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Ana Lupez Chaparro es mendocina y fue el primer transexual que se operó en España hace 30 años. Basada en su historia, cree que deberían darle el nuevo DNI a la nena trans "porque se sufre mucho".

"Mi mayor triunfo fue lograr lo que siempre soñé: ser mujer"

Por UNO

Ana Lupez Chaparro jamás le corrió el cuerpo a la vida. Tenía sólo 7 años cuando le daban ataques de nervios cada vez que su madre insistía en enfundarlo en un pantalón de nene, y en sus días de internación en el antiguo hospital Emilio Civit aprovechaba las sábanas para improvisar largos vestidos blancos. Esa condición la expulsó de su Mendoza natal.

Pero hoy esta actriz, que brilló como vedette y compartió escenarios con Moria Casán, le vendió sus vestidos a Carmen Barbieri y actuó con varias “chicas Almodóvar” e Imanol Arias en España, siente que su mayor triunfo fue lograr lo que siempre quiso: ser mujer.

Llevar puesto un vestido ajustado para bailar en un teatro como el Maipo de Buenos Aires y que de regreso a su casa la policía descubriera que “esas prendas no correspondían con su sexo” era mucho más que peligroso en los espantosos años de la dictadura. Luego de decenas de esas detenciones con los consabidos abusos de poder, Ana encontró destino en España y estando allá, en febrero de 1983, usó todos sus ahorros en una operación que le pondría fin a su eterna lucha interna.

“Fui la primera transexual que se operó en España, hace 30 años, cuando se aprobó la ley y la primera argentina que lo hacía, cuando acá nadie hablaba de eso. Para mí fue una liberación indescriptible, porque para mí, de todo lo que pude conseguir en mi vida, mi mayor triunfo fue lograr ser mujer”, asegura, y esa reminiscencia indefectiblemente la lleva a su infancia: “Como le pasa a esta chiquita cuya madre le pidió a la Presidenta que le cambien su nombre en el DNI (se refiere a un caso de Buenos Aires conocido esta semana), a quien creo que deberían otorgarle el pedido, porque se sufre mucho cuando una no tiene el sexo que siente, así me pasó a mí. Yo desde pequeña creí que era una nena y me comportaba como tal. Mi mamá, pobre, no lo entendía y me llevaba al médico para que ‘me curara’ y me internaban para analizarme en el viejo hospital Emilio Civit. Pero yo aprovechaba para improvisar shows, me disfrazaba con las sábanas y desfilaba por las camas. Cuando mi mamá venía a verme las enfermeras le decían: ‘Señora, su hijo es raro’”, recuerda esta mujer que sufrió varios agravios hasta conseguir tener el sexo que sentía.

Después de esa operación se permitió formar una pareja con un ingeniero italiano, con quien pasó 25 años de su vida, hasta que él murió, hace 10 años.

Pero antes de conseguir la vida que soñó, esta mendocina buscó construirse como artista, quizás co mo una forma de permitirse a sí misma una sensibilidad que por aquellos años ’70 le estaba prohibida. Ya a los 14 años se fue de su casa, trabajó en un circo, fue bailarín de varias fiestas de la Vendimia, y más tarde, de la mano del transformismo fue Ana Lupez, y se animó a hacer teatro de revista en los escenarios del Maipo y el Nacional, en Buenos Aires.

En ese entonces imitó a Nélida Lobato, compartió camarines con Zulma Faiad y hasta brilló de la mano de Pepito Marrone en 1976 en un espectáculo montado en Uruguay.

“Actuando en Portugal, un empresario me contrató para bailar en Madrid, y esa fue la puerta para actuar en el Barcelona de Noche, que fue el teatro donde más desarrollé mi carrera como vedette, tanto que luego compré ese local. En esos años ’90 fue cuando participé en una película de (Josep) Bigas Luna –el cineasta español que entre decenas de películas dirigió Jamón, Jamón, con Penélope Cruz– que se llamó Las edades de Lulú. Era la época en que hice también series de televisión: Eva y Adán, Agencia Matrimonial, con Verónica Forqué, que luego fue una chica Almodóvar a quien traté mucho, como a Loles León, que hizo Esa maldita costilla con Susana Giménez”, repasa, y cada cosa que cuenta la documenta con entrevistas de revistas y diarios españoles y argentinos que, por entonces, seguían de cerca su ajetreada carrera. Pero en el medio del repaso de sus éxitos hace un alto y recalca: “En mi carrera conseguí más éxito del que imaginé, pero de lo que me siento orgullosa es de haber conseguido la dignidad que busqué como mujer”.

Volver a la calle Corrientes

Llegar a ser la propietaria de un teatro, dos restoranes y una zapatería en España donde firmaba sus propios diseños no fue impedimento para Ana Lúpez, quien estaba decidida a volver a la Argentina por sus afectos. Puso todo en venta y en cuestión de meses ya estaba produciendo su retorno con el espectáculo Otro tipo de Mujer , que en el 2006 presentó en la artística calle Corrientes.

“El espectáculo tuvo repercusión en los medios, que le dieron gran cobertura, pero me pasó algo para lo que no estaba entrenada. Cuando yo esperaba que me preguntaran por la obra, todos los periodistas querían saber con quién me acostaba, con quién me había peleado, y no entré en ese juego porque no me interesa”, recalca quien se define como una artista de bajo perfil que sólo tiene un vicio: el teatro.

Actualmente viviendo en su departamento de calle Rioja de Ciudad, esta artista que estratégicamente elude decir su edad, está decidida a aportarle adrenalina a su vida alimentando ese vicio. Para eso prepara desde las coreografías hasta el vestuario para el próximo espectáculo: Desvarietté, que presentará el 25 de octubre en el teatro Quintanilla. Allí planea compartir escenario con uno de sus siete hermanos, Víctor Olguín, que aportará una cuota de folclore, y dos transformistas, una de las cuales imitará a Tina Turner.

Sin embargo, mientras cose vestidos y piensa cuadros de humor, asume que hay algo que le quita el sueño: “Quiero escribir un libro que sirva para demostrar que, independientemente del sexo que tengas y el que sientas, cuando querés algo de verdad eso se consigue”, concluye.