También escasean desde el oxígeno hasta las incubadoras para neonatología (el año pasado el Hospital Universitario les prestó 10 y aún no logran devolvérselas).La lista que pinta la crisis es igual de larga que de indignante: 7 de cada 10 doctores que trabajan en la guardia o en terapia neonatal no logran que los pasen a planta permanente y les adeudan la remuneración desde julio; no se compra ningún insumo para gozar de previsibilidad en el mediano plazo: si hay es lo del día y los profesionales temen lo que podría ocurrir ante una emergencia estilo terremoto; está rota la lavandería y entonces deben llevar ¡en ambulancia! las sábanas al Carrillo, en Las Heras, procedimiento 100% irregular porque puede derivar en contaminación.“Caminamos al borde de la cornisa”, sintetizaron los médicos. ¿Escandaliza?, sí. ¿Extraña?, no. Durante los 2 primeros años de la gestión de Celso Jaque, una pelea entre quien era el ministro de Salud, Sergio Saracco, y Ricardo Landete, su segundo y a la vez cuñado del ex gobernador, paralizó toda la estructura. Tanto que cuando se produjo un incendio en el edificio de calle Bandera de los Andes saltó a la luz una alarmante acumulación de residuos patológicos, que no funcionaban los matafuegos ni el aire acondicionado y que los bebés de neonatología convivían con ratas y cucarachas. O sea, el actual descalabro presupuestario impacta, pero los dilemas son de vieja data y los funcionarios del área que desfilaron con el paso del tiempo no quisieron, no pudieron o no supieron cortarlos de raíz: estamos hablando de Juan Carlos Behler, Carlos Díaz Russo, Matías Roby y Oscar Renna. El actual ministro, dicho sea de paso, no se ha pronunciado sobre el caso del Notti. En su lugar mandó a funcionarios de tercera línea, quienes ensayaron que las falencias no son de “vida o muerte”, que la limitación de insumos es más una “sensación”, que faltan pediatras en el mercado, que se están destrabando los fondos y que confiemos (en que todo va a mejorar).Renna está convencido de que la mayor responsabilidad de este conflicto recae sobre Hacienda, y en alzada sobre el mismísimo Paco Pérez, y que en todo caso él es una víctima más del perverso sistema o del desmanejo financiero y administrativo reinante. Grave error de lectura, a mi juicio, porque en todo caso si él no está apto para dar pelea en un contexto económico desesperante, lo lógico sería presentar la renuncia indeclinable. Pero no. A semanas de abandonar el quinto piso, donde funciona su oficina, este cirujano surfea la ola del tsunami con la única intención de llegar a la playa de diciembre, mes en el que volverá al Hospital Central, donde tiene un cargo estable en el área de Control de Calidad y Auditoría. Gloria no tendrá. Pena tampoco.