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El alojamiento y la capilla fueron declarados monumentos históricos nacionales por decreto presidencial. El Gobierno provincial espera que ese reconocimiento atraiga a inversores.

Esperan recuperar el atractivo del mítico hotel Villavicencio

Por UNO

Ignacio Zavalazavala.ignacio@diariouno.net.ar

La designación del hotel Villavicencio y su capilla como monumentos históricos nacionales alentó el viejo anhelo de reflotar ese establecimiento con fines turísticos. Desde el Gobierno provincial confían en que la designación presidencial atraiga a nuevos inversores interesados en ponerlo nuevamente en funcionamiento.

El edificio, una postal que identifica a Mendoza en todo el país, fue valorado como unos de los bienes turísticos y culturales más destacados de Argentina. Actualmente abandonado, pero ubicado en una reserva natural en manos privadas, fue reconocido por el decreto presidencial Nº784/2013.

El lugar, enclavado en la Ruta Provincial 52, en Las Heras, atrajo desde siempre a visitantes de todo el mundo. Hoy es conocido principalmente a través de las etiquetas de las botellas de agua mineral.

Desde su cierre, en 1978, el hotel ha cambiado de dueños, de administraciones y de destino. En ese derrotero, gestiones estatales y privadas han intentado reflotarlo.

“Cuando se declara monumento, el propietario no pierde la titularidad del bien. Se le suma la designación de patrimonio, pero sigue teniendo la potestad. Esto no implica que no pueda modificarlo, sino que, cuando quiera hacerlo, debe pedir autorización de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos”, detalla la arquitecta Graciela Moretti, delegada de ese organismo en Mendoza y funcionaria de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia.

El imponente paisaje que rodea el mítico hotel es hoy una reserva natural que pertenece a la empresa Aguas Danone. El edificio fue un hotel de lujo donde trabajaban más de 100 personas, entre mozos, maleteros, cocineros y mucamas.

Si bien era pequeño, comparado con otros en su época, el hotel Villavicencio ganó reconocimiento por la belleza del lugar en el que está emplazado, sus aguas termales y los servicios que brindaba.

Además de las 30 habitaciones con baños de aguas termales, el complejo contaba con jardines, glorietas, piscina, cancha de tenis y una capilla neocolonial, proyectada por Daniel Ramos Correas.

El auge del lujoso hotel mendocino terminó a fines de los ’70, cuando el trazado de la ruta 7 y la apertura del Túnel Internacional hicieron que el camino que pasaba por el edificio y llegaba a Uspallata fuera dejado de lado, lo que trajo consigo la postergación de la zona.

Hoy, la ilusión de restaurarlo sigue intacta. “El hotel tuvo un período de esplendor en los ’50 y ’60. Esta designación va a reforzar la necesidad de poner en valor el edificio y volverlo a poner en uso. Los dueños tienen libertad para proponer el uso que quieran darle y agregar nuevas construcciones, siempre que no afecten la escala del edificio”, concluyó, optimista, Moretti.

Optimismo de Espina

“El hotel está en una reserva natural privada. A partir de la declaración de monumento histórico se ha dictado la protección, para que no se cambie, no se le dé otro destino o no se lo tire abajo”, explicó a UNO el ministro de Turismo de la Provincia, Javier Espina.

El funcionario detalló que hay algunos grupos empresarios interesados en explotar el hotel y devolverle la intensa actividad turística que tenía hace años.

“Hay un grupo europeo interesado en reflotar el hotel y otro de Buenos Aires con las mismas intenciones. Con la declaración se va a consolidar el lugar y esto va ayudar a futuras inversiones. Esperemos que los que están interesados se animen a invertir”, señaló.

Y con firmeza aclaró: “Nunca nadie pensó en tirarlo abajo o cambiarlo. Todos quieren recuperar la estructura, como pasó con el hotel de Potrerillos”.

Estilos y lenguajes europeos

“El hotel fue realizado en 1940 y responde a una arquitectura pintoresca. Reflejaba, a través de las formas, lenguajes o estilos que provenían de Europa. Los proyectistas se remitieron a las imágenes de la zona alpina, con grandes pendientes, con tejas inclinadas, el uso de maderas y muros blanqueados con estructuras de madera”, explica la arquitecta Moretti.

Y añade: “Dentro de la arquitectura pintoresca hay varias vertientes. En este caso se trata de la normanda, que remite a la zona de los Alpes, por lo que se la denomina alpina”.

“Para ese mismo tiempo, en Mendoza se estaban haciendo construcciones muy modernas, pero se eligió esta imagen que remitía a la calidez de esos edificios de Europa. El objetivo de los autores era recrear la tendencia de  los veraneantes que iban a Europa y querían esa postal para esta región”, finaliza la funcionaria de la Dirección de Patrimonio Cultural.

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Aun estando abandonado, el lugar es visitado por cientos de turistas y mendocinos cada año. Foto: Nicolás Galuya/ Diario UNO
Aun estando abandonado, el lugar es visitado por cientos de turistas y mendocinos cada año. Foto: Nicolás Galuya/ Diario UNO