ver más
Inicio País

Hace cinco años la vida puso a Ana Rosa Gazzoli, una persona común, ante un problema de los bravos. Pero no dudó en salir a la calle a hacer cumplir la ley.

Ha muerto una mujer valiente

Manuel de Pazmdepaz@diariouno.net.ar

Ha muerto una mujer valiente. O, mejor, una mujer que, cuando la vida la puso ante un dilema excepcional, hizo lo que había que hacer.

Pese a que muchos varones y mujeres insistían en negarle los derechos que reclamaba, Ana Rosa Gazzoli logró con coraje que la legalidad estuviera por un rato del lado de la gente del común.

Por si usted no se acuerda, Ana Rosa Gazzoli (73) fue aquella señora que hace casi cinco años, en agosto del 2006, debió librar una batalla épica para que se le permitiera hacer lo que marca la ley.

Ellas

Una hija de Ana Rosa, Claudia Araujo (de 25 años al momento del hecho), deficiente mental, había quedado embarazada tras ser violada.

Pese a todas las presiones que recibió de parte de la ignorancia y del prejuicio militante, Ana Rosa se plantó y dijo mirando a los ojos de todos: no, señores, yo quiero que se cumpla la ley. Esto no es un capricho mío.

Letra legal

Y la ley afirma, sin dejar lugar a dudas, que cuando una mujer no es dueña de sus actos (la muchacha padecía síndrome de Lennox-Gastaut) y queda embarazada como fruto de una violación, el Estado debe asegurarles a sus familiares toda la asistencia médica y legal para un aborto terapéutico.

Aquí estoy

Pero no le salió gratis a Ana Rosa hacer valer sus derechos. Tuvo que someterse a dos semanas de absurdos debates que no tenían ninguna razón de ser.

No sólo grupos ultracatólicos se plantaron frente al hospital Lagomaggiore para impedir que a Claudia se le practicara el aborto, sino que hubo que escuchar a gente (varones, claro), que supuestamente sabe de leyes y de códigos, plantear a esta altura del devenir de la humanidad sus dudas sobre lo que la ley ordena con toda claridad.

Amparada

Ana Rosa se amparó en el artículo 86 del Código Penal, que permite la interrupción del embarazo en casos específicos como el de Claudia, y también en fallos judiciales anteriores que calcaban la situación de su hija.

Pese a todo, Ana Rosa debió seguir explicando: no había ninguna garantía de que el niño naciera con vida ni de que Claudia sobreviviera al parto.

Su hija es una discapacitada mental, absolutamente imposibilitada de hacerse cargo de la crianza de un bebé.

Discusiones sin sentido

Más de quince días de burocracia totalmente innecesaria pasaron desde el momento en que Ana Rosa denunció la violación y solicitó el aborto terapéutico.

En una consulta médica en el Hospital Militar, Ana Rosa había sido informada de que la muchacha no menstruaba porque estaba embarazada de 11 semanas.

De inmediato fue radicada la denuncia policial por violación y Ana Rosa solicitó el aborto terapéutico.

No sabía que todavía le quedaba transitar el infierno de enterarse de que el violador había sido la pareja de otra de sus hijas, lo cual se conoció tiempo después cuando se realizaron las pruebas de ADN por orden judicial.

A la medianoche

Hay que decir, en honor a la verdad, que el juez actuante le había concedido la autorización para el aborto terapéutico con relativa rapidez, pero hubo tal embate contra las leyes por parte de algunos sectores confesionales, que el operativo para concretar el aborto debió hacerse en un hospital público de la zona Este, de noche y de manera secreta, para que ningún grupo ultra pudiera ir a complicar las cosas.

Título y adiós

El jueves pasado, Ana Rosa murió. Un tumor cerebral la fulminó en casi seis meses. Cuando se lo descubrieron, el cáncer ya estaba en fase terminal.

Ese mismo jueves, este diario había publicado su historia de vida bajo el título “Ana Rosa se encuentra muy enferma y sin atención médica”, donde se contaban los problemas que tenían sus familiares para que la mujer muriera dignamente y con atención profesional.

Los comunes

La historia de una provincia se enhebra no sólo con funcionarios besando niños y con grandilocuentes cortes de cintas. El entramado que nos sostiene como sociedad se hace también con hechos heroicos de la gente cotidiana.

Y el gesto de Ana Rosa tiene, para este escriba, una trascendencia que emociona. Hizo cumplir la ley. Nada menos. Y su hija discapacitada sigue viva.

La docta

Otra mujer mendocina nos ha producido por estos días una fuerte emoción. Pero de disgusto.

Hablamos del caso de la jueza Fabiana Martinelli, del 23er Juzgado Civil, quien finalmente va a ser investigada, pese a que su caso había sido archivado con extrema celeridad, por haber atropellado a tres jóvenes luego de haber ingerido alcohol, con el agravante de que tras protagonizar el accidente la magistrada intentó huir por lo que un móvil policial debió salir en su búsqueda.

Hay que mencionar aquí el empeño de dos legisladores provinciales (Bianchinelli y Viadana) que reactivaron este tema y lograron que la Procuración de la Suprema Corte ordenara el desarchivo.

Ocurre que el fiscal Lauro Monticone había mandado a archivar en un plazo cortísimo el expediente que involucra a la jueza Martinelli sin siquiera haberles tomado declaración a las víctimas del accidente y sin atender los graves matices que lo rodearon, como la fuga y la toma de dos muestras de dosajes de alcohol a la jueza, uno al poco tiempo del accidente, que dio positivo, y otro registrado tres horas después, que dio negativo y fue el que el fiscal registró como cierto.

Los legisladores que investigaron este asunto han pedido el Jury de Enjuiciamiento a la jueza por entender que ha habido una inconducta que no se condice con alguien que debe impartir justicia.

Rarezas de usías

Muchas cosas raras vienen sucediendo con ciertos jueces y magistradas de la provincia cuando se tienen que investigar entre sí. Precisamente, el caso de la doctora Martinelli, que se había guardado bajo siete llaves, y su desarchivo por parte del jefe de los fiscales y procurador de la Corte, Rodolfo Gónzalez, estaba teñido de la sospecha de favoritismo corporativo.

Ahora el caso ha pasado a manos de la fiscal de Delitos Complejos Claudia Ríos, una profesional que tiene fama de seria.

Juezas que huyen tras arrollar a gente con su auto, mujeres fiscales que son sorprendidas apropiándose de celulares en un shopping, magistradas que se suben al techo de un edificio público, amenazan con suicidarse y a los pocos días vuelven a sus despachos como si nada a dictar sentencias... son demasiadas cosas.

Del otro lado nos queda el recuerdo de Ana Rosa, una mujer nada docta pero que sin embargo hizo honrar la ley. 

MÁS LEÍDAS