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El adiós al guía espiritual fue en el cerro Tunduqueral y estuvo signado por festejos, cantos y baile. El Milo era un conocido personaje de Uspallata que atendía su granja y vivía en comunidad.

Alegría y color al despedir al chamán don Emilio

Por Julián Vinacour

vinacour.julian@diariouno.net.ar

El chamán don Emilio, guía espiritual de una comunidad radicada en Uspallata, murió el viernes pasado a los 59 años de un paro cardíaco. 

Este miércoles sus cenizas fueron esparcidas en el cerro Tunduqueral, donde solía realizar sus meditaciones, y una pintoresca liturgia fue desplegada por más de cien personas.
Lo despidió un público de las edades más heterogéneas: compañeros que vivían con él en la granja Estación del Cielo, citadinos que alguna vez se acercaron para compartir alguno de sus rituales y vecinos de la zona que habían trabado una entrañable relación.Pero a diferencia de lo que puede ser un adiós tradicional y mundano, donde las lágrimas empañan la vista y la tristeza invade el corazón, lo de ayer fue un festejo colorido donde bailaron, cantaron y evocaron con una gran sonrisa el recuerdo del  Milo.Esa alegría que le infundieron a la despedida fue representada, entre otras cosas, por narices de payasos, gorros de arlequines, vinchas y ropa de vivos colores.Eso se explica, según contaron los presentes, porque “el espíritu se despegó del cuerpo, pero sigue su camino infinito”.Cómo fue el festejo Para rendirle homenaje a don Emilio, las más de cien personas decidieron juntarse en el ingreso del cerro Tunduqueral, declarado Área Protegida desde 2009. Cerca de allí el chamán lideraba los rituales desde el 2009, momento en que la Municipalidad de Las Heras y la UNCuyo comenzaron a restringir el ingreso para preservar los restos arqueológicos.Desde allí iniciaron una caminata de unos 300 metros hasta adentrarse en los desniveles del Tunduqueral propiamente dicho, donde don Emilio realizaba sus meditaciones antes del 2009, entre petroglifos y roedores. Allí se formaron dos círculos: en el más grande se colocaron los conocidos; en el más chico, los más próximos al chamán, quienes dirigieron la liturgia.Primero, Martín Sáenz, íntimo amigo del  Milo, pronunció unas palabras que sintetizaron la esencia de quien supo conducir la comunidad por más de veinte años, y dio pie para que a continuación sus compañeros soplaran unas caracolas en su honor. Luego se abrazaron entre los presentes, se dedicaron frases de amor y se arrimaron a una fogata para arrojar un palito al “abuelo fuego” y de ese modo saludar a don Emilio. Acto seguido llegó el momento más esperado: subieron unos metros por un pequeño monte, donde Sáenz lanzó las cenizas que se esfumaron entre el fuerte viento y los gritos de júbilo.Inmediatamente bajaron y desenfundaron los instrumentos de percusión.Ojos de cielo comenzó a sonar y todos se pusieron a cantar, saltar y bailar durante casi una hora. Don Emilio. Tenía 59 años y era un personaje de Uspallata.

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Dos círculos formados con la caja que guardaba las cenizas de don Emilio en el medio. Banderas Wiphala fueron parte de la decoración.
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Los presentes contemplan cómo Sáenz prende la fogata para rendir el homenaje.
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Abrazos con sonrisas fueron algunos de los gestos que se observaron e instrumentos de percusión para la música.
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“Don Emilio trasmitía paz. Te miraba y te daba tranquilidad. Era muy copado, una persona impresionante. Se lo va a extrañar mucho, sobre todo para quienes lo veíamos seguido”. (Fabio Salinas informador turístico del cerro Tunduqueral).
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“Teníamos luchas en común: ayudaba en las manifestaciones, en las asambleas por el agua. Todo lo que tuviera que ver con la comunidad entera de Uspallata, él estaba”. (Mauricio Cornejo, de Uspallata y conocido de don Emilio)
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“Soy de Guaymallén y vine una vez a meditar con él. Era muy espiritual y ayudaba mucho. A mí me hizo ver la luz, me enseñó a valorar mucho la vida y a limpiarme, a purificarme”. (Milagros Marras asistió a uno de sus rituales).
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“Nos enseñó a amar el espíritu, vivir en el corazón y celebrar, a no complicarnos. Nos mostró que todos somos ángeles a los que el cielo nos muestra su propia misión. Nos enseño a trascender”. (Martín Sáenz amigo de don Emilio e integrante de la comunidad).

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