Por Rosana Villegas
Cuando la operadora del 911 recibió la llamada, del otro lado, un nervioso hombre le decía que lo acababan de asaltar. Pero el caos vino cuando ella le preguntó el nombre a la víctima del asalto y le respondió: “Francisco Pérez”. La pausa de la mujer duró varios segundos, hasta que el hombre le aclaró que no era el gobernador, sino un homónimo. Este Francisco Pérez es dueño de una mueblería en Guaymallén y ayer fue atacado por una dupla de maleantes que le robó $43.000 en efectivo.
“Me llamo igual, pero no tengo nada que ver con él. Es más, si lo tuviera enfrente le diría un par de cositas sobre la inseguridad”, aclara este Francisco Pérez, quien pisa los 50 años y es dueño de una mueblería en Avellaneda y España de Guaymallén. Además posee una fábrica de ladrillos.
Unos días atrás, el hombre había concretado varias ventas de cargas de ladrillo y había decidido que hoy fuera su esposa a depositar los $40.000 que había reunido de los pagos que recibió.
Sin embargo, dos delincuentes le ganaron de mano y pasaron por el local a primera hora de la mañana.
“Estaba con un colega y justo íbamos saliendo cuando aparecieron dos muchachos: uno a cara descubierta y el otro con un casco de motociclista. El primero se acercó como para hablarme y cuando estuvo cerca sacó un revólver y me dijo: ‘Tirate al piso y gateá para allá’”, recordó Francisco, haciendo la mímica de la mecánica del atraco.
Cuando los redujeron, los asaltantes no dieron mayores rodeos para obtener lo que habían ido a buscar y, apuntándole, al dueño de la mueblería le exigieron “el maletín”.
“No sé cómo sabían de la plata, si ni si quiera mi esposa o mis hijas sabían. Creo que pudo haber sido alguien a quien le vendí, de otra manera no lo puedo explicar”, apuntó la víctima, quien enumeró que los asaltantes además se llevaron su billetera con $1.100, la caja de la mueblería con $2.000 y una notebook.
Con un buen botín para repartir, los asaltantes salieron del local y subieron a una moto negra. En el momento en que partían a toda velocidad, llegaba al local una de las hijas de Pérez en un taxi. Al notar que estaban asaltando a su padre, la mujer le pidió al taxista que siguiera a los asaltantes y éste lo hizo. Pero a las pocas cuadras los perdió de vista, cuando los maleantes se metieron en contramano.
En la tarde de ayer, este Francisco Pérez calculaba cómo pagaría sus deudas después de sufrir el atraco, que –dijo– le destrozó su economía.




