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Se trata de del ex suboficial de la Marina Ricardo Rubén Ormello. Se los vincula con lanzar desde el aire al Río de la Plata a prisioneros del centro clandestino de detención de la ESMA.

 

Detuvieron a un mendocino por los "vuelos de la muerte" en la dictadura

Por UNO

Por Alejandro Gamero

Un suboficial de la Armada que vive en Mendoza fue detenido este domingo a pedido de un juez porteño, acusado de estar implicado en los “vuelos de la muerte” de la última dictadura militar, cuando las Fuerzas Armadas se deshacían de los detenidos-desaparecidos lanzándolos vivos o muertos desde aviones en pleno vuelo a las aguas del Río de la Plata o el Mar Argentino.La captura había sido pedida contra el suboficial de la Marina Rubén Ricardo Ormello –conocido como Colorado–, otros tres pilotos de aviación y un abogado, que residen en Buenos Aires. Las detenciones fueron ordenadas por el juez federal bonaerense Sergio Torres. 

La causa judicial, que se circunscribe al lanzamiento y la desaparición de prisioneros detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), tiene entre los acusados apresados a los pilotos sospechados de haber participado en el vuelo desde el cual arrojaron, el 14 de diciembre de 1977, los cuerpos de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor; otras cuatro integrantes de la agrupación y las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, quienes fueron secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz.

El pedido de captura contra Ormello librado por el juez Torres llegó la semana pasada al despacho de su par federal mendocino Walter Bento, quien tomó las previsiones del caso para llevar a cabo la detención.Aunque no se confirmó oficialmente, se especulaba ayer con que la medida se realizó con una comisión policial que vino desde Buenos Aires, porque ninguna de las fuerzas apostadas en Mendoza participó.

En tanto, allegados a la investigación que lleva adelante el juez federal Torres indicaron que los apresados en Buenos Aires son los pilotos Alejandro Domingo D’Agostino, Enrique José de Saint Georges y Mario Daniel Arru, y el abogado Gonzalo Dalmacio Torres de Toloza, a quien calificaron como “fuertemente vinculado al accionar del grupo de tareas que operaba en la ESMA”.

El vuelo final

Los “vuelos de la muerte” consistían en arrojar desde aeronaves al Río de la Plata o al Mar Territorial Argentino a personas que habían sido privadas de su libertad por los grupo de tareas.

Las víctimas elegidas por los represores eran “trasladadas” a aeropuertos o bases militares que contaban con pista de aterrizaje.

Una vez allí, se las ingresaba a las aeronaves desde las que eran arrojadas con vida la mayoría de las veces.

De los nuevos detenidos en la causa del juez Torres, uno de los más relevantes sería el abogado De Toloza, a quien el ex militar arrepentido Adolfo Scilingo denunció en España como “el único civil que participaba de los ‘vuelos de la muerte’” y que desempeñó su profesión de abogado llegando a ser funcionario judicial en la última dictadura.

Los relatos del “Colorado”

Ormello –el detenido que vive en Mendoza– fue cabo segundo de la Armada en 1976. Tenía 21 años, era mecánico y motorista, y prestaba servicios en Ezeiza, precisa una nota del matutino porteño Página 12 publicada en el 2009.

Dos testigos que trabajaron con el implicado mendocino repitieron a Página 12, en aquella nota, las anécdotas que el Colorado les contó sobre los “vuelos de la muerte”.Uno de los testimonios, el de un operario jubilado, rememora el relato de Ormello que escuchó en el hangar 2 de Ezeiza entre los años 1984 o 1985. “Habíamos ido a reparar un Fokker F-28. El jefe de turno conocía la historia y le pidió (a Ormello) que la repitiera”, relató.

Según el testigo, el Colorado contó: “Colocaban un (avión de carga y tropas) DC3 en la plataforma y llegaba un colectivo. Venía un tordo (médico) con un maletín y se paraba en el portón del avión. Se los bajaba (a los prisioneros) medio en bolas y como en pedo, con los ojos tapados. Los sentábamos en el portón y el tordo les daba un jeringazo de pentonaval. Los apilábamos adelante y cuando ya estaban listos salían a volar. Cuando nos avisaban, empezábamos a arrastrarlos y los tirábamos por el portón”.

Otro testigo también recuerda cómo Ormello repetía esas historias con total naturalidad y frialdad.

Ambos citaron, además, una anécdota del Colorado que nunca olvidarían.

Ormello habría dicho: “Una vez trajeron a una gorda que pesaba como 100 kilos y la droga no le había hecho el efecto suficiente. Cuando la íbamos arrastrando se despertó y se agarró del parante (del avión). La hija de puta no se soltaba. Tuvimos que cagarla a patadas hasta que se fue a la mierda”.