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Los expresó el neurocirujano Javier Ortiz, quien junto a otros tres coterráneos participaron de un encuentro con jóvenes habitantes del archipiélado del Atlántico sur argentino. Fue gracias a la Fundación Rugby Sin Fronteras. Cuenta su experien

“Estar en las Islas Malvinas tiene un costo emocional muy grande”

Por UNO

Por Juan Manuel Porolli

Las imágenes son desgarradoras y los relatos lo son aún más. Cuatro mendocinos integrantes de la Fundación Rugby Sin Fronteras (RSF) fueron hasta las islas Malvinas a jugar un partido de rugby con el fin de “ovalizar” el mundo a través de ese deporte para transmitir un mensaje de paz y amor, a 29 años del enfrentamiento bélico que enemistó hasta hoy a Argentina e Inglaterra.

El grupo de RSF lo conformaron 14 ex jugadores. Había jueces, abogados y neurocirujanos llevando nada más que una guinda y un mensaje de tolerancia en tiempos de reclamo de soberanía.

La incursión no fue sencilla. Debieron atravesar muchos escollos para poder lograr su objetivo, y así y todo nunca pudieron ganarse la total confianza de las autoridades de las islas. Uno de los primeros recibimientos lo obtuvieron de un cartel apostado en un local de las Malvinas que decía en inglés: “La nación argentina y su gente serán bienvenidos en nuestro país cuando dejen de lado los reclamos soberanos y reconozcan nuestros derechos de autodeterminación”.

El grupo salió desde Buenos Aires el 11 de marzo e hizo noche en Río Gallegos y de ahí, a través de una combinación de vuelo internacional, partió rumbo a las Malvinas. “Como argentinos tenemos prohibido el ingreso a las islas, pero como allí hay un cementerio de soldados de nuestro país, un convenio firmado con Naciones Unidas nos permite ingresar para visitar sus tumbas”, relató Javier Ortiz, un neurocirujano mendocino que participó de la experiencia.

“El vuelo se hace una vez al mes. Llegamos el 12 de marzo y nos volvía a buscar el avión el 19, y el próximo transporte era dentro de un mes”, contó Ortiz. Y explicó: “En un principio se pensó en viajar el 2 de abril (Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas), pero quisimos separarlo del momento histórico porque el objetivo era llevar un mensaje de paz, jugar al rugby y hacer una comunión con los chicos del lugar”, relató el profesional.

Marcelo Deambrosi, un empresario mendocino que también participó en la experiencia, expresó: “Cuando llegamos al hotel se nos acercó un policía y nos dieron recomendaciones, aunque lo tomamos como una advertencia, ya que no podíamos circular con nada que combinara el celeste y blanco, no podíamos hacer alarde ni del símbolo patrio ni de la guerra, todo porque hay personas que se podrían irritar. Igualmente, no nos creían que íbamos a llevar un mensaje de paz. Pensaban que íbamos enviados por alguien a hacer inteligencia o no sé qué, porque no se explicaban cómo 14 desconocidos dejaban su trabajo, su familia, sus afectos y sus comodidades para ir al fin del mundo a jugar al rugby”.

Deambrosi recordó que al principio la relación fue fría entre ellos y los residentes. No se les permitía acercarse a los chicos. Relató: “Decidimos sacar las cosas en un parque cerca de la escuela y fueron los mismos niños del lugar los que se acercaron a preguntar, a querer jugar con nosotros. Fue muy complicado, pero al final cumplimos el objetivo de poder compartir con ellos el tercer tiempo y explicarles el valor que tiene ese momento en el rugby. Se les mostró que, después de un partido, los contrincantes dejan de ser tales para pasar a ser compañeros, que se celebran la amistad y, por sobre todo, el respeto”.

En su incursión, y sin buscarlo, se juntaron en las Malvinas con ex combatientes argentinos que estaban visitando las tumbas de sus compañeros caídos en acción. “No sabían nada de rugby, y se unieron igual al grupo y nos ilustraron con sus comentarios sobre muchas cosas que pasaron en la isla. Y te juro que cuando escuchás esas palabras de estas personas que vivieron y escucharon todo, es desgarrador”, aseguró Deambrosi.

Ortiz sostuvo: “En muchos momentos te quebrás. Vas al museo de la guerra y es increíble, ves lo que les daban de comer, si es que comían, y te quedás sin palabras. Pero no es lo mismo verlo en fotos que estar ahí parado. Y nosotros no estuvimos en la guerra, sólo donde pasó”.

Remarcó además: “Estar en las Malvinas tiene un costo emocional muy alto, porque vas a un lugar donde sabés que no sos bien recibido. Sigmund Freud decía que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. Bueno, eso sentíamos allá: mucha indiferencia”.

“El día cúlmine de nuestra estadía fue el jueves 17 de marzo, después del partido que hicimos entre los chicos de la isla, veteranos de guerra argentinos y las personas de Rugby Sin Fronteras. Fue cuando hicimos el tercer tiempo compartiendo gaseosas y golosinas, jugamos al ping pong, a las cartas y sobre todo colocamos la piedra fundamental para que podamos repetirlo el año que viene”, indicó Ortiz, quien fue acompañado –además de Deambrosi– por dos malargüinos, el intendente Juan Agulles y Cristian Alcalá.

Ésa fue la tercera incursión de los integrantes de la fundación. La primera se registró en el 2009, oportunidad en la que participaron 34 personas. La idea que tienen para el próximo año es volver a las Malvinas con chicos de colegios del país para que jueguen con los de allá.

“Ir para jugar al rugby es simbólico, eso deja marcas imborrables para todos”, cerró el neurocirujano. 

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Integrantes de Rugby Sin Fronteras comparten su experiencia con chicos que habitan las Malvinas.
Integrantes de Rugby Sin Fronteras comparten su experiencia con chicos que habitan las Malvinas.
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Los mendocinos Javier Ortiz y Marcelo Deambrosi.
Los mendocinos Javier Ortiz y Marcelo Deambrosi.
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El impactante paisaje austral fue escenario de una visita que pasará a la historia.
El impactante paisaje austral fue escenario de una visita que pasará a la historia.
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