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El cuarteto pudo más que el bochorno que sumió a la Vendimia en un escándalo y convocó a poco mas de 17.000 personas que disfrutaron de los recitales de Chancho Va, Los Coholins y los cuarteteros de La Konga, La Barra y Banda XXI

Sin espectáculo vendimial, el anfiteatro Frank Romero Day estuvo casi lleno y fue una fiesta

El Teatro Griego lució casi repleto y todo fue una fiesta, a pesar de que la tercera noche se desarrolló sin la repetición del espectáculo vendimial por decisión del Gobierno, luego de la segunda noche frustrada por una huelga de los artistas.El cuarteto pudo más que todo el bochorno que sumió a la Vendimia en un escándalo y convocó a poco mas de 17.000 personas. Mientras, en las afueras del Teatro Griego, más de 500 actores y bailarines de la Fiesta Nacional que protagonizaron la medida de fuerza de la segunda noche se autoconvocaron con un solo fin. “Queremos trabajar”, dijeron, manifestando que llegaban para realizar el ya cancelado espectáculo. Al llegar a las inmediaciones del Teatro Griego y presentar la credencial de artistas, la policía les informo que tenían prohibida la entrada por una orden bajada por el ministro de Seguridad, Carlos Aranda. Esto, a pesar de que el ministro de Gobierno, Mario Adaro, había enviado a decir a través de un intermediario que los dejarían entrar hasta los camarines.Aunque el público de la tercera noche no extrañó el acto central, saltando y cantando con Chancho Va, Los Coholins y los cuarteteros de La Konga, La Barra y Banda XXI, los signos de la protesta de los artistas de la noche anterior que frustró el espectáculo eran evidentes.En las afueras, ante la novedad de que los artistas se venían para el Frank Romero Day, apostaron al Grupo Especial de Seguridad (GES), un pelotón antimotines con cascos, escudos y gases lacrimógenos, y dos vallados antes de los molinetes con un fuerte celo en el control del ingreso. Mientras, adentro, el escenario central lució totalmente vallado, algo que nunca antes se había visto en una fiesta central. Todo hacía un gran contraste con los artistas, muchos de los cuales llegaron con los ponchos brillantes que habían usado para el cierre.Con una actitud pacífica, levantaron todos sus manos con su credencial haciendo valer lo que creían que era su derecho a ingresar a cumplir la faena.Una vez negado el ingreso, tras un par de horas se desconcentraron.La movida, luego de que el Gobierno anunció que no habría acto central, se sintió de inmediato y los artistas se reunieron después de las 18 en asamblea en la explanada de la Municipalidad de Capital. Los ánimos estaban caldeados sobre todo porque les llegó una notificación del Gobierno que decía que les rescindían su prestación por incumplimiento de contrato. Los artistas convocaron a una escribana, Noelia Navio, con quien se dirigieron hasta las cercanías del Teatro Griego y dejaron constancia –en un acta firmada por ellos– de que se habían presentado a trabajar.Lucas Taboada, actor del acto central, anunció: “Presentaremos una denuncia ante la fiscalía correspondiente y ante el Inadi, por discriminación, y una demanda judicial por daño moral”. Otro actor, Tato Sosa, aseveró: “En la noche del domingo, la totalidad de los artistas estábamos dispuestos a hacer la segunda noche el día martes. Ha sido una decisión del Gobierno no hacerla y no de nosotros”.Desmadre y descontrolDesmadre es el término adecuado que se puede aplicar para describir en una palabra lo que ocurrió en la noche del domingo. Una desopilante imagen del descontrol y la orfandad en que había quedado inmerso el acto fue la aparición en el escenario de turistas de Bahía Blanca que asistieron al Teatro Griego a ver la fiesta disfrazados de Chapulines Colorados y saltaron de las tribunas al escenario central para animar al público por unos minutos.La chapulinesca presencia fue oportunísima para describir el estado emocional de los artistas que no salieron al acto central: “Se aprovechan de mi nobleza”, decía el grotesco y tierno personaje de Chespirito. Por esa emoción pasó todo, porque detrás del reclamo por las entradas para sus familiares había un gran mar de fondo.El motivo puntual de la huelga de los artistas a esa hora fue exigir las dos entradas por cabeza que cada año, desde que hay repeticiones, reciben del Gobierno, y que se destinan a los familiares de bailarines para que vayan a ver la fiesta.Los tickets –según los protagonistas– estaban prometidos por las autoridades (Gobierno o Secretaría de Cultura) al punto de que afirman que, sin novedades, las reclamaron el viernes y se las prometieron para el sábado. Y luego para el domingo. Hasta que esa noche les blanquearon que no había boletos para ellos.Estallaron porque en las jornadas anteriores los actores habían padecido –según afirman ellos– el traslado en un micro sin frenos, se habían intoxicado con comida y habían tenido que bailar encima de un escenario precario mientras los obreros clavaban tablas abajo de ellos y sobraban cables pelados.Mas allá de todo esto, la negociación estaba centrada en la discusión de las entradas y era lo que definía si salían o no al escenario.Cuando llegaron a un acuerdo, luego de que el secretario de Cultura, Ricardo Scollo, les reconociera en la cara que el error había sido de su repartición, y comprobaron que las entradas se estaban imprimiendo, ya era muy tarde.El buque de la primera repetición ya se había hundido bajo una torrencial lluvia que espantaba al público.El repudio de los que quedaban se encargó de demostrarles que, una hora y media después, lo último que querían era ver el acto central.