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Hace casi 150 años se produjol más fatal de los terremotos en la historia argentina: destruyó por completo la Ciudad y aniquiló a 40% de su población. Las fotos te muestrán cómo era y cómo quedó la capital provincial.

Así fue el terremoto que tumbó a Mendoza

Por UNO

Eran las 20.36 del 20 de marzo de 1861. Muchos mendocinos estaban en misa, otros en casa a punto decenar o ir a dormir, varios en el Club del Progreso y los soldados en el cuartel cobrando su

sueldo. Lo que parecía un plácido anochecer (durante años se dijo que era Semana Santa, lo cual se

demostró que es falso) de pronto se transformó en la antesala del infierno. Un sismo de intensidad

7,2 grados (en la escala de Richter, que mide energía liberada) y de magnitud IX o X (según la de

Mercalli, que mide daños) sacudió a la capital de la provincia andina.

Aunque se hizo sentir en casi toda la provincia, el sismo dejó a la ciudad literalmente hecha

una masa de escombros y asesinó a más de 4.200 habitantes. Luego vinieron incendios, desborde de

aguas, saqueos, temor y hecatombe política-institucional, entre otras consecuencias.

A 150 años de este evento, el Centro Regional de Desarrollos Tecnológicos para la

Construcción, Sismología e Ingeniería Sísmica, de la UTN Mendoza invita a una jornada de

conmeración, que se realizará con entrada liebre y gratuita, el miércoles 23 de marzo de 9 a 20.30.

Una tras otra

Pasado el primer y más destructivo remezón del sismo de aquel 20 de marzo, las réplicas

siguieron varios días. Si bien se sintió con más violencia en Ciudad –su centro era la actual plaza

Pedro del Castillo–, también hubo daños y muerte en Guaymallén, San Vicente (así se llamaba Godoy

Cruz), Luján y Valle de Uco.

Todo comenzó a agravarse con el gas de algunas de las tiendas más modernas, que produjo un

incendio que duró cuatro días, y la inundación ocasionada por la obstrucción de las acequias.

Entre tanto, no había comida ni agua potable y los vándalos aprovecharon para robarles hasta

a los muertos que quedaron bajo los escombros (fueron cientos). Tanto es así que el gobernador

Laureano Nazar impuso el estado de sitio y sólo permitió el ingreso a la ciudad a los vigilantes y

para salir fuera de la provincia impuso un pasaporte.

Un gigantesco cementerio

Se estima que de un total de 11.539 habitantes que tenía la ciudad, fallecieron 4.247 y

resultaron heridos 747. Mientras, muchos cadáveres permanecieron entre las ruinas durante varios

años, los heridos fueron socorridos en la Plaza Mayor y la Alameda.

Las pocas monjas del convento de los jesuitas que se salvaron improvisaron un altar en un

potrero para dar asistencia espiritual. A la par, el centro de la urbe se convirtió en un foco de

infección y muchas familias se mudaron a sus quintas o a San Juan.

Políticos bajo un árbol

Como si fuera poco, se produjo una crisis de poder. En un primer momento la sede del gobierno

se trasladó a Junín y Nazar, quien perdió a tres hijos, dejó la ciudad. La Legislatura se reunió

bajo un árbol y nombró una comisión para atender las primeras necesidades. El mandatario, que vio

lesionada su imagen por las críticas de inacción, se molestó porque se lo había salteado y hasta

llegó a amenazar a los legisladores con lancearlos.

Con el correr de los meses empezaron a llegar alimentos, dinero, medicamentos y materiales de

construcción enviados por la Nación, otras provincias, países limítrofes y Europa.

Pero eso sólo ayudó a paliar la situación: aunque a poco del gran sismo empezaron las

discusiones para trasladar y reconstruir la ciudad, Mendoza y su gente debieron invertir muchos

años y recursos en volver a levantarse.

Víctimas célebres

El sismo, que arrasó con cientos de mendocinos anónimos, aniquiló a varios célebres, como

Martín Zapata, diputado provincial en la Convención Constituyente de 1853, y Luz Sosa, la

demonizada esposa de Tomás Godoy Cruz.

Como si fuera un chiste del destino, también pereció August Bravard. Era un paleontólogo y

geólogo francés que había sido enviado a Mendoza por el gobierno de la Confederación para estudiar

los fenómenos eléctricos y atmosféricos locales.

Poco antes del terremoto, el científico había entregado un informe que advertía que no estaba

lejos el día en que Mendoza sería afectada por un gran sismo.

