Por el momento María Eugenia Hernández es la única mujer que juega torneos locales de tenis compitiendo con varones. Un desafío bastante particular para la joven de 23 años.
Sus primeros raquetazos los dio a los 10 años. "Me gustó desde un principio", explicó.
El momento
En 2004 la final del mítico torneo de Roland Garros, que se juega en Francia, tuvo como protagonista al argentino Gastón Gaudio, que tras cinco horas de partido se coronó campeón al vencer a su compatriota Guillermo Coria.
"Vi esa final por televisión y en ese momento algo en mi cabeza hizo un clic. Dije quiero comenzar a competir", recordó Eugenia.
Cuatro años más tarde Hernández se propuso una temporada con grandes desafíos.
Sin embargo los resultados no llegaron, la apuesta fue fuerte, sobre todo en lo económico, y llegó la hora de un replanteo.
"Primero por consejo de mi papá tuve que elegir entre seguir jugando al tenis o estudiar una carrera y segundo me di cuenta que es un deporte muy solitario, bastante complicado en varios aspectos", comentó.
La vida de Eugenia continuó en la capital mendocina donde comenzó a estudiar la Tecnicatura en Periodismo y Licenciatura en Comunicación Social.
De todos modos trató de seguir entrenando y compitiendo con las complicaciones que ocasiona dedicarse a dos actividades al mismo tiempo.
De regreso a su tierra natal decidió jugar nuevamente, situación bastante compleja ya que al no haber muchas mujeres que jueguen debe entrenar y competir con hombres.
"Competir contra un hombre es muy difícil porque manejan otro ritmo, te atacan todo el tiempo y con mucha estrategia", aclaró.
Eugenia entrena durante la semana buscando mejorar tanto en lo físico, técnico (el saque) como también en el aspecto mental.
El año próximo, si las obligaciones laborales lo permiten, Hernández intentará clasificar a un torneo universitario.
"Sé que no llegaré lejos a nivel nacional pero trataré que sea lo más alto posible", finalizó.
Por último recordó a su entrenador, Ricardo Pont. "Todo lo que soy se lo debo a Ricardo porque cuando llegué al club, él me corrigió muchos errores y algunos vicios que tenía. Además siempre me incentiva a seguir".
A la hora de los agradecimientos Euge recordó a su familia por el apoyo y el aguante, sin ellos no hubiese podido practicar este deporte que tanto le gusta.
Para ella no hay imposibles, por eso entrena para dejar una impronta.


