Creado por un grupo de padres, esta asociación, que se ubica en la Cuarta Sección de Ciudad, hoy en día ofrece servicios de atención terapéutica, talleres laborales y un establecimiento educativo.

Apando y sus 29 años junto a personas con síndrome Down

Por UNO

La Asociación de Padres de Niños Down (Apando) es una institución con años de trayectoria y trabajo en Mendoza, y desde su nacimiento, en 1983, a la actualidad ha ido sumando servicios. Hoy cuenta con atención terapéutica, servicio educativo y capacitación laboral.

La entidad surgió por un grupo de padres que tenían hijos con síndrome Down y que todos los meses iban a Córdoba para que los viera el médico Rodolfo Castillo Morales. Así, tras encontrarse siempre allá, decidieron traer a ese profesional a Mendoza para que viera a otros chicos.

“Así se forma una asociación de padres, primero con un fin terapéutico y de atención temprana. Y a medida que esos chicos fueron creciendo, se abrieron nuevos servicios. Luego pasamos a ser centro educativo, en el ’96, cuando la Dirección (General) de Escuelas nos da número de escuela especial”, cuenta Adriana Iannizzotto, directora técnica.

Y agregó: “A su vez, esos niños se hacen jóvenes y entonces se plantea la necesidad de un taller y se crea el Taller de Aprestamiento Laboral. En este momento tenemos unos 200 chicos entre los tres servicios, con edades que van desde los 11 días hasta los 41 años, que trabajan en los talleres. Todos los servicios siempre están acompañados del área terapéutica”.

Apando trabaja con chicos que tienen obras sociales provinciales y nacionales. Y también se paga una cuota social baja. En el caso de los chicos con bajos recursos, suelen ser becados. La dirección informó que hay cupos para inscribirse, ya sean chicos con síndrome Down o con retraso mental leve.

Distintos talleres

Las personas más grandes que asisten a Apando realizan talleres de habilidades, donde una fonoaudióloga y una psicóloga dirigen el grupo. Ahí se trabaja sobre el lenguaje, pero también en la parte social. Hacen paseos y campamentos, como también asisten a recitales, entre las salidas que realizan.

“El área de capacitación está dividida en tres talleres: dos de panadería, donde se trabaja en panificación, y otro de dulce, más confitería, y al mediodía se trabaja en cocina. Lo que se busca es crear un contexto lo más parecido a un ámbito laboral, con rutinas de trabajo, para que ellos empiecen a independizarse y se sientan cómodos en este crecimiento. Los progresos vistos se basan en la inserción. Se han hecho pasantías; algunos pocos chicos trabajan en supermercados y a futuro pensamos en crecer. Pero estamos acotados por los espacios”, explicó la gerenta de los talleres, Melisa Cabaña.

Desde hace algunos años, Apando también ofrece un servicios de refrigerio para reuniones y eventos, y si bien el año pasado era fuerte, en 2012 lo hacen sólo por pedido.

“También estamos con la ayuda de algunas empresas solidarias, como bodegas, que cada dos meses compran galletas envasadas para darles en la merienda a sus empleados. Y desde hace ocho años tenemos un puesto en el Zoológico, donde vendemos las galletas para los monos, las que son elaboradas por los chicos en los talleres. Ésta también es una salida permanente con la que se puede trabajar y reinvertir en la materia prima. En total son 30 las personas que participan”, contó Cabaña.

El servicio educativo

El servicio educativo cubre desde el nivel inicial hasta 7º grado. Luego están los servicios de adultos y externo, que es la integración a escuelas comunes. Asisten alrededor de 80 alumnos al servicio externo y otros tantos al interno.

“Es una escuela que se basa en la misma currícula de cualquier escuela, claro que con las adaptaciones necesarias para lo propio de los chicos. Utilizamos metodologías y estrategias propias que tienen que ver con las características del síndrome Down, y los chicos son evaluados constantemente. Por eso, algunos están integrados afuera en escuelas comunes porque es su mejor momento. A cada alumno tratamos de brindarle lo que necesita”, comenta Graciela Fortuny, directora pedagógica.

Para seguir en este camino, por las tardes se realizan talleres extraescolares de arte, deporte y danza folclórica para todos. Son actividades recreativas y optativas.

Se necesitan propuestas

El hecho de que no existan propuesta educativas que contengan a los chicos cuando terminan el nivel escolar (a los 14 o 15 años) es un serio problema. “Esta falta de propuestas nos llevó a generar talleres y el servicio de adultos, donde están tres o cuatro años continuando el proceso de aprendizaje, momento ideal para que sigan educándose, ya que es cuando más motivados se encuentran”, confiesa Adriana Iannizzotto.

A esto sumó la directora: “También cuesta insertarlos en la sociedad a nivel laboral, porque no todas las empresas están abiertas. Se requiere trabajo de la empresa y nuestro, y es por eso que estamos buscado algún trabajo que podamos llevar al taller. Hay trabajos seriados que los chicos podrían hacer y para los cuales no hace falta que vayan a la empresa”.

“Algunas de las acciones que podrían hacer es fabricar sobres o embolsar clavos y tornillos. En Buenos Aires, la propuesta es muy amplia y los laboratorios les encargan a instituciones como nosotros la confección de paquetes de muestras médicas”.

Apando necesita ampliar sus instalaciones. Ya tiene un terreno, pero no los medios para construir. Para colaborar o saber más se puede llamar al 4301352 o ir a su sede, en Federico Moreno 3088 de Ciudad.