A lo largo de su historia, la Fiesta Nacional de la Vendimia estuvo atravesada por conflictos que tuvieron que ver, sobre todo, con las decisiones políticas de quienes comandaron la propuesta nacida de las entrañas del Estado y los reclamos sociales contrapuestos.Sin embargo, hasta 2011, la celebración subsistió y su suspensión fue excepcional: en la década de 1940, cuando el festejo daba sus primeros pasos, alguna vez no se realizó o en su defecto se pospuso por lluvias. Después, en 1956, el golpe militar del año anterior y una epidemia de poliomielitis, generaron un espeso clima político y social en que fue imposible hablar del festejo. El sacudón que sorprendió a los mendocinos en pleno verano de 1985 llevó al entonces gobernador Felipe Llaver a determinar suspender la Vendimia, por los estragos que causó el terremoto.Amparados por estos antecedentes, quienes pisaron alguna vez las tablas del teatro griego Frank Romero Day –como artistas, directores o funcionarios–, compartieron su parecer sobre lo sucedido hace una semana, cuando la falta de acuerdo entre los participantes y el Gobierno, derivó en la suspensión de las repeticiones de Los rostros de la Vendimia, dirigida por Walter Neira.La entrega siempre fue superiorCon nueve Vendimias nacionales en su haber como director, Pedro Marabini relató que con Abelardo Vázquez, tras la llegada de la democracia e incluso en la década de 1990, cuando él estuvo a cargo, los reclamos de los artistas fueron parte del folclore vendimial. “Eran necesarios para comenzar luego el espectáculo con más bríos. Es triste pensar que esos mismos a los que hoy les tiramos manzanas, son los que, por ejemplo, en 1999, bailaron sobre un escenario mojado, se lesionaron y después distribuyeron su alegría en un teatro que los aplaudía entre paraguas”, opinó Marabini y aventuró: “Antes se ponía en marcha la cinta de grabación y la Fiesta arrancaba a como diera lugar. Me cuesta creer que el cuerpo artístico tuvo una intención contraria a la Fiesta, que es parte de su alma. Si les pedías que se quedaran tres horas más ensayando, lo hacían y lo hacen aún hoy”. El ex director de la Vendimia agregó que las entradas se les daban a los artistas como obsequio porque siempre su entrega superaba al salario.La queja, parte de la esencia“Recuerdo una vez que estaba con un tutú en la mano en pleno teatro griego y los policías a caballo subieron al escenario a frenar un incipiente reclamo. Fue una experiencia que me marcó, no es fácil ser artista de Vendimia. Desde entonces, siempre las necesidades se negociaron, hubo acuerdo”, contó Vilma Rúpolo, quien tuvo a su cargo la celebración de 2001, 2003 y 2010, y en 2002 fue parte de la “Vendimia paralela” en protesta por el traslado de la puesta del teatro griego al estadio Malvinas Argentinas. “El artista es el alma de la fiesta y debe seguir siéndolo, y el reclamo por mejores condiciones es parte de su espíritu. ¿Te imaginás a un joven que no se rebele? Yo no me lo imagino”, dijo la mujer y prosiguió con su relato: “En 2003, cuando me tocó dirigir, los artistas detuvieron el ensayo general, pero con mi equipo artístico nos paramos frente a ellos hasta conciliar”.Después de lo vivido, para Rúpolo “hay que recuperar la sacralidad del acontecimiento popular”.En las peores, igual se hacía“El tira y afloje existió desde siempre”, coincidió Gladys Masi, quien desde fines de la década de 1980 fue parte de la coordinación de la Fiesta de la Vendimia, desde el Estado. Añadió: “Pero más allá del reclamo por salarios, seguridad y comida, la prioridad, ante todo fue que la celebración se realizara. Creo que esta vez no hubo quién tomara la decisión que hacía falta”.