Por Lucio A. Ortiz
El conflicto en las Malvinas Argentinas había comenzado el 2 de abril de 1982 con el desembarco de los soldados argentinos. Se intentaba recuperar el espacio que los británicos ocupaban desde 1833 en las Falkland Islands, con su colonialismo conquistador, de tierras tan lejanas a su territorio nacional.
En esos días del '82 se sabía que en junio se iba a disputar el Mundial de España y el seleccionado argentino, como campeón del mundo del '78, lo tendría que inaugurar ante Bélgica por la zona C, que también componían Hungría y El Salvador. En el grupo D estaba Inglaterra compartiendo la zona con Francia, Checoslovaquia y Kuwait.
Argentinos e ingleses no se enfrentaban en la ronda clasificatoria. Pero el 1 de mayo se iniciaba la 25ª edición del Mundial de hockey sobre patines en Lisboa, la capital de Portugal, y Barcelos. Y ahí en la zona B estaban Francia, Colombia, Japón, EE.UU., Inglaterra y el combinado argentino.
El programa de partidos indicó que el partido inaugural de la zona B era para Argentina-Inglaterra.
Juan José Panno fue el enviado especial de la revista El Gráfico e hizo la crónica el 1 de mayo del '82, de donde extraemos varios de sus relatos.
Se especulaba antes del inicio del torneo que los organizadores podían cambiar a algunos de los dos equipos cuyos países participaban en el conflicto bélico del Atlántico Sur.
Antes de emprender el viaje el sanjuanino José Martinazzo y el mendocino Jesús Da Prá habían sido citados para integrarse al Ejército porque pertenecían a la clase '60. Pidieron un permiso especial para integrar el equipo en el Mundial de Portugal. Sabían que al regresar debían cumplir con sus obligaciones militares.
Todas las delegaciones participantes estaban alojadas en el mismo hotel, por eso el embajador argentino en Portugal Carlos Enrique Gómez Centurión le sugirió al jefe de la delegación que los jugadores evitaran el contacto con los ingleses.
El embajador era conocedor del hockey, como buen sanjuanino, y además había sido gobernador durante el gobierno de facto de Lanusse (después fue otra vez gobernador electo por el voto popular en 1987).
Los dos equipos llegaron al Pabellón de los Deportes de Lisboa en el mismo ómnibus que puso la organización, sin producirse incidentes. Desde el Gobierno argentino se pidió que los jugadores no intercambiaran banderines ni se saludaran.
Los medios periodísticos estaban más pendientes de algún suceso extradeportivo, por el ánimo beligerante que se desprendía de la Guerra de las Malvinas.
Inglaterra tenía un plantel joven y volvía después de 16 años a participar en un Mundial, donde fue campeón en las primeras dos ediciones, de 1936 y 1939. Argentina tenía un equipo poderoso y experimentado, y ganó 8-0 con tres goles de Daniel Martinazzo, dos de su hermano José y uno del mendocino Mario Rubio, Carlos Coria y Mario Agüero. Precisamente muchos años después Agüero le contó al periodista Favio Cavaliere ([email protected]): "Para mí no saludar fue una estupidez, me acuerdo de que entrando a la cancha un inglés me estira la mano y yo no lo dejé pagando, lo saludé. Después, durante el partido, choqué a uno de ellos por una acción de juego y lo tiré al piso. Y yo lo ayudé a levantarse, ¡¿para qué?! Después en el vestuario González Molina (presidente de la Confederación Argentina de Patín) se enojó conmigo y me retó por eso".
El capitán de aquel conjunto, Carlos Coria, lo recuerda muy bien: "Nos sentíamos incómodos, por ahí alguno que otro saludó desobedeciendo. Ellos también se sentían mal, recuerdo que en la entrada en calor ellos se querían acercar a saludarnos. Para mí fue una experiencia desagradable".
Al final, contaba Coria, "se dio la que quizás fue la conferencia de prensa más concurrida de la historia en el hockey sobre patines, porque había cerca de 300 periodistas de todo el mundo, pero muy pocos eran deportivos, o al menos no les interesaba ese plano. Me dieron órdenes de que no hablara del tema Malvinas y todos me preguntaban justamente de eso. Cuando me negué a hablar de eso, se fueron casi todos".
Además de Da Prá y Rubio en el plantel estaba otro mendocino, Ángel Benigno Maldonado, que había sido campeón en 1978.
En las tribunas del estadio de Lisboa habían dos banderas llevadas por unos 40 argentinos. Una decía "Las Malvinas son argentinas" y la otra se refería a la dictadura militar: "Videla asesino", por el ex presidente de la Junta Militar.
El seleccionado argentino no tuvo problemas en ganar invicto su zona. El torneo en donde participaron 22 equipos quedó dividido entre los 12 de arriba que pelearon por el título y los 10 de abajo, para definir del 13° al 22° lugar.
Las noticias llegadas del Sur indicaban que el día 2 de mayo el submarino HMS Conqueror atacó con dos torpedos al crucero ARA General Belgrano, que se hundió en 40 minutos, muriendo 323 tripulantes.
También que el 4 de mayo, los pilotos argentinos lanzaron un misil Exocet que dejó inutilizado el buque inglés Sheffield, que se hundía días después.
Argentina iba pasando con éxito a sus rivales, perdía con los locales 3-0 y con España 4-3 y terminaba tercero superando a Chile 1-0, el 16 de mayo. En el partido final Portugal se consagraba campeón al derrotar a España 5 a 3.
La guerra del Atlántico Sur siguió su curso, los británicos desembarcaron hasta la rendición argentina el 14 de junio. Y volvieron a tomar posesión de las islas.