De hecho, un antecedente se había producido 80 años antes, cuando el 22 de mayo de 1782 un

violento temblor produjo muchos muertos y daños.*

Cadáveres y huesos entre los escombros

A mediados de 1862 pasaron por Mendoza dos extranjeros que dejaron terribles descripciones de

la ciudad posterremoto. Si bien el inglés Francis I. Rickard y el francés Víctor A. Martín de

Moussy dieron en sus respectivas crónicas más que nada espacio a la destrucción edilicia, no

dejaron de advertir que de entre los escombros, más de un año después del sismo, aún se veían

restos humanos y óseos semienterrados.

Rickard, que llegó a la provincia vía Chile, comenzó a ver los indicios en Uspallata, donde

las casas tenían sus paredes agrietadas y torcidas. Más tarde, cerca de la capital observó ranchos

en ruina y "miserables chozas hechas con ramas de árbol apenas consolidadas con barro".

Además, relató que en Villavicencio se enteró de que en Mendoza "regía el estado de sitio, y

sus habitantes hacían una vigilia en armas, debido a la presencia de merodeadores que amenazaban

con saquear la ciudad".

Moussy, en sintonía con lo que vio el inglés al llegar a la ciudad, detalló: "No queda pues

nada de la antigua Mendoza, excepto el teatro, cuya restauración ha comenzado. Para levantar de

nuevo iglesias tan considerables como Santo Domingo y la Matriz son necesarios trabajos imposibles

en este momento".

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La Plaza Principal de Mendoza -hoy Pedro del Castillo- en 1858, vista hacia hacia el suroeste. Al fondo, la Iglesia Matriz y en el centro del solar la fuente pública que surtía de agua a la gente.
La Plaza Principal de Mendoza -hoy Pedro del Castillo- en 1858, vista hacia hacia el suroeste. Al fondo, la Iglesia Matriz y en el centro del solar la fuente pública que surtía de agua a la gente.
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Además del sismo, todo se comenzó a agravarse con el gas de algunas de las tiendas más modernas, que produjo un incendio que duró cuatro días, y la inundación ocasionada por la obstrucción de las acequias.
Además del sismo, todo se comenzó a agravarse con el gas de algunas de las tiendas más modernas, que produjo un incendio que duró cuatro días, y la inundación ocasionada por la obstrucción de las acequias.
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Aunque se hizo sentir en casi toda la provincia, el sismo dejó a la ciudad literalmente hecha una masa de escombros y asesinó a más de 4.200 habitantes.
Aunque se hizo sentir en casi toda la provincia, el sismo dejó a la ciudad literalmente hecha una masa de escombros y asesinó a más de 4.200 habitantes.
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Desde tiempos fundacionales, la plaza principal –hoy Pedro del Castillo– fue el centro de la vida social, económica y política de Mendoza. Tras el terremoto de 1861, la zona quedó destruida y las actividades de los mendocinos se trasladaron a la Alameda. Como lo atestigua esta foto de la década de 1880, los escombros quedaron en el suelo durante muchos años, complicando la situación sanitaria de los pocos lugareños que no quisieron mudarse.
Desde tiempos fundacionales, la plaza principal –hoy Pedro del Castillo– fue el centro de la vida social, económica y política de Mendoza. Tras el terremoto de 1861, la zona quedó destruida y las actividades de los mendocinos se trasladaron a la Alameda. Como lo atestigua esta foto de la década de 1880, los escombros quedaron en el suelo durante muchos años, complicando la situación sanitaria de los pocos lugareños que no quisieron mudarse.
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El único hito que queda en pie del terremoto son las Ruinas de San Francisco: Monumento Histórico Nacional. La foto data de 1880.
El único hito que queda en pie del terremoto son las Ruinas de San Francisco: Monumento Histórico Nacional. La foto data de 1880.
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A partir de 1863, se empezó a construir una Ciudad Nueva en torno a la Plaza Independencia, que fue el núcleo de la vida política y social desde ese momento.
A partir de 1863, se empezó a construir una Ciudad Nueva en torno a la Plaza Independencia, que fue el núcleo de la vida política y social desde ese momento.
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Mientras se levantaba la Ciudad Nueva, la Alameda fue el centro de la actividad social y comercial de la Ciudad. Esta foto, de la década de 1880, toma el paseo desde la calle Ayacucho.
Mientras se levantaba la Ciudad Nueva, la Alameda fue el centro de la actividad social y comercial de la Ciudad. Esta foto, de la década de 1880, toma el paseo desde la calle Ayacucho.