“Mi primera Vendimia como director fue en 2002 en un contexto de crisis, con un guión donado por Vilma Vega. Trabajamos por lo mínimo”, contó Héctor Moreno, bailarín folclórico y director. En 2002, según Moreno, la puesta se armó en diez días y pese a ello “de lo último que se hablaba era de suspender”. “He visto a los artistas colaborar en la Vendimia cuando no había dinero para sueldos, por eso me inclino a pensar que no fueron esta vez los únicos responsables”, sentenció. Suspensiones y otros escollos 1956: Vendimia suspendida en sus 20 años El golpe de Estado de 1955 puso en marcha una etapa de 18 años en la cual la mitad del país estuvo excluida. En 1956, la crisis económica e institucional tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, además de una epidemia de poliomielitis, obligaron a suspender la Fiesta de la Vendimia que cumplía entonces 20 años. La reina coronada en 1955, Nelda Rotti, oriunda de General Alvear, llevó la corona durante dos años. 1958: reconocimiento Se recompensó por primera vez el trabajo de los artistas con un sueldo de 1.800 pesos moneda nacional. El precedente estuvo dado por el peronismo: se los remuneraba con un sánguche y una bebida. 1959: celebración austeraPor la crisis económica, los mendocinos debieron conformarse con la Fiesta del Vino, que tuvo casi todos los capítulos habituales de la celebración, pero en menor escala y centralizados en la explanada de la Casa de Gobierno. Se redujo el cuerpo de artistas, se trasladó a la fiesta de su habitual escenario y el espectáculo perdió calidad. 1985: otra vez sin Fiesta Una vez instaurada la democracia, el gobernador radical Felipe Llaver entendió que era inoportuno concretar la celebración mendocina, tras el terremoto de enero, de ese año. A diferencia del ’56, la Reina Nacional del ’84, Nora Stocco, de Tunuyán, no mantuvo la corona. Abdicó en nombre de su virreina, Rosana Tous, de Tupungato. 1987: televisación Antes de “Mendoza, madre de Vendimia”, que dirigió Cristóbal Arnold, los actores reclamaron el pago de un plus por la televisación del Acto Central. De 300 pesos argentinos el sueldo pasó entonces a 500. 2002: actos paralelos El Acto Central se trasladó del teatro griego al estadio Malvinas Argentinas, con menos recursos financieros –costó $540 mil, el equivalente que en años anteriores se destinaba sólo para la Bendición de los Frutos– y menos artistas de los habituales por la crisis del país. La decisión generó el descontento de varios sectores y algunos actores comandados por Walter Neira y Vilma Rúpolo decidieron realizar una celebración paralela, en la Ciudad, en repudio del cambio de escenario, y la reducción del cuerpo artístico y los salarios. Los técnicos también amenazaron con no participar: el Estado les adeudaba $250.000. 2003: ensayo detenido Los 700 artistas que participaban de la puesta “Hileras del corazón”, dirigida por Vilma Rúpolo, se negaron a realizar el ensayo general y amenazaron con no participar del Acto Central si el Gobierno no les aumentaba el cachet. Durante la madrugada, resolvieron el conflicto y sólo los bailarines folclóricos se mantuvieron, por algunas horas más, en pie de guerra exigiendo un compromiso escrito por parte de las autoridades. En paralelo a los reclamos, durante la Vía Blanca, el ministro de Gobierno, Juan Carlos Jaliff, aseguró que no cedería ante el reclamo, a pesar de que en el teatro griego, en ese momento, había silbatinas, insultos y empujones. 2011: trunca repetición Este año el monto de los sueldos para los artistas se anunció antes de que comienzaran los ensayos y los seleccionados para la fiesta “Los rostros de la Vendimia”, dirigida por Walter Neira, debieron firmar los contratos antes de empezar, sin que se cumpliera con la rúbrica de un convenio de trabajo especial para los artistas de la Vendimia, prometida el año anterior. El reclamo explotó cuando bailarines y actores se quedaron sin entradas para sus familiares, que se les regalaban desde hace 20 años. Se suspendió la repetición del domingo y la del lunes, día en el que sólo se expuso sobre el Frank Romero Day el show musical, con gran asistencia de público.
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Hasta 2011, la lluvia, un golpe militar y un terremoto fueron causas para suspender la celebración.
Algunos protagonistas de antaño coinciden en que siempre hubo reclamos, pero también, acuerdo. Un
poco de historia.


