefe del Cuartel Central.El rescate Se asomaron a la medianera y vieron que el policía había hecho sentar en una silla a María, quien se quejaba de dolores en un hombro. Balduga y Castillo también saltaron la pared. Ella estaba allí, contenida por el policía. Los bomberos vieron que la operación de rescate era dificultosa pero apelaron a su profesionalismo y comenzaron la tarea. Trajeron un camilla rígida para proteger siempre la columna vertebral de la mujer, a quien ya le habían colocado un collarín. Pero no era fácil acostarla porque había que cuidarla dada la eventualidad de que hubiera lesiones internas. Colocaron la camilla en forma vertical sobre la espalda de ella mientras le hablaban para tranquilizarla y sacarla del estado de shock. “Confíe en nosotros”, le decían los bomberos, que le daban además asistencia psicológica. Despacio, la pusieron en posición horizontal. El paso siguiente fue acomodarla, sujetándole siempre la cabeza. Los bomberos trabajaban en bloque para acomodarla sobre la camilla rígida. “La empaquetamos con las cintas –contó el inspector Balduga– y la inmovilizamos, tratando siempre de preservar su integridad”. Mientras tres bomberos y un efectivos hacían esta operación, del otro lado había más personal viendo el modo de sacarla del infierno que había sufrido. Entonces se produjo el trabajo en simultáneo para izarla y subirla a la medianera. Ya estaban listos más bomberos y policías.Un segundo más. Respiraron hondo y se hizo el “pasamano”, que no fue otra cosa que transferirla de un patio a otro.En ese momento María, que siempre tuvo los ojos cerrados, los abrió y apenas vio que estaba en su vivienda dijo: “Ya estoy en mi casa, es increíble”. P or momentos le caían las lágrimas, porque tuvo mucho miedo de que cuando llegara su nieta los delincuentes pudieran hacerle daño.Ya en el garaje, y siempre sobre la camilla de bomberos, la subieron a la ambulancia del Servicio Coordinado de Emergencia y fue llevada al hospital Lagomaggiore. Ayer a la tarde los rostros del inspector Balduga y el oficial ayudante Luis Castillo estaban exultantes. No se cansaban de repetir la admiración que sentían por la abuela. “Es de no creer, pudo haberse matado. Cómo debe de haber sido el pánico que sintió para hacer algo así. Esperamos que se recupere no sólo psíquicamente sino también físicamente”, dijeron con la satisfacción del deber cumplido.



