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Por Fernando G. Toledo
La fiesta Los rostros de la Vendimia ofreció en esta edición un homenaje a sí misma. La música fue una de las mejores que hayan sonado en el teatro griego y el espectáculo, el más logrado desde 2008

Crítica: Nuestra fiesta frente al espejo

Un juego de espejos. Una invitación a descubrirse, a recorrer, como quien acaricia el lomo de unanimal, los pliegues de la propia cara. Y hacerlo como si fuera la vez primera. Todo eso propuso el

espectáculo Los rostros de la Vendimia, estrenado el sábado en el anfiteatro Frank Romero Day. La

fiesta dirigida por Walter Neira usó la materia de su propia expresión para volcarla en el

escenario. Sí, puso la fiesta dentro de la fiesta y celebró 75 años de hechura vendimial de una

manera plena: cantándose a sí misma.

El nombre de Neira resulta ineludible en ese sentido. Es un artista que llegó a su tercera

fiesta después de dos experiencias con desiguales frutos pero con un mismo signo: el de la

innovación. Y esta fiesta tuvo también innovación, pero en un sentido tan radical que incluso hay

que decir que parece que el director no se paró sobre los logros antes conseguidos. Antes bien,

derrumbó todo el edificio de su propia escalada y de todo lo mejor ofrecido por sus antecesores. Y

una vez hecha la demolición, construyó una fiesta nueva, con materiales relucientes y con otros ya

bien asentados.

Neira dejó de lado el ingrediente más puramente teatral y hasta narrativo, sacrificó las

metáforas y hasta ignoró cosas que parecían intocables (no se escuchó ni por asomo el clásico

Póngale por las hilera y apenas se tarareó Virgen de la Carrodilla, por ejemplo). También, justo es

decirlo, resignó unidad en todo su espectáculo, hundiéndose en tramos en los que se perdió la

atención y apareció el aburrimiento. Pero hizo la fiesta con más hermosos cuadros de los últimos

años y con la más notable interpretación musical que haya pasado, para estos fines, por el Frank

Romero Day.

Potencia visual

La capacidad de Neira como creador visual hay que compararla con la de un Carlos Alonso en la

plástica o un Leonardo Favio en el cine. Y, en este sentido, la confianza que se tiene el director

le permite hacer lo que hizo. En concreto: hacer narrar la fiesta por un guión correcto de Miriam

Armentano, relatado por cuatro narradores (los actores María Godoy y Adrián Sorrentino y los

locutores Mónica Borré y Martín Lubowiecki), y dejar el resto a cargo del magnífico ensamble

orquestal y de su propia manera de disponer los cuerpos coreográficos, de usar los colores de la

escenografía y de los vestuarios, de hacer mover o dejar quietos a los actores en escena.

Porque no cualquiera puede sostener un cuadro tras otro de semejante impacto en una fiesta de

más de una hora, como en este caso, aludiendo de a ratos a los que serruchan tablas para armar un

escenario y a quienes cosen vestidos, como a quienes cosechan la vid o a quienes fundaron Mendoza.

Neira fue capaz, y lo hizo porque, como decíamos al comienzo, puso en funcionamiento un mecanismo

de espejos en el que cada cuadro hablaba de su propia inclusión histórica en la Fiesta de la

Vendimia, ni más ni menos.

Momentos destacados

Hubo en Los rostros de la Vendimia momentos magníficos, sin dudas: un cuadro dedicado a

actores y bailarines en los que los artistas que ocupaban la mitad izquierda del escenario, juntos

de pie y apretados, movían su torso y sus brazos sin despegar los pies del suelo mientras del otro

costado un grupo de bailarines recorría el resto del escenario, provocando una hermosa dialéctica

visual. O cuando, en el tramo en que se aludió a los históricos locutores vendimiales, apareció la

impronta circense, el estallido de colores y fuegos de artificio y, también, el sarcasmo acerca de

la lucha de egos que, parece, a veces se entabla entre dichos locutores. O cuando la imagen

ineludible, a esta altura, de la Virgen de la Carrodilla, recorrió el escenario como en una blanca

procesión. O en especial, y dejando de lado la validez íntegra o no de esta mirada, cuando se

mostró la fundación de Mendoza y lo que sucedió, en la visión de Neira, con los "pueblos

originarios": fue un acto de un dramatismo tan extremo y a la vez hermoso que todo el teatro griego

acusó recibo del impacto de esos personajes que corrían en dirección hacia el público y se

arrojaban al lago, para acabar flotando como cuerpos muertos.

Tanto fue el nervio, el ímpetu de ese momento, que incluso deslució el siguiente, cuando para

apelar al contraste Neira habló del paisaje mendocino y usó en la música el incombustible himno de

Jorge Sosa y Damián Sánchez Otoño en Mendoza. Fue el momento más flojo del show, y el inicio de un

pozo de tedio del que poco a poco se fue saliendo, tras el uso de Neira de un recurso que dio

grandes frutos al director Héctor Moreno en 2008: el baile de tango en el agua.

Celebrarse

El tramo final lo remontó todo. Los espejos volvieron a disponerse y sus reflejos mostraron

la faz más luminosa. Todos los rostros que Neira repasó, con la música sublime, la locución y sus

escenas, todos, se dieron cita en el último cuadro, al que acudieron centenares de artistas sobre

las tablas para construir "un solo rostro" (a eso aludió el texto). Y allí, con un recurso sencillo

y a la vez impactante, los bailarines-actores iniciaron un desfile de colores amarillo, tinto y

plateado mediante el doblez de sus atuendos. Y bailaron como celebrándose, que es la mejor manera

de invitar a celebrar, cantaron a ritmo de murga el Canto a Mendoza y pusieron el punto final en el

cielo con explosión y el suelo con euforia, para poner de pie a un público que fue llevado, tirado

de los ojos y los oídos, por un viaje como pocos se ha visto antes en esta fiesta. Una fiesta que

se miró al espejo y descubrió un rostro acaso no perfecto, pero sí hermoso.

Lo más

+La gran soltura y perfección con que la reina 2010, Flor Destéfanis, interpretó un largo

parlamento con el que se presentó a las candidatas al cetro 2011: de memoria y sin errores.

+El homenaje a artistas mendocinos de todos los tiempos, puestos en pantallas led a lo largo dela fiesta.

+La participación de las reinas de mandato cumplido en un cuadro en el que bailaron salsa.

+La impresionante calidad de la música original y su no menos impactante interpretación en vivo.Quizá la mejor que ha pasado por ese escenario.

+La fuerza visual del cuadro sobre la fundación de Mendoza.

Lo menos

-Algunos momentos en los que la fiesta se hizo aburrida.

-La falta de trascedencia que tuvo el pequeño escenario ubicado en la parte superior izquierdadel escenario, por el que pasaron bailarines y murgas diversas.

-La insistencia con la utilización del lago en el tramo final del show, que quitó importancia amomentos en que su aprovechamiento fue vibrante.

-Algunos acoples de sonido, tanto para instrumentos del ensamble musical como para losmicrófonos de los locutores, que sin embargo fueron salvados rápidamente.

-El desaprovechamiento

de los cerros.