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Celina Tapia, de San Rafael, saluda al público en el

Los rostros de la vendimia apostó por la música en vivo y brilló la versión murguera de la clásica marcha

Los rostros de la Vendimia homenajeó en el teatro griego Frank Romero Day a los hacedoresdel vino y la Fiesta Nacional -que con esta edición cumplió 75 años-, y al 450° aniversario de la

Fundación de Mendoza.

Tuvo varios rasgos distintivos: cuatro narradores en vivo, 95% de la música interpretada en

escena por una orquesta sinfónico-autóctona, el reemplazo de más de la mitad de las cajas lumínicas

por paneles de LED (que también actuan de pantallas de video), muy poco texto, lo que le da mayor

protagonismo a la música y la danza, y una original versión del Canto a Mendoza interpretada a

ritmo de murga.

Además, la velada –que comenzó puntualmente a las 22- tuvo como "hitos" el brindis más

grande de la Argentina, para lo cual el Ministerio de la Producción repartió entre el público cajas

de vino y vasos descartables. Y luego, mientras algunos bailarines danzaban en el escenario,

ingresaron a escena las candidatas departamentales; entre tanto la santarrosina María Flor

Destéfanis, en vivo y con voz segura, ataviada en un ajustado vestido azul y sin atributos reales,

dio las buenas noches, se presentó como "la Reina Nacional del Bicentenario" y fue dando entrada a

cada aspirante a sucederla.

La gran noche vendimial 2011 tuvo como público a unas 30 mil personas, entre quienes

colmaron las tribunas del Romero Day y los que se ubicaron en el cerro.

El show comenzó tras la presentación de las reinas, a las 22.15 y sin dilaciones. Aunque

estuvo fresco, el cielo se colmó de estrellas luego de que unas horas antes lloviera y amenazara

con suspender el espectáculo.

Es el tercero que tiene como director a Walter Neira, que basó su puesta en el libreto de

Miriam Armentano, también con varios espectáculos vendimiales en su haber.

Está a cargo de 692 artistas, entre bailarines folclóricos y contemporáneos, actores y

figurantes. También sumó una banda de 16 músicos que ejecutan instrumentos sinfónicos y

latinoamericanos, además del bandoneón: quizás uno de los ingredientes más sobresalientes de la

noche.

El espectáculo contó con cuatro narradores: los actores Adrián Sorrentino y María Godoy, y

los locutores Mónica Borré y Martín Lubowiecki, quienes desde uno de los niveles escénicos fueron

desgranando en vivo el libreto que abrevó en la habitual poesía de los espectáculos vendimiales,

pero con una síntesis que dejó más espacio a la música y la danza.

Eso hizo que la presencia del texto fuera sutil, de modo que conjugó equilibradamente con lo

que los artistas fueron presentando en escena y las imágenes que se mostraban en una pantalla y dos

cortinas de LED, que prácticamente se adueñaron de la escenografía creada por Cecilia Echenique.

El hilo argumental

Los rostros de la Vendimia fue una especie de documental en tres partes. La primera versó

sobre los "rostros" de todos los que aportan para la concreción de un megaespectáculo como este,

desde los obreros que ensamblan el escenario a los iluminadores, las costureras, los locutores, los

encargados de la pirotecnia y por supuesto, los bailarines, actores y músicos.

La cueca "Un estremecimiento", interpretada por Garcetti y Contreras y las 180 parejas

folclóricas fue el nexo para la segunda parte del show que fue el homenaje a los otros "rostros" de

la Vendimia: los trabajadores vitivinícolas.

La cueca, el gato, chacarera, zamba y malambo destacaron la labor del obrero rural argentino.

En esta parte, resultó un detalle de buen gusto la utilización del lago del Frank Romero Day, donde

algunos bailarines danzaron en el agua mientras otros lo hacían en escena. A su vez, la saya sirvió

para la mención a los "golondrinas" norteños y bolivianos.

Una vidala marcó otro quiebre en el relato, que pasó a referirse a lo ritual. Fue entonces el

momento dedicado a la devoción con la presencia de la Virgen de la Carrodilla sobre una carreta y

la referencia a la lluvia benefactora, con paraguas transparentes de los cuales pendían cintas

verde agua.

Entonces, se desarrolló el cuadro referido a las reinas de la Vendimia. Se recordó tanto a

las elegidas este año como a las de mandato cumplido, muchas de las cuales bailaron en escena la

salsa "Mi reina", mientras que en la pantalla se mostraban retratos antiguos de las soberanas

nacionales que ha tenido la fiesta.

Posteriormente, llegó la tercera parte de este documental. Hizo mención a los 450 años de la

fundación de Mendoza con tono crítico mostrando cómo el aniquilamiento de los pueblos originarios

derivó en la construcción de una nueva identidad, a tono con el libreto, otro "rostro". Eso sirvió

de puntapié para el mensaje a futuro y la proyección de la provincia al mundo, para lo cual además

de la "Tonada de otoño" mechada con canciones de otros países, una pareja colgada de arneses

interpretó lo que podría denominarse "tango aéreo".

El escenario se llenó de alegría gracias a un joropo, llamado "La fiesta de la diversidad",

mientras la totalidad de los artistas iban variando en canon los colores de sus ponchos, del bordó

al amarillo y al plateado, efecto muy bien logrado gracias a la sincronización de los intérpretes y

la pericia de la diseñadora de vestuario: Andrea Cardozo.

El final de Los rostros de la Vendimia tuvo una nota alta: una nueva y singular versión de

Canto a Mendoza.

La tradicional marcha de la Fiesta estuvo interpretada en vivo a ritmo de murga por La Buena

Moza. Y bailada por los 700 artistas, que colmaron todos los niveles del escenario del anfiteatro.

El staff de Walter Neira, quien dirige por tercera vez un Acto Central, se caracterizó por

legar una nueva versión de la marcha: la que reversionó el recientemente fallecido músico Sergio

Embrioni a ritmo de rock.

Producción periodística:
Fabián Sevilla y Ariel Sevilla.

Mirá

acá la galería de fotos de la previa de la fiesta.