Por Lucio Ortiz
Enviado especial de Diario UNO a Rusia
La concentración de razas en el Mundial Rusia 2018 se da en cada partido, pero en forma más evidente se dio en el encuentro inicial. En el que abre el fuego sagrado del juego. Desde seis horas antes del comienzo de Rusia y Arabia Saudita los simpatizantes locales, los árabes y los visitantes de todos los continentes caminaron por los sectores aledaños del estadio Luzhniki.
Y se los distingue por sus ojos, el color de la piel o una simple camiseta de una selección. Y este paseo de personajes se agiganta por los que se disfrazan o se ponen sombreros o pelucas extravagantes.
Otros prefieren ir con ropas típicas como un argentino de la ciudad santafesina de Esperanza con el traje blanco de gaucho, o como un grupo de santiagueños que se fueron con los instrumentos y no paraban de cantar chacareras.
Unos brasileños hinchas de Flamengo se adornaron sus cabezas con plumas de indios y unos colombianos tenían grandes pelucas amarillas. También estaba una chica rusa con sus zancos, los egipcios con sus banderas, unos árabes con sus túnicas blancas, unos polacos gritando y un desfile largo de promotoras en los puestos de venta adentro del predio.
En el partido inaugural también hay un argentino protagonista porque le tocó dirigir a Néstor Pitana con sus colaboradores jueces de línea Hernán Maidna y Juan Pablo Belatti.
La previa fue una fiesta de razas antes del show inaugural de Rusia 2018.
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