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Pertenecen a Vicente Gil, quien fue un importante ministro en el siglo XIX; y a Francisco "El Gaucho" Cubillos, célebre cuatrero que se convirtió en un santo popular y tiene su propio devocionario en la necrópolis local.

Rescataron dos lápidas que son piezas históricas en el sector antiguo del Cementerio de Ciudad

Dos valiosas lápidas fueron recuperadas en la parte más antigua del Cementerio de Capital. Ambasestán llenas de historia: no sólo por los personajes a quienes pertenecen, Vicente Gil y el Gaucho

Cubillos, sino también por todo lo sucedido antes de esta recuperación.

La lápida de Cubillos fue puesta frente a su popular ermita.

Vicente Gil fue un hombre clave para los gobiernos mendocinos luego de la sanción de la

Constitución, en la segunda mitad del siglo XIX. Se había casado con Juana Ortiz Vélez, con quien

tuvo un hijo: Augusto Gil Ortiz.

Su esposa era hija de José Santos Ortiz, puntano de notable actuación en los tiempos de la

guerra entre federales y unitarios. Fue asesinado en 1835 junto a Facundo Quiroga, en Barranca

Yaco, Córdoba.

Sin embargo, su tumba estaba en el cementerio de Mendoza por obra de su viuda, Inés Vélez,

quien murió en 1870 y estaba enterrada junto a él.

Cuando el año pasado los restos de José Santos y su esposa iban a ser trasladados a San Luis,

los arqueólogos que participaron en los trabajos previos descubrieron que en la tumba contigua

además estaban los huesos de su hija, su yerno (Vicente Gil) y su nieto.

Fue toda una sorpresa: el enterramiento de los tres se desconocía, ya que estaban cubiertos

por la lápida que pertenecía a Antonio Benavídez, militar sanjuanino que falleció en Mendoza en

1847, cuando había sido enviado a controlar una revolución local.

Pero también se descubrió la lápida de Gil, que estaba junto a sus restos y los de su

familia. Se trata de una pieza exquisita de mármol que, además de indicar la fecha de muerte de ese

personaje (2 de setiembre de 1863), tiene esculpida una paloma muerta junto a un motivo vegetal.

Debajo aparece la inscripción "DEP" ("Descanse en paz"), lo cual es muy raro de ver, ya que lo más

común es que en las tumbas se lea "QEPD" ("Que en paz descanse").

La lápida fue restaurada por el artista local Miguel Ángel Marchioni. Luego fue colocada en

la tumba que ahora contiene tres urnas con los huesos de Gil, su esposa y el hijo de ambos.

En cuanto a la lápida de Benavídez, fue colocada a pocos metros sobre una losa de cemento.

Además de ser muy antigua y ostentar una labor de escultura en mármol admirable, recuerda que en

algún lugar de ese cementerio estuvo enterrado quien fuera un caudillo federal, aunque ahora no se

sepa dónde se encuentran sus restos.

La "paz" del santo cuatrero

La otra lápida que se restauró fue la de Francisco Cubillos, conocido como "gaucho" y santo

popular.

Este cuatrero, nacido hacia 1868, fue muerto por la policía el 25 de octubre de 1895 en

Paramillos. Sin embargo, sus restos fueron alojados en el Cementerio de Capital, donde en 1928 se

le hizo una lápida costeada por sus fieles.

En 1991 ésta fue remplazada por una tumba y dejada a un lado. Con el tiempo se fragmentó en

seis partes y era vox pópuli que cuando se intentó moverla "algo desgraciado ocurrió".

Ahora, por gestión del director del cementerio, Ernesto Ávila, fue ubicada a los pies del

santuario de Cubillos y rearmada, con lo cual se dieron cuenta de que le falta un trozo.

Igual alcanza para leer lo que mandaron a inscribir sus fieles en 1928: "Su alma milagrosa

perdura haciendo el bien a los humildes que le dedican esta morada de eterna paz". A sus pies se

leen los nombres de los integrantes de la comisión que juntó los fondos para esculpirla.