Me dicen que la violencia está instalada en la sociedad, y por ello es que se traslada hacia todos los rincones que la componen. De allí es que se justifica la violencia en el fútbol nuestro de cada día.

Reducir la violencia en el fútbol con los gestos

Javier Aragón/ De la Redacción de UNO

Me dicen que la violencia está instalada en la sociedad, y por ello es que se traslada hacia todos los rincones que la componen. De allí es que se justifica la violencia en el fútbol nuestro de cada día. Sin embargo, debo decir que a lo largo y a lo ancho de la provincia y el país, hay otras actividades deportivas en las que tal nivel de inseguridad no se vive.

Serán contadas las ocasiones en que sean noticia disciplinas deportivas que se vinculen con hechos de violencia y de delincuencia, tal como pasa en la gran mayoría de los clubes de fútbol, de acá y de allá.

La gente es la misma, la dirigencia en gran parte también, pero qué pasa que no se puede resolver el grave problema de la violencia. Digo, habrá que ver qué hizo Inglaterra con los hooligan, donde se aplicaron a rajatabla políticas de Estado.

Desde el periodismo colaboramos con este presente, culpando siempre a la Policía. Cuando interviene es represora, cuando no actúa es incompetente, sin embargo pocas veces cuestionamos a la dirigencia deportiva, a los funcionarios políticos y jugadores de fútbol que apañan a los delincuentes. Es más fácil quedar bien con la estrella del club que le pasa plata a los barras bravas. Más allá de esto, la dirigencia deportiva podría instrumentar códigos de convivencia entre ellos mismos y transmitirlos a los futbolistas e hinchas.

Claros ejemplos son las actividades en el mundo del hockey, del vóley, del básquet, el atletismo, la pelota paleta, el rugby y hasta el automovilismo.

Desde chicos, los jugadores son incentivados al respeto de los rivales, y si bien pueden existir problemas o enojos con los árbitros o equipos contrarios, termina el partido caliente con la derrota, se hace la fila india y se le da la mano al o la contrincante. Lo que es normal en los partidos de todas las categorías que enuncié anteriormente, no sé porqué motivo no se puede trasladar al fútbol.

Claro, es más fácil para los dirigentes, entrenadores o gente ligada con el “negocio”, meterles presión a los gurises de los semilleros para que apuren sus tiempos y se transformen lo más rápido posible en profesionales, para de esa manera poder rapiñar una parte de los contratos. Esta espiral de vanidades, especulaciones y ambiciones termina dejando de lado a un ser humano que debe ser apuntalado en valores y acciones para ser mejor persona, por el único objetivo de llegar a la Primera y tener el dinero salvador.

En esta sociedad de Paraná, por ejemplo, ¿por qué los padres de las disciplinas que no están vinculadas con el fútbol pueden disfrutar en familia de una jornada deportiva sin agresiones, peleas, trompadas, corridas, balazos de la Policía, lesionados y hasta muertos? ¿Qué nos pasa como sociedad que las mismas personas que vamos a una cancha de hockey o vóley -los he visto- cuando ingresan a la tribuna de Patronato son los que provocan la violencia con todo tipo de exteriorizaciones.

No hablemos solo de personas ligadas con la delincuencia en el equipo Santo que terminaron presos por graves hechos, sino también de reconocidos profesionales, personas ligadas con la política o entidades económicas exitosas que al pisar el cemento se convierten en el peor barrabrava.

Ante la duda, la puteada, la provocación, dentro y fuera del campo de juego. ¿Por qué?

Imitemos los buenos gestos, las acciones educadoras que existen en los clubes de Paraná, donde hay entrenadores que hacen honor a la trayectoria, siendo en la actualidad “señores” que no han crecido en sus patrimonios y que por sobre todo son considerados buenas personas, capaces, que lograron descubrir jugadores y jugadoras con valores y no como algunos de la actualidad que vienen a Paraná a ganar más de 100.000 por mes, que traen foráneos que no conocen la ciudad o el interior y que lo único que les interesa es que los deportistas lleguen lo más rápido posible a la primera para “tomar” el porcentaje.

En ese marco, la violencia no se podrá terminar con estas miserias humanas, habrá que avanzar en acciones conjuntas de la gente que está fuera y dentro de la cancha, haciendo un severo replanteo de lo qué pasó y de lo que no se hizo y lo que es peor de quienes miraron para el costado teniendo las responsabilidades para ayudar con gestos y acciones que permitieran colaborar con la expulsión de los delincuentes.

Fuente: Diario UNO (Entre Ríos)