La costa patagónica es un entramado de acantilados majestuosos que se hunden en el mar entre playas de arena gruesa y restinga. Golfos grandes y pequeños se enfrentan al Atlántico, que en distintos momentos del año va revelando su fabulosa vida interior:ballenas mostrando la cola; pingüinos besándose en su camino tambaleante a los nidos; lobos de distinto pelaje, que, indiferentes a todo, se recuestan al sol.
Golfo San Matías: proyectos contaminantes en una sopa de ballenas
La infraestructura para exportar gas y petróleo, así como los megaproyectos hidrocarburíferos, amenazan con alterar de manera irreversible al Golfo San Matías
Uno de esos tantos gigantes de piedra se llama Fuerte Argentino. Con su imponencia, es visible desde Las Grutas, el más famoso de los balnearios patagónicos. Es una fiesta de flamencos y de otras aves que se detienen a comer en su viaje de ida o de vuelta desde al ártico canadiense.
Pero pronto, en transecta a su superficie rocosa, ya no sólo estará el mar y sus distintas criaturas en todo estadío evolutivo. También habrá un barco viejo -Hilli Ipiseyo- que congelará gas a -161 grados. Y luego se le sumará otra embarcación, MK II, y acaso, otras más, si el mercado internacional de gas natural licuado no es una burbuja como advierten ciertos analistas.
El Fuerte Argentino está en el Golfo San Matías, un lugar al que pocos podrían identificar de una en un mapa. Este dato le permitió a la industria hidrocarburífera venderlo como un vacío acuoso ideal para instalar barcos de gran calado. Además de los buques de gas, estarán los súper tankers que amarrarán en un nuevo puerto petrolero con dos monoboyas, que el consorcio Vaca Muerta Oil Sur -una sociedad de petroleras argentinas y extranjeras- está construyendo en un lugar llamado Punta Colorada, donde supo haber un puerto de una mina de hierro.
San Matías no será el primer nombre que se le viene a uno a la cabeza pero el Golfo contiene hitos geográficos bien instalados en la afectividad de los argentinos. Además de Las Grutas, está Península Valdés en el límite Sur del Golfo, un territorio declarado por su biodiversidad como patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO, donde familias de todo el país (y del mundo) van a visitar pingüineras increíbles. Todos los golfos norpatagónicos, incluyendo al Golfo Nuevo, frente a Puerto Madryn, "la capital" de la ballena franca austral, son una sola ecorregión.
Las empresas llegaron a San Matías con el típico manual de la industria extractivista: con una gran campaña de comunicación con medios nacionales y otros especialmente creados para la ocasión y cuentas fantasmas en redes sociales, prometiendo un desarrollo teleológico, inexorable, que omite cuestionamientos o resistencias. Encontraron un público hambriento de trabajo en Sierra Grande, que creció al calor de la mina de hierro abandonada.
En agosto de 2022, YPF, la empresa hidrocarburífera con mayoría estatal de la Argentina, logró que la legislatura diera vuelta de un saque una ley histórica -la 3308- que prohibía desde 1999 toda actividad en las aguas del Golfo, habilitando así los masivos proyectos gasíferos y el puerto petrolero. Luego, se llevaron a cabo audiencias públicas donde las voces disidentes fueron acalladas o corridas directamente por patotas sindicales.
Pero para los que viven en conexión profunda con los ciclos del Golfo no hay promesa dorada que los pueda seducir. La familia Molina, en San Antonio Oeste, lleva hasta cinco generaciones hundiendo sus manos entre las rocas con un gancho metálico para "pulpear". ¿De dónde sacan el pulpito tehuelche? Justo enfrente a El Fuerte Argentino. Y Héctor Molina, que aprendió de su mamá a sacar pequeños cefalópodos a los 8, siente desesperación. Nadie los escucha. Pero él ya puede imaginar el ruido de los barcos de gas, trabajando 24/7, todo el año.
¿Y si la industria le ofreciera un trabajo muy bien pago como promete la narrativa del manual? ¿Acaso otro "beneficio", como un terrenito? Molina mueve la cabeza 180 grados, desaprobando. Él no quiere otra vida. Felicidad es ir a pulpear como su abuela le enseñó a su madre, y él a sus hijos. Está una semanita lejos de la costa y el corazón se le empieza a partir.
Una familia mapuche que vive de una costa sana parece insignificante al lado de los miles de millones que marean la cabeza de los medios y el establishment. ¿Pero si eso no fuera cierto? Argentina no sólo queda lejos de los mercados. Tiene además un problema: hoy por hoy, la oferta mundial de GNL se proyecta mayor a la demanda. Y, encima, hay una especie de inflación de proyectos para super congelar gas. En Estados Unidos, se planea duplicar la capacidad de exportación para 2030, mientras que Qatar apuesta agresivamente a expandir su oferta.
"Los grandes planes para el GNL no están saliendo bien, ya que el mundo sufrirá un exceso de oferta masivo de GNL durante los próximos cinco años y probablemente durante mucho más tiempo. ¿Por qué? La destrucción de la demanda", escribió, por ejemplo, Justin Mikulka, un reputado observador de los mercados energéticos globales.
Pero supongamos que el horizonte del GNL es infinito como vende la narrativa de las empresas. ¿Qué pasaría en lugares como el Golfo San Matías? Los barcos de gas miden como tres canchas de fútbol y su presencia no sólo cambiará el paisaje de los bañistas de Las Grutas, sino también la composición química del aire y del mar, además de su temperatura.
Para enfriar las máquinas que congelan el gas, las unidades flotantes tendrán que tomar agua del mar y devolverla al océano siete grados más caliente. Esto no sólo afectará la vida larval de las especies que proliferan justo en esta zona, lo que pone en vilo a toda la industria de pesca artesanal local. El constante flujo de líquidos más calientes además favorecerá las floraciones algales nocivas como las que causaron la muerte en 2024 de 21 ballenas en Península Valdés.
*Nota de Marina Aizen para Periodistas por el Planeta





