Por Miguel García Urbani
Eduardo Galeano entró al foro de la UNCuyo pisando con gramática oriental, constante, pausada; el mismo modo sereno que tiene para decir brevemente lo que parece venirle de generaciones de “sentipensantes”, como le gusta definirse. Habla estampando en el aire sus pensamientos, tiene esa virtud: es dueño absoluto de las formas.
Con sencillez paisana pero con un filo militante en la lengua fue respondiendo las preguntas de los periodistas que nos acercamos a escuchar, pero, confieso, sobre todo a observar a ese hombre dueño del nombre célebre: Eduardo Galeano, escrito sobre la cubierta de tantos libros que prestamos sin esperanzas de retorno y que también pedimos sin ganas de devolver jamás. Galeano, el escritor, viene andando en nuestras vidas desde hace varias décadas, leído por temporadas con fervor y en otras con indiferencia. Por fin el hombre estaba allí, por primera vez en Mendoza, con sus setenta años, mirándonos detrás del cordón que nos separaba de él, como queriendo descubrir alguna historia narrable en alguno de nosotros. Computadoras ebrias Dijo que durante muchos años tuvo la creencia de que las computadoras bebían por la noche, “que se entregaban al trago bravo, al ron, por ejemplo, por eso durante el día hacían cosas incomprensibles, lo que en los humanos se llama resaca”. Ahora confesó haberse hecho amigo especialmente de Internet, “una herramienta que en principio fue articulada por el Pentágono para coordinar las operaciones militares en escala global, después se fue transformando en otra cosa. Contra las expectativas de sus papás se fue convirtiendo en un espacio de difusión para voces que antes sonaban en campanas de palo. Una paradoja que es fuente de esperanza” Una de sus primeras sonrisas compadre le surgió cuando fue consultado sobre el gusto que los jóvenes tienen por su literatura. Fue una sonrisa sincera y tierna, porque se endulzó los labios al decir: “lo más lindo que me ocurre es que puedo escribir para distintas generaciones, para la mía, las recientes, e incluso para las recién nacidas. Lo mejor que te puede pasar (como artista) es atravesar la frontera de tus años”. No me salven En algo más de media hora este hombre adorador del fútbol habló certeramente de todos los temas a los que fue convidado. “El único mesiánico que soportó a Lionel Messi”. Y se puso grave para decir que los que bombardean en este momento Libia son “mesiánicos delirantes que creen estar señalados por una voluntad divina para salvar al resto de la humanidad”. “Cuando voy a Estados Unidos, lo primero que digo es Please don’t save me” dijo riéndose con la amargura de saber que ese tipo de “auxilios” de los países poderosos seguirán ofreciéndose. “Cómo es posible que Estados Unidos de consejos democráticos cuando la mayor parte de su población no está interesada en votar”. Se mostró preocupado también por el desinterés de los jóvenes chilenos en el proceso democrático, “hay un millón y medio que no está inscripto para votar, pero esto no es culpa de los jóvenes, sino de la política”. Soy inclasificable El autor de Las venas abiertas de América Latina reconoció que siempre vivió la literatura “como un ejercicio de interpretación, de comprensión de una realidad a la que no le gusta estar fracturada, por eso intento escribir una literatura que esté más allá de los géneros. “Soy inclasificable y eso es una suerte” Eduardo Galeano celebró el proceso histórico y político que vive nuestro país, con plena vigencia de las libertades: “A nadie le va a pasar nada por decir lo que piensa en la Argentina. Estoy muy contento y orgulloso de recibir un Honoris Causa en un país que está a la vanguardia de los derechos humanos en el mundo”. Los derechos de la naturaleza El uruguayo utilizó el plano de su gramática para poner justeza sobre una de sus grandes preocupaciones: la ecología y la defensa de los recursos naturales. “Ecuador y Bolivia han incorporado a sus constituciones los derechos de la naturaleza, algo que hasta no hace mucho era impensable. Algunos tienden a pensar que la naturaleza es un obstáculo para el progreso”. Dijo que dedicará su Honoris Causa “a los que luchan por defender el agua de este planeta, mañana, 22 de marzo, día internacional del agua”. Cuando lo consideró oportuno, saludó al centenar de periodistas y se fue con el mismo paso lento y confiado con el que entró. Tal vez le confiaron que ésta es una provincia donde es preferible tomarse las cosas con paciencia uruguaya.